EL TAMAÑO DEL SOBRE

EDITORIAL 20

Cada cierto tiempo vuelve a escucharse con frecuencia el término de “operador político” para referirse a personas designadas por ciertos grupos para negociar en nombre de ellos y procurarles beneficios y la protección de sus intereses.

Pero es importante reconocer una diferencia: existen operadores políticos legítimos cuya función puede ser, por ejemplo, el despejar el camino para la aplicación de políticas públicas en beneficio de la ciudadanía. Como recientemente lo explicó el ex ministro de Gobernación, Carlo Menocal, durante una entrevista en Emisoras Unidas, fungir como operador político ante el sector de las compañías telefónicas para lograr su cooperación en materia de seguridad resulta fundamental para la gobernabilidad en el país.

También existe el llamado “lobby” empleado por el sector privado para promover la aplicación de distintas políticas públicas favorables para sus proyectos, lo reprochable de esto es cuando estas poderosas compañías terminan doblegado a cada uno de los tres organismos del Estado, como ya lo han hecho en repetidas ocasiones.  De forma regular contratan a lobistas cuyo propósito es hacerle entender al presidente, al secretario, al juez o al congresista, por qué les es “conveniente” apegarse a su visión de las cosas.

Lo cierto es que en la mayoría de casos la designación de un operador político no es más que un mecanismo implementado por las élites para que otros hagan el trabajo sucio que podría comprometerles y manchar su “buen” nombre. Al final de cuentas el cabildeo es eso, un método que, a base de seducción, presión y maña, busca ganar voluntades de determinado cuerpo colegiado.

Ya sea que se les llame lobistas, cabilderos u operadores, su función sigue siendo la de ganar voluntades a toda costa y es un servicio que, como la mayoría del resto en el mercado, también se encuentra a disposición de la corrupción y el crimen organizado. De esta cuenta, gran parte de los nombres de los operadores más visibles acarrean descrédito y rechazo ante la opinión pública, por lo que resulta preocupante que, aun cuando sus nombres y reprochables acciones sean de conocimiento público, continúen vigentes y activos.

A pesar de que Insight Crime publicó información relacionada al señor Gustavo Herrera, llamado “el negociador”, sujeto de varias investigaciones entre las que destaca un desfalco millonario en el IGSS; al final de la partida, su influencia en el proceso de elección de Fiscal General cumplió con su cometido, que era lograr la mayor afinidad posible entre la cúpula de gobierno y la lista final de los seis aspirantes a la jefatura del Ministerio Público entre los que el Presidente debe elegir.

De la misma forma, la firma estadounidense Southern Pulse, denunció en su serie de investigaciones publicadas bajo el título “La política de la corrupción”,  a operadores políticos que trafican con voluntades en el Congreso de la República para beneficiar al sector farmacéutico y al de las telecomunicaciones, entre otros. No obstante, fueron estos mismos operadores los que lograron que se pasara de urgencia nacional la llamada LeyTigo que otorga privilegios a las compañías telefónicas predominantes, la cual no fue ni siquiera leída por la mayoría de diputados que vendieron sus votos.

El cinismo y la desfachatez de la mayoría de nuestros actores políticos tiene una razón de ser, y es que para ellos estos operadores continúan siendo una fuente de enriquecimiento, se trata de personajes que puntualmente extienden su respectivo sobre bajo la mesa, y ese es el único lenguaje que entienden.

Si por dinero venden los recursos que nos regala la madre naturaleza,  y venden así mismo a la madre patria, consideramos acertado concluir que, por la cantidad precisa, también venderían a la suya. Si por el pisto baila el mono, en este país también lo hace el diputado, el decano, el magistrado, el ministro, la vice, etc. Trágicamente, para quienes están en ese baile, sus acciones, conducta y votos dependen de una sola cosa: el tamaño del sobre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *