CUANDO EL MIEDO GOBIERNA

No confundamos el carácter con el personaje. En Guatemala hoy gobierna el miedo: Miedo a que se sepa qué intereses influyen en las disposiciones presidenciales; miedo a liberar la información de Salud Pública; miedo a hacer más pruebas de Covid-19 y transparentar los resultados para que la gente sepa lo que realmente está pasando.

No es para menos, claro que se caga con la idea de no dar la talla en este momento histórico. Muchos políticos se cagarían, aunque no lo acepten.

En las tertulias de cuarentena cualquiera es mejor presidente, casi todos tienen la solución en la punta de la lengua, casi todos los problemas se resuelven en una sentada y nos pela la gravedad de las circunstancias. Nos sentimos capaces de resolver mejor los problemas del vecino, del director técnico, y de cualquier presidente bananero, pero cuando llega el momento de la verdad, cuando realmente nos toca asumir la responsabilidad y tomar las decisiones difíciles de la vida, la mayoría de veces caemos en la emboscada del miedo y de la duda.

Pero ese peligro es mucho más jodido cuando se ocupa la más alta magistratura del país, porque si la Presidencia se intoxica de miedo, el criterio se nubla, al gabinete le da diarrea y cada quien empieza a funcionar en modo “sálvese quien pueda”. Por miedo es que se exagera, para que otros lo tengan también.

Es en esas grandes decisiones de país, donde se separan los hombres de los borregos, y se define de qué está hecha la persona. Si es candidato o estadista, líder o seguidor, si decide por un bien mayor por encima del interés propio, o elige la propia conveniencia, sin importar que el plato lo terminen pagando otros.

Por eso hay que estudiar bien a los políticos, no comprarles el personaje, muchos sólo son artistas electoreros, charlatanes con discursos más o menos convincentes y otros trucos shucos para convencer a la gente. Son capaces de fabricar una personalidad ajena para llenar un vacío electoral, y lo peor es que, ya en el cargo, no abandonan el papel aunque vendan el guión.

Muchas veces, hablar golpeado, somatar la mesa o, en este caso, tirar las muletas, metafórica y físicamente, puede ser en realidad un mecanismo de defensa para darle una ilusión de refugio a una persona que está inundada por el temor. Si no me cree, pregúntele a su psicólogo o psiquiatra de cabecera.

Ya me imagino la chingadera que tuvo que haber para que el presidente vetara el decreto 15-2020, se lavara las manos y les dejara la pelota al Congreso y a las cortes, pagando el precio del desgaste de su imagen ante la población. De lejos, parece una decisión valiente, pero no lo es, por el simple hecho de que está dominada por el miedo, y no proviene de un liderazgo al servicio del bien común. Ser valiente no es subirle la voz a nadie, es hacer lo correcto a pesar del miedo a las consecuencias.

Hoy, 16 días después de que el Congreso rechazara el veto presidencial, el Ejecutivo se sigue dando colorón y no ha publicado el decreto 15-2020 en el diario oficial, como si no estuviera obligado ante la ley. ¿Estará esperando que la CC le diga qué hacer?

¿Qué intereses influyen en las disposiciones presidenciales? Foto original: SCSP

El presidente Giammattei pasó de asegurar que no se necesitaba usar mascarilla, porque sólo servía si uno estaba contagiado, a declarar obligatorio su uso en todo el territorio nacional. Pasó de decir que el Hospital del Parque de la Industria tiene capacidad para atender hasta tres mil personas, a que sus funcionarios de Salud Pública reconocieran que todos los hospitales disponibles para la emergencia del Covid-19, están al tope de su capacidad, cuando ni siquiera eran mil quinientos los casos en todo el país… los oficiales pues. Pasó de decir, mientras los casos seguían aumentando, que procedería de forma gradual con la reapertura de la economía, a declarar ahora, sin previo aviso, un cierre total del país, causando aglomeraciones y mucha confusión entre la población.

¿Y quiénes pagan su ambivalencia? El pueblo trabajador y emprendedor de Guatemala, que también está en la misión de cuidar de su salud y la de sus familias, y de su sustento diario. El precio del manejo de la pandemia no sólo lo pagan los pacientes de Covid-19, lo pagamos todos los ciudadanos de esta y la próxima generación, que responderemos por el endeudamiento sin precedentes y por el “muerterío” de empresas que no pudieron aguantar; porque eso sí, la SAT siguió cobrando, el IGSS siguió cobrando, y ahora los proveedores de energía amenazando. Hay que escuchar más a todo el sector productivo, porque no fueron las ONG precisamente las que pusieron dinero, transporte, alimentos, mascarillas, guantes y hasta pruebas.

Pero parece que el presidente tiene cooptados los oídos, y que no todos los empresarios somos iguales antes sus ojos. ¿Por qué no escucha a la gente de los mercados? ¿Por qué no los involucra en sus decisiones? ¿Por qué no propuso una iniciativa de ley para congelar los alquileres? ¿Por qué no escucha a los inquilinos de los grandes centros comerciales, que están siendo exprimidos y amenazadas con ser echados a la calle si no pagan lo que les exigen aunque sus locales sigan cerrados? ¿Por qué no tomó en cuenta a los alcaldes antes de establecer los procedimientos del supuesto apoyo para la economía informal que sigue sin llegar?

No se puede ser representante de la unidad nacional si se tiene el mal hábito de escuchar a uno e ignorar al otro. Aparece en TV acompañado de los representantes de la cúpula empresarial, pero no le da el mismo espacio de diálogo a otras organizaciones sociales. ¿No fue el mismo Alejandro Giammattei el que le propuso a Jimmy la creación de un Consejo de Estado que reuniera a las fuerzas vivas del país? ¿No es esta una crisis que en todo acaso agrava los problemas que ya traía Guatemala? Si no es ahora ¿cuándo? ¿Cuál es el miedo de abrir los espacios para incidir en el manejo de la pandemia que todos estamos pagando?

Es el colmo que las autoridades ni siquiera han dado a conocer el tratamiento con el que están atendiendo a los pacientes con Covid-19, para que la población pueda aprender y decidir mejor cómo prepararse en la casa. ¿Qué pasó con el uso de la hidroxicloroquina que aplican con éxito en otros países? ¿Por qué tanta secretividad?

¿No fue el mismo Alejandro Giammattei el que le propuso a Jimmy la creación de un Consejo de Estado que reuniera a las fuerzas vivas del país? ¿No es esta una crisis que en todo acaso agrava los problemas que ya traía el país? Si no es ahora ¿cuándo?»

Demetrio Moliviatis

El Gobierno no tiene el derecho a monopolizar las pruebas, es su deber facilitar que el sector privado también pueda hacerlas, y mucho menos tiene el derecho a monopolizar los datos. A menor información, mayor el pánico. Eso sí, el Estado tiene el monopolio de la fuerza y la violencia, y esa es la razón por la que nos tiene encerrados, no porque le creamos, sino por los alcances que tiene bajo el Estado de Calamidad. A punta de miedo es que nos tienen enjaulados y a ciegas.

Nuestro Presidente podrá pensar y convencerse a sí mismo de que salir a “poner la cara”, casi todos los días en cadena nacional, es un sacrificio que hace de su voluntad incansable para informar al pueblo; cuando la realidad es que la población no está pidiendo ver al Presidente, está exigiendo, cada vez más como la gran puta, que el gobierno transparente los datos de la detección y atención del Covid-19 en el país, y que las decisiones ya no se sigan tomando a escondidas.

Si se hacen las cosas bien, no hay nada que esconder ni que temer. Los países con más éxito en el manejo de la pandemia hacen las pruebas por miles diariamente, porque eso ayuda a controlar mejor los focos de infección. Son varios los epidemiólogos que advierten que en Guatemala debieran realizarse, a lo muy mínimo, entre 4 mil y 5 mil pruebas diarias. No hay porqué no hacerlas, y que se den los resultados temprano en la mañana de todas las pruebas hechas el día anterior, no como ahora, que dejan varios cientos de pruebas pendientes de análisis todos los días, y sólo confunden más a la gente.

¡Mi huevo! ya estuvo bueno de dejar que gobierne el miedo. Ya pasó el shock y ahora es necesario retomar la actitud vigilante hacia la administración pública, nos tienen metidos en las casas y quieren que tengamos miedo hasta de preguntar. Debemos ser respetuosos y cuidadosos, pero no babosos.

No se trata de que el gobierno nos esté malcontando los resultados de las decisiones tomadas en lo oscuro. Las soluciones las vamos a encontrar unidos todos los sectores de la sociedad, compartiendo la misma información oportuna, precisa y veraz. Con todo respeto, le pido al señor Presidente, que ya no le demos más las nalgas al miedo.

Escríbanme a: demetriomoliviatis@gmail.com

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