CUANDO HICIMOS VALER EL “NO” A LA LEY MONSANTO

Los amaneceres de un despertar ciudadano

MONSANTO

Bien es cierto, los guatemaltecos no debemos bajar la guardia después de haber logrado la derogación de la Ley de Obtención de Vegetales, popularmente conocida como “Ley Monsanto” en alusión a una de las transnacionales más infames en el negocio de las semillas transgénicas; el peligro aguarda en cada esquina legislativa. Por eso resulta clave que pensemos hoy en las lecciones que nos dejó la derogación de la ley que amenazaba con apropiarse de nuestra agricultura.

Los grupos interesados en controlar la agricultura del continente cuentan con aliados en todas las esferas, incluyendo organismos internacionales que continuarán presionando para que países en subdesarrollo tomen el camino de patentizar las semillas genéticamente modificadas.

La clase política nacional, poco estudiosa y presa de una visión cortoplacista, hace lo que le obtenga réditos inmediatos y pierde la noción de lo significa representar los intereses del pueblo. Por eso es que en el Congreso, fiel espejo de la decadencia de las organizaciones políticas en el país, los diputados por un sobre son capaces de firmar cualquier cosa sin importar las consecuencias que tenga sobre la vida de los guatemaltecos;  sin tan siquiera sentir la más mínima pena por estar traicionando los ideales que promulgan, como es el caso de las bloques de la izquierda organizada quienes mientras se constituyeron en ponentes de la ley, sin vergüenza alguna, promueven la candidatura presidencial del ambientalista Yuri Melini.

Ninguno de estos miopes, ni a la derecha ni a la izquierda, pudo vislumbrar el potencial que tenía para cualquier líder verdadero, encabezar este movimiento de rechazo e indignación ciudadana. No hay peor combinación para un diputado que la tentación de unos billetes con el fanatismo mundialista, por eso la aprobaron a toda prisa para ir a echarse su cevichón Pérez y gritar “GOOOOL” en su más amplio sentido.

Pero además del ya conocido hecho que los diputados rentan su curul, la derogación de la Ley de Obtención de Vegetales deja otras enseñanzas que no debemos perder de vista:

–        SÍ VALE LA PENA APOSTARLE A LA INSTITUCIONALIDAD: El papel que jugó la Corte de Constitucionalidad fue determinante para esta victoria ciudadana, pues resolvió prontamente que la referida ley era inconstitucional.

–        SÍ SE PUEDE CORREGIRLE LA PLANA AL CONGRESO: Lo ideal es hacerlo de forma temprana, antes que sean aprobadas las leyes, exijamos a las distintas comisiones de trabajo un mayor énfasis en su esfuerzo por transparentar y publicitar los criterios sobre los que se basan sus dictámenes. Supervisemos más de cerca las acciones de las comisiones legislativas.

–        LA INCIDENCIA CIUDADANA NO ES UN MITO: Es real, la derogación de la Ley Monsanto es una evidencia de su existencia a pesar de que políticos y empresarios han tratado de hacernos pensar que el sistema no puede funcionar así. Siendo lo cierto que presidentes, vicepresidenteS, ministros, secretarios, magistrados y diputados, entre otros funcionarios públicos, son nuestros empleados y trabajan para nosotros, por ende, su deber es cumplir con la voluntad ciudadana incluso por encima de su propio criterio individual.

–        UNIÓN SÍ, DIVISIÓN NO: Si Guatemala es un país tan ampliamente dividido, se debe en parte a que algunos grupos de poder han dedicado sus esfuerzos a estorbar la unión de la gente. “Un pueblo unido, jamás será vencido” dice la célebre consigna que complementa la frase “divide y vencerás”. Aprendamos de cómo los guatemaltecos ganamos este pulso mediante la unión ante una amenaza común. Este poder de la unidad nacional también la hemos visto manifiesta ante los desastres naturales y ya es tiempo que redescubramos su enorme potencial para generar cambios.

–        VALE LA PENA ORGANIZARSE: Un factor clave para el éxito de los movimientos ciudadanos es nuestra capacidad para organizarnos. Vimos como diversos sectores se organizaron para hacerle frente, desde diferentes ángulos a esta amenaza a la soberanía alimentaria del país: abogados, periodistas, agricultores, ambientalistas, maestros, entre muchos otros grupos organizados, pusieron su grano de arena para darle vida a un considerable movimiento que terminó por hacer retroceder la enorme influencia de los poderes detrás de la Ley Monsanto. Organizados podemos más.

Sirva el modesto triunfo de la derogación de la Ley de Obtención de Vegetales como otra suma a los albores del despertar a la conciencia ciudadana, que nos ayude a volver a creer en la soberanía del pueblo, a tomar conciencia de que los ciudadanos somos los jefes que pagamos los salarios de la clase gobernante.

Es nuestro deber exigirle al sector público, y al privado también, el respeto a nuestros derechos, y asegurarnos que nuestros empleados, los funcionarios públicos, conozcan de forma clara, firme y elocuente, cuál es nuestra voluntad respecto a todas las iniciativas trascendentales que definan nuestra realidad como nación. Que sepan, en todo momento, que los estamos vigilando.

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