AL ENCUENTRO CON EL PODER CIUDADANO

Editorial
Edición 57

Si algo nos debería despertar a la consciencia, como un pencazo en la cara cuando estamos dormidos, es la tragedia ocurrida con las niñas que murieron por el fuego en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción un año atrás, porque a pesar de algunos esfuerzos por mantener viva la memoria de lo ocurrido, para la mayoría de la población se va perdiendo el recuerdo entre la normalidad y el conformismo.

Pocos son los ciudadanos dispuestos a hacer algo, a dar el paso al frente y arriesgarse para sacar la cara, meter el hombro y transformar. Muy pocos superan esa nefasta idea de que “las cosas siempre han sido así” que tanto daño le ha hecho al país y que facilita y fomenta pasivamente el avance de la corrupción.

Como era de esperarse, ante la necesidad de que la ciudadanía presente un frente unido y, más importante aún, organizado, surgió el llamado Frente Ciudadano Contra la Corrupción, que inmediatamente generó tantas críticas como aplausos.

Es natural que aquellos que no fuimos convocados, tal vez podamos sentirnos excluidos y hasta movidos a la crítica, pero también es cierto que las personas que participan en ese Frente Ciudadano invirtieron el tiempo y los recursos para presentarse ante la sociedad como la alternativa en el tan urgido diálogo nacional. Es un esfuerzo que debe respetarse, muy a pesar de las dudas que genera la presencia de personajes que son conocidos no precisamente por su compromiso con la libertad y con el desarrollo del país.

Es de reconocer también que personas de diversos grupos y perfiles se coordinaron lo suficiente para expresar su apoyo al trabajo de la Fiscal General y de la CICIG a cargo de Velásquez, y para decirle a quienes gobiernan de forma legítima e ilegítima, que no van a permitir que expulsen al comisionado.

Cuánto más útil hubiera sido un frente así para presionar a las autoridades y hacer conciencia social en torno a lo que ocurría, y sigue ocurriendo, en los hogares para menores a cargo del Estado. Ya es inútil lamentarse, es momento de actuar.

Si de algo sirve el lanzamiento del Frente Ciudadano Contra la Corrupción es para enfatizar la necesidad de que la gente se organice para evitar que el diálogo, interno y externo, sea monopolizado por los grupos dominantes de siempre. Que motive a otros para que surjan más movimientos sociales dispuestos a constituirse también en interlocutores de la ciudadanía.

Quienes quieran participar en ese frente que pongan a prueba también a sus dirigentes en su apertura, en su tolerancia e inclusión en la toma de decisiones.

Si desde ahí desean impulsar una candidatura y construir una plataforma electoral, están en todo su derecho, que lo hagan de frente y no escondan sus intenciones.

Y quienes por falta de afinidad no desean participar en esa convocatoria, que realicen su propio esfuerzo de organización para sentarse a la mesa a dialogar. Es necesario que la gente se organice en favor de la propuesta, de la inclusión y de la representatividad para unir esfuerzos para combatir la corrupción y la impunidad, pero también para encontrarnos como sociedad, como hermanos y hermanas, para identificar cuáles son los propósitos que nos unen.  En esa unidad reside el verdadero poder del ciudadano.

 

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