EL PASO POR EL MUNDO DEL MAESTRO DEL YOGA

LA LUZ DE PARAMAHANSA YOGANANDA

YOGANANDA

Un sin número de seres han procurado no abandonar este mundo sin antes proyectarnos su luz, invitarnos a explorar otros caminos y abrir otras puertas para entrar en contacto con lo divino. Uno de ellos fue Paramahansa Yogananda, un maestro hindú gracias al cual la práctica del yoga llegó a Occidente. Popularizó las técnicas del kriya yoga, fundó escuelas, divulgó los saberes de la India y luego, al final de su vida volvió voluntariamente al seno de Dios.

Yogananda nació en 1893, en el seno de una familia acomodada de la India. Desde niño mostró una propensión hacia lo espiritual fuera de lo común. Tuvo sueños místicos e incansablemente buscó un maestro espiritual que lo convirtiera en un yogui, un practicante del yoga. Esas aspiraciones reñían con los intereses de su padre que ansiaba verlo graduado de la universidad. El joven Yogananda se fugaba de la escuela y realizaba kilométricos viajes por la India en búsqueda de santos hasta que a los 17 años encontró a su gurú: Yukteswar Giri.

El encuentro con su maestro lo cambiaría totalmente. Yogananda describiría aquel momento como un instante eterno de comunión silenciosa. Yukteswar le mostró que la vida monástica no reñía con los estudios universitarios y, de forma paralela a su crecimiento en las doctrinas del yoga, se graduó en Religión por la universidad de Calcuta. Entró a un áshram (comunidad de monjes) y, finalmente, en 1915, profesó sus votos para ingresar a la orden monástica de los suamis.

Un legado al mundo

Yukteswar, su maestro, le había comunicado que tenía una misión para con el mundo a través de la difusión de la ciencia del yoga. El siglo XX arrancaba y ya en el ambiente rondaba el fantasma que luego generaría las dos guerras mundiales. El yoga era una oportunidad de los hombres para encontrar paz  consigo mismos, con el resto de los hombres y por ende, de entrar en contacto con Dios y sus designios.

Para Yogananda la religión no se trataba de aceptar cualquier precepto de fe con los ojos ciegos sino de abrirse a la experiencia y la experimentación que, con la práctica, terminaba por poner al hombre frente a Dios sin necesidad de intermediarios. Yogananda fundó en 1917 una escuela que utilizaba la pedagogía moderna para enseñar el yoga. La escuela creció hasta convertirse en la Self-Realization Fellowship que se extendería a Estados Unidos.

En 1920 viajó a Estados Unidos representando a India en el Congreso de Liberales de la Religión pero su misión estaba más allá de dicho evento. Impartió conferencias multitudinarias en casi todo el país e, inevitablemente, abrió nuevos centros de enseñanza. Regresaría a la India en 1935, acuerpado con su fama mundial pero con la sencillez del niño que buscaba maestro. Sería pieza clave para la historia de su país siendo maestro espiritual de Mahatma Gandhi, a quien transmitió gran parte de sus enseñanzas pacifistas. Otros de sus discípulos fueron Ananda Moyi Ma y Giri Bala, esta última es recordada por ser uno de los pocos casos de místicos que pudieron vivir sin alimento material.

También serían memorables sus encuentros con el Premio Nobel de literatura, Rabindranath Tagore, o con el científico hindú, Jagdish Chandra Bose.

La vida de Paramahansa Yogananda fue coronada con su muerte voluntaria, su abandono de su cuerpo físico. El 7 de marzo de 1952, después de cenar con el embajador de la India en Estados Unidos, recitó un poema de su autoría: Donde el Ganges, los bosques, las cuevas del Himalaya y los hombres sueñan con Dios, he sido bendecido; mi cuerpo pisó esta tierra. Acto seguido los testigos afirman que elevó los ojos al cielo y cayó al suelo.

Las enseñanzas de Yogananda que promueven el contacto directo con Dios y la autorrealización personal, están contenidas en sus libros: Autobiografía de un Yogui, La Segunda Venida del Cristo y El Yoga de Jesús.

Padre Celestial, enséñame a recordarte en la pobreza y en la prosperidad, en la enfermedad y en la salud, en la ignorancia y en la sabiduría. Enséñame a abrir los cerrados ojos de mi incredulidad y contemplar tu luz, que sana en un instante. Paramahansa Yogananda.

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