EL BUFÓN DE TROYA

REÍR PARA NO LLORAR…

bufon

Este no es un cuento cualquiera, es la historia incomprendida de una confabulación para arrebatarle la primavera a un pueblo que apenas despierta. En medio del mareo, sin tiempo suficiente para meditar, el pueblo acudió a las urnas, entre el miedo y la ilusión de sacarle humor al asunto y darle, a punta de chistes y frases simpáticas, su merecido a los políticos corruptos, pero salvándole el pellejo al sistema. No es culpa del bufón, él sólo jugó el papel que sabe hacer: llana insana distracción.

Lo de bufón no se entienda como peyorativo, ningún desprecio ni menosprecio, reírse del absurdo ha formado parte de la humanidad a lo largo de toda su historia. Además, así fue su forma de presentarse, como una oda al ingenio chapín: “Ni corrupto, ni ratero”. Ridiculizando las expectativas que el ciudadano puede tener de un aspirante a la Presidencia, ya no se pida capacidad ni conocimiento. “Con que no huevee basta”… JAJAJAJAJAJAJAJA!!!

Sonoras carcajadas que andaba soltando la idea de que el bufón aspiraba a disputarse el Trono del reino. Era bien sabido y calculado que la ascensión al Trono era por turnos, y ahora le tocaba al Señor Rojo; un ilusionista que había invertido muchísimos millones, suyos y de los impresentables, en un espectáculo de abundante parafernalia y efectos especiales. Pero todo cambió.

Ver los hilos no es lo mismo que descubrir la identidad del titiritero. Hay mucho camino que recorrer entre un momento y el otro. Por lo pronto, los seres de fe entendemos que por cuestiones del destino, de la voluntad divina, encarnada en una alta Comisión extranjera, los gobernantes más sucios de la época fueron desnudados frente a los pobladores. Fueron paseados por los corredores de la vergüenza ante los ojos de la gente.

Hombres y mujeres de todas las edades, creencias y clases sociales, se levantaron indignados. Una bendita dispensación de conciencia ciudadana, inexplicable para un país tan violentado y violentado, transformó la indignación en manifestaciones pacíficas pero muy elocuentes.

Cada nueva revelación de la corrupción aportaba una gota más de gasolina al movimiento ciudadano. Ya no sólo los gobernantes de turno están en la mira, sus aliados también, en especial, el Señor Rojo y la Señora Verde. La gente salió a las calles, pero amuralló su corazón hacia la clase política.

Las marchas de protesta y las distintas expresiones de creatividad y de una refrescante cultura de Paz, así como la acción incansable durante varios meses, lograron finalmente destronar a la pareja Presidencial.

Ante los escándalos, atónitos frente a los golpes a un Gobierno tambaleante, obligados por las Leyes del Reino, los ciudadanos tendrían que acudir en pocos a días a las urnas, para elegir a sus próximos gobernantes. Gritaban, tocaban pitos y sonaban sartenes, cantaban henchidos en amor patrio. La juventud se hizo presente para decir que no querían elecciones en estas condiciones… “No más de lo mismo”, decían.

Sin querer queriendo, el escenario para la fantasía estaba listo. Los mismos pilares del gobierno caído, aprovecharon el momento y el descuido para una osada apuesta. Se dijeron entonces, “fondeemos al bufón, fortalezcámosle, escondamos detrás de su elenco a nuestro propio ejército”… “Hagamos de éste el mejor bufón de todos, que tenga sus bailarines, su coro, sus clubes de fans, que la gente se ría, que se atreva a soñar con lo imposible”…

Nadie había tomado en serio el bufón, subestimaban su astucia. Con absoluto sigilo, se confesaba con los sacerdotes, aceptaba sus ligeros pecados e imploraba perdón a los feligreses de las distintas iglesias. Que la compasión lo vuelva blanco como la nieve.

Así fue como confabularon para desviar la corriente de las olas que se habían levantado en su contra, así buscaban robar el despertar del ciudadano, haciéndole creer que la respuesta estaba en la venganza, más por ocurrente que acertada, no podía ser jugosa que decirle a los políticos de siempre: “antes que por ustedes, votaremos por el bufón”… “¡pa’ que les duela!”.

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