EL NUEVO RETRATO DE LA CANCIÓN POPULAR NACIONAL

Y QUE PUES

En estas fechas cercanas al fin de año, los seres humanos valoramos mucho las noticias que nos producen alegría, que nos dan esperanza, que nos hacen sentir comprendidos, valorados como personas. Desafortunadamente, no abundan.

Precisamente por eso, por la escasez que existe de informaciones que contribuyan a construir nuestra identidad como pueblos, es importante darle el lugar que merecen a aquellas expresiones que nos ofrecen un sentimiento de pertenencia, que nos hacen sentir identificados, incluidos.

En un país como el nuestro, dividido por todas partes y lacerado por una desigualdad social histórica, es de aplaudir cuando surgen expresiones artísticas que contribuyen, voluntaria o involuntariamente, a reivindicar nuestra identidad como guatemaltecos.

Hoy, el cine y la televisión juegan un papel determinante en la construcción de la identidad de los pueblos. Para reconocernos como colectivo, como comunidades, como nación, es importante que los guatemaltecos nos veamos reflejados en la pantalla. Y no sólo ahí, también es importante que nos conozcamos a través del teatro, de la pintura, de la escultura y de cualquier otra expresión artística. Es vital para nuestro desarrollo encontrarnos en la palabra escrita. Así como también resulta indispensable, para sensibilizarnos como seres humanos, que escuchemos a nuestros corazones hablar en la música y en la poesía.

Guatemala posee mucha riqueza cultural, contamos con exponentes de talla mundial en todas las artes. La historia de nuestro país está enriquecida con expresiones artísticas del más alto nivel que han quedado anidadas en nuestra conciencia colectiva. No obstante, como resultado de la explosión demográfica, de la falta de acceso a educación de calidad y de la alienación cultural, han surgido nuevas corrientes estéticas y códigos de lenguaje que utilizan las masas para expresar pensamientos y sentimientos.

De esa cuenta, hoy la canción popular está ganando adeptos mediante la cumbia y el género norteño. En las radios y en las redes, se escuchan propuestas musicales guatemaltecas, con nuestras propias palabras, conceptos y referencias culturales, lo cual resulta muy refrescante para el ánimo de la gente. No es de extrañar que agrupaciones como Los Miseria Cumbia Band logren conectar con tanto público, su música contagia alegría y proyecta la personalidad picarona de los chapines: su éxito junto a Mr. Fer, “No se acaba el amor”, lleva hasta la fecha más de 967 mil vistas en Youtube, mientras que su célebre “Chicharrón con pelos” lleva más de 845 mil.

Sin avisar, la cumbia está en boga y ha servido como código en común para la difusión masiva de una variedad de mensajes, como el de la particular “Cumbia de la tortilla” del grupo Tiempo Azul,  que lleva más de 147 mil vistas con su propuesta de cumbia y hip-hop.

Otro espacio en el que la canción popular nacional se está enraizando es el del género norteño. Este, junto al grupero, se ha importado desde México y ha logrado una gran aceptación por parte de miles de guatemaltecos. Los conciertos de Los Tigres del Norte se llenan en cualquier estadio del país. Todos los días, en las camionetas, en los mercados y en los comercios, se escuchan los éxitos de los exponentes más populares de estas corrientes musicales que expresan, en gran parte de los casos, vivencias similares a las que se viven en esta tierra porque, al final de cuentas, somos vecinos y hermanos.

Así, en ese escenario de diversidad musical, me topé con una canción de una banda que, en mi humilde opinión, tiene mucho futuro en este país. Se trata de la agrupación Código 502, con su tema “mis quetzalitos”, que retrata el sentir de la mayoría de la población guatemalteca en estos tiempos. Mis sinceras felicitaciones.

Que el futuro próximo nos aguarde con más sorpresas agradables para este país, con una banda sonora impredecible que acompañe nuestros días, porque no olvidemos que una canción es un momento capturado de nuestra vida, de nuestros sentimientos, de nuestra historia. Un poema y una melodía, como una foto, registra nuestra existencia y dice esto: “aquí estuvimos, así lo vivimos…”.

 

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