ANTES DE QUE NOS DIVIDAN PARA SIEMPRE

Las reformas a la constitución son un tema muy delicado de abordar desde cualquier punto de vista. Por lo mismo ha alborotado el avispero y puesto en movimiento a varios sectores que usan sus influencias según su conveniencia e interés particular. Nadie parece estar buscando la unidad, mientras muchos sacan raja de las diferencias.

La propuesta de reformas contempla alrededor de 60 enmiendas y significa un cambio a las reglas de juego y ha adquirido gran revuelo porque toca poderes de toda índole, como es de esperarse por las temáticas tan significativas que aborda como la jurisdicción del derecho indígena, las elecciones en la Corte de Constitucionalidad, la elección del Fiscal General, la creación del Consejo Nacional de Justicia, por mencionar las enmiendas más controversiales.

Si bien el debate amplio es necesario, cuando se le fuerza a último momento el resultado es una excesiva polémica que nos impide identificar con claridad las diferentes posturas de cada sector. Un día un grupo quiere que se conozcan ya las reformas en el pleno del Congreso y luego, esa misma agrupación, prefiere romper el quórum.

Sin ninguna pena siendo Presidente del Congreso, el año pasado Mario Taracena reconoció en una conversación, que recibía las instrucciones en inglés, las cuales precisamente giraron en torno a impulsar las reformas. Ahora, también sin arrugarse, expresó en un tuit que “Recibimos instrucciones en q’eqchi’ y kaqchikel para romper quórum y no perder el artículo de la jurisdicción indígena que sigue sin consenso”. ¿Así quién no se confunde?

El mayor problema es que los protagonistas de la discusión carecen de credibilidad y de coherencia. Observamos un proceso que ha generado suspicacias por la falta de consensos y mucha tensión por la injerencia de grupos de poder que presionan directa e indirectamente para que la propuesta acelere o se enfríe, según el momento y la estrategia.

Los conservadores del CACIF piden tiempo para revisar y entender lo que significan esos cambios a la Carta Magna, argumentando que son demasiado ambiguos y poco claros, que no han sido consensuados debidamente y, por si lo anterior no fuera suficiente, resaltan también las justificadas dudas en torno a la probidad de las personas que se proponen cambiar la constitución . Con una cara lanzan una aguada invitación a la tolerancia, y con la otra mueven la maquinaria de propaganda para infundir temor.

Por el otro lado, los líderes indígenas, algunos de ellos, muestran un respaldo a las reformas constitucionales pero también muchos señalan que es preocupante ver como se le pone especial atención al artículo 203: “las autoridades de los pueblos indígenas podrán ejercer funciones jurisdiccionales de conformidad con sus propias normas, procedimientos, usos y costumbres”, para invalidar las reformas al sector justicia en general con agresivas campañas en los medios de comunicación.

La asociación Dignatarios de la Nación de la Asamblea Nacional Constituyente, a través de su presidente Guillermo Pellecer, también se ha pronunciado para pedir que no se aprueben las reformas, aduciendo que no hay necesidad de manosear la constitución, menos sin haber sido consensuadas, porque consideran que las reformas “no están apegadas a la realidad nacional” y “por la posibilidad de que sean un fracaso como las realizadas en 1994, ya que se están cometiendo los mismo errores”.

Un llamado al unísono a un verdadero diálogo nacional, tal vez sea la última oportunidad que tengamos antes de que nos dividan para siempre. Existen heridas, diferencias e injusticias que no podemos continuar ignorando, por el contrario, necesitamos enfrentarlas para poder sanar y empezar a reconocer qué coincidencias existen, cómo podemos conectarlos con el otro, qué propósitos compartimos, cuál es ese suelo en común.

Tal vez si nos proponemos aprovechar esta crisis, podremos transformarla en una oportunidad para descubrir la razones que cada uno tiene para querer seguir siendo guatemalteco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *