CRISIS HUMANITARIA EN EE.UU…. Y EL MUNDO

Y EL FRACASO DE LA REFORMA MIGRATORIA

Alejandro Arroyave

Cuando muchos pueblos latinoamericanos tenían puestas sus esperanzas en la Reforma Migratoria ofrecida por el gobierno demócrata de los Estados Unidos, la prensa latina en ese país empezó a dar la voz de alerta: ¡ha aumentado el número de capturas de menores de edad cruzando ilegalmente hacia suelo estadounidense!

El debate empezó rápidamente, tomando como principal enfoque el tema de Derechos Humanos aplicado en relación al trato que las autoridades de Estados Unidos le están dando a estas niñas, niños y adolescentes, provenientes de México y Centroamérica principalmente. Aunque el trato hacia los inmigrantes menores de edad no resulta armónico con la concepción y respeto hacia los Derechos Humanos a nivel mundial, y muy marcadamente en EE.UU., lo cierto es que muy probablemente se encuentran en mejores condiciones que las que enfrentaban en su país de origen.

Las amenazas de muerte, las extorsiones, la violencia intrafamiliar, la escasez de alimentos y muchos otros factores que los llevaron a tomar la decisión de enfrentarse al desierto y a sendos peligros, hoy no abruman los días de estos menores. Sí, en algunos lugares los capturados no están en condiciones que cumplan con el absoluto respeto a los DD.HH. Pero tampoco vivían así y, aunque no es una justificación para ningún tipo de maltrato, en muchos casos su sufrimiento es menor.

Con la visita del vicepresidente de EE.UU., Joe Biden,  durante la cual se reunió con el Presidente de Guatemala con el objetivo de discutir en torno a la deportación de los migrantes menores de edad capturados en su país, surgió la segunda aproximación al debate: ¿deben tratarse como migrantes ilegales ordinarios, o como refugiados de un lugar que amenaza su vida? Sin duda alguna es un punto de vista que obliga a hacer el contraste con lo que dice la legislación internacional en torno a DD.HH., incluyendo las consideraciones para la niñez y para las personas consideradas como refugiadas en sus distintas aplicaciones.

Ahora está surgiendo una perspectiva más amplia de esta compleja situación, una que en mi humilde opinión encierra la respuesta al por qué aumentó la cantidad de menores que inmigran de forma ilegal hacia EE.UU.: se trata del reflejo de una profunda crisis humanitaria. Ha llegado el momento de detenernos y dialogar, seriamente, respecto al mundo que queremos. El telón ha caído y no es posible continuar ignorando más la raíz de nuestros problemas, no como naciones, sino como herederos de un mismo planeta.

La presencia de esos niños y niñas en suelo “extranjero” es una llamada de atención, es una invitación a la humanidad a debatir en torno a esos temas que, por muy incómodos, ya son impostergables.

No debe dejarse a un lado lo contradictorio que resulta para la comprensión e imagen de los Estados Unidos, que siendo una nación que promueve la libertad y el respeto a los Derechos Humanos, no haya ratificado hasta la fecha la Convención sobre los Derechos del Niño, que fue uno de los tratados internacionales más amplia y rápidamente ratificado en la historia por casi todos los países del mundo, excepto tres: Somalia, Sudán y Estados Unidos. A pesar de que muchos de sus componentes fueron negociados por la administración de Reagan, nunca fue enviada al Senado por ningún presidente posterior, ni republicano ni demócrata.

Si ha trascendido que esta situación con los menores migrantes fue un factor determinante para que fracasaran los esfuerzos por lograr el apoyo necesario para la reforma migratoria, tal vez ahora el Presidente Obama quiera enfrentar esta otra asignatura pendiente: la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Dentro del debate a nivel global, es necesario incluir las investigaciones que demuestren qué es lo que sucede con todos los menores que han cruzado ilegalmente hacia territorio estadounidense y no han sido capturados por las autoridades fronterizas. ¿Cómo obtienen ingresos?, ¿cuáles son sus condiciones de vida?, ¿quiénes les contratan?

Me temo que las respuestas a muchas de esas preguntas reflejarán una situación mucho más cruda que la captura y la deportación… ¿y usted qué opina?

 

 

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