Depuración: ¿borrón y cuenta nueva?

y que pues 16

Entre sus variadas aplicaciones, el término “depurar” significa limpiar, purificar. Un proceso que muchas veces implica cierto grado de sufrimiento causado por la resistencia al cambio.

Mientras escribo estas palabras me encuentro en vuelo hacia Miami con la intención de encontrarme con representantes de organizaciones dedicadas a la investigación y de medios de comunicación que le han dado cobertura a la política en Guatemala. Después de este viaje visitaré otras ciudades en mi búsqueda por conocer la postura de organizaciones internacionales respecto al actual Gobierno de Guatemala, ¿la razón?, que han llegado a mis manos y oídos información que me indica que mi país, de cara al 2014, está a punto de entrar en un proceso de borrón y cuenta nueva en el que la comunidad internacional juega un papel determinante.

Es tan abundante la información, tantos los personajes torcidos y los malos líderes que conducen la política nacional, que resulta sumamente fácil perderse entre la agenda de los poderes fácticos, entre la de ese petit comité que reúne a las fortunas locales que buscan proteger sus dominios, sus privilegios y su capacidad de incidencia en las políticas públicas, y la agenda de organismos que representan los intereses que poderes extranjeros pudieran tener en nuestro pedazo de tierra. Por eso decidí ir en busca de información y de respuestas fuera de la atmósfera chapina.

Aún transcurren los días de diciembre cuando dejo caer estas letras. Hace algunos días la Comisión Internacional Contra la Corrupción en Guatemala (CICIG), a cargo ahora de Iván “el terrible”, el “caza diputados” como le llaman en Colombia, pronunció su declaración de guerra: la CICIG concentrará sus esfuerzos en la investigación del financiamiento de los partidos políticos. Yo, aunque dudo del trasfondo, aplaudo la misión.

A gran parte de la sociedad tomó por sorpresa el hecho de que la CICIG, cuyo alcance supuestamente se había visto reducido por Baldetti y su reclamo a la ONU, decidiera asumir nuevos retos e involucrarse en nuevos casos. A otros nos causó una fuerte impresión su declaración, puesto que implica la persecución de organizaciones y liderazgos políticos, algo muy, pero muy delicado, sobre todo porque, si a todos los miden con la misma vara, ningún partido podría salir bien librado de esa cuenta de costillas y, más delicado aún, porque quien lo hace es un organismo respaldado por la comunidad internacional.

Si la investigación es seria y profunda, dudo que el resultado se aleje mucho de lo que la población ya sabe: casi todos los partidos políticos están relacionados con el Narco en mayor o menor medida.

Se ha especulado mucho en torno a lo que ocurre actualmente en el país. Algunos analistas, los más atrevidos, indican que existe una agenda internacional interesada en declarar a Guatemala como un Estado fallido. Otros infieren que un nuevo partido político podría aprovecharse y capitalizar votos a partir de esta “limpieza” en el tablero.

Con todo lo delicado que resulta que un órgano internacional interfiera con la política nacional, romanticismo aparte y de frente a la cruda realidad, me parece que los partidos políticos son los vehículos que han permitido que diversos grupos paralelos copen las estructuras estatales, por turno a veces y otras de forma permanente, para llevar a cabo actos de corrupción que responden a intereses criminales. La clase política ha degenerado en eso, en instrumentos del crimen.

Me asusta y no me gusta del todo, pero en mi vida he aprendido que volver a empezar, renacer de cero, es un camino a la transformación, al cambio, a la reinvención, a la evolución. Espero que ese sea nuestro destino y no el sometimiento y la sumisión ante agendas ajenas a los intereses de nuestra nación.

De lo poco que alcanzo a discernir entre tanta incertidumbre, es que existen grupos dispuestos a hacer de Guatemala un ejemplo ante el mundo. Esperemos que sea un buen ejemplo… aunque lo dudo. Se  vino encima el 2014.
P.D.: A mi esposa: que el tiempo y espacio aparte marque, también para nosotros, un nuevo amanecer en el que brille, con acierto y verdad, mi Sol que tanto amo.

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