EL TIRO POR LA CULATA

La guerra política que ha secuestrado al sector justicia en Guatemala, ofrece muchas lecciones que debemos recordar a la hora de hacer el intento por comprender lo que está sucediendo no sólo en el país, sino en muchas otras latitudes del planeta. Otra vez, la guerra que vivimos no es nuestra, es impuesta desde la tensión entre potencias mundiales.

Tal vez la diferencia más grotesca, entre episodios anteriores y lo que vivimos hoy, es que esta vez sorprende a los ojos que quieren ver, el descaro con el que muchos supuestos impartidores de justicia decidieron convertirse en actores políticos, abandonado su compromiso con la ley, la justicia y el estado de derecho, para convertirse en benefactores de los más sórdidos intereses políticos y económicos.

Es verdad que la justicia guatemalteca no ha servido bien al pueblo desde hace demasiado tiempo. También es cierto que más se discute esto cuando la injusticia toca la puerta de los potentados, mientras se guarda silencio cuando es el ciudadano humilde y desprotegido el que la sufre. Pero no se puede sustituir una injusticia por otra y menos tenerla por aceptable porque “siempre ha sido así”.

El guatemalteco es un ciudadano planetario muy especial, difícilmente podrá llegar a asumirse como “globalista”, si acaso les ha pasado por la mente a quienes desde afuera han fraguado malvados planes para nuestra región disfrazados de nobles causas. Ya han sido exhibidos como lo que son, portadores de banderas engañosas, y esas son de esas cosas, que el chapín guarda en su consciencia para interpretarla, desgranarla y escupirla de nuevo, en forma de chiste.

El corazón de la gente de Guatemala ha sido esculpido, a base de golpes, punzadas y machetazos a traición, en una forma de inteligencia casi indescifrable, aguda y desconfiada. Desde la herida de los pueblos conquistados, el dolor del destierro, el hambre y la muerte, hasta la inexplicable superación del sufrimiento a través del humor, el ingenio y la creatividad.

Sépanlo bien ambos extremos de esa pugna por el orden mundial que se cierne sobre la paz de los pueblos de la región, los chapines aprendimos a no tomarlos tan en serio, y hace tiempo, comprendimos que en el breve paso por la vida en esta tierra, la única justicia con la que se puede contar, es la divina.

Un tiro por la culata resultó al final de cuentas, abrirle la puerta a un organismo internacional experimental, que sólo movió esa miasma maloliente, pero sin resolver nada de fondo, y lo que es peor, sin sujetarse a contrapesos y sin rendir cuentas de verdad ni a la ciudadanía ni a nadie. Pero muy adentro, ya lo sabíamos, de cuándo acá otro ha de arreglar tu casa desinteresadamente.

Ese “tiro por la culata” es mucho más que una expresión, es el “karma” subrayado, es la ley de causa y efecto, de la que nadie puede escapar. De risa es, que procurando la implosión de la república desde el tribunal cuya misión única es defender el orden de la Constitución, terminaron por encumbrar en la Corte Suprema de Justicia a una de las magistradas más afines a sus igualmente infames rivales. En este bendito país, la ironía y la comicidad, tampoco son muy dadas al perdón.

Así reímos, ya no es para no llorar, reímos porque el tiro en la culata es la justicia que prevalece cuando los jueces se venden o se rinden. Carcajadas soltaremos si a eso hemos de llegar, con tal de no seguir peleando entre nosotros, por una causa que no es nuestra, ni es justa.

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