EL PUEBLO DELEGA SU PODER EN LA PRESIDENCIA

La República es un sistema de gobierno que se basa en la separación de poderes de los tres organismos del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, regidos por una Constitución que contempla mecanismos de contrapeso que garanticen que las autoridades de toda institución de poder público, se sometan a la ley y rindan cuentas de sus acciones.

Separar los poderes del Estado fue una idea que nació con la Constitución de los Estados Unidos de América en 1878, cuando se creó el Congreso y el cargo de Presidente. Su fundamento teórico es que existe desconfianza ante cualquier tipo de poder, por lo que se optó por dividirlo de manera contundente. El presidencialismo norteamericano fue un modelo que siguieron el resto de países del continente.

En los 80, la mayoría de países en Latinoamérica hicieron su transición hacia la democracia, y desde entonces el sistema presidencialista ha sufrido desgaste, manteniéndose propenso a crisis políticas entre el oficialismo y la oposición, y por su tendencia a facilitar el regreso del autoritarismo.

Sin embargo, en países en los que sus ciudadanos se han determinado a sacar adelante el sistema presidencialista, han logrado avances significativos, tal es el caso de Estados Unidos, cuya democracia no ha sufrido en toda su historia un rompimiento constitucional ni una dictadura. En palabras del estratega norteamericano, Karl Rove, quien fue considerado uno de los consejeros más poderosos en la Casa Blanca en la administración de George Bush, “el único correctivo en una democracia es el voto”.

De igual forma, David Axelrod, quien fuera asesor de Obama, el año pasado abordaba las crisis políticas norteamericanas, señalando que era el momento de “revitalizar nuestra democracia y restituir la fe en nuestras instituciones”.

En Guatemala, lejos de apostar por la institucionalidad y otorgarle valor a la decisión en las urnas, varios grupos han mantenido una campaña permanente para botar la presidencia de Jimmy Morales, aun a las puertas de las próximas elecciones. Más allá de la evidente ineptitud de Morales para gobernar, es sumamente peligroso debilitar nuestra democracia hasta el punto de provocar la salida de los gobernantes de forma consecutiva y, sobretodo, sin haber construido una alternativa.

Así mismo, cuando el secretario general de Naciones Unidas le dice al Presidente de Guatemala que nuestro Estado no puede dar por terminado unilateralmente el mandato de CICIG, no se lo está diciendo al Gobierno, le está diciendo que no puede hacerlo al soberano poder del pueblo guatemalteco delegado en la Presidencia.

Debemos tener mucho cuidado de no erosionar la autoridad constitucional de la Presidencia de la República, podemos procesar a presidentes, para eso está la ley, pero no debilitar ni socavar la Presidencia, porque es en esa institución donde radica el poder de la gente, a lo interno y hacia el mundo.

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