Embajadoricidios

 Fernando Linares Beltranena

Edición: NOV 2012
Autor: Fernando Linares Beltranena
Correo: flinares@ufm.edu

Los embajadores de Estados Unidos han sido blanco de homicidios y asesinatos en los últimos tiempos, lo que inspiró acuñar la frase que titula esta columna. En lo personal, en 1968, oí cuando le dispararon al Embajador de Estados Unidos en Guatemala, John Gordon Mein, y fui el primero en la escena para intentar auxiliarlo. Yo vivía en un apartamento enfrente en la Reforma y oí los balazos. Me acerqué a él, le afloje la corbata y abrí la camisa para aplicar alguna medida de primeros auxilios pero estaba sangrando de los disparos. Se me acercó el doctor Ortega, que también pasaba por ahí, y lo declaró muerto. A los pocos segundos llegaron los guardias de la Embajada de Estados Unidos, pero su protección resulto tardía porque el Embajador iba solo con su chofer. La guerrilla intento secuestrarlo, él se dio la vuelta para huir y le dispararon por la espalda.

El último embajador en morir asesinado fue J. Christopher Stevens, muerto en Libia por una turba guerrillera. La culpa de no haber previsto y evitado esta tragedia, es tema en los debates presidenciales para las elecciones de EUA. Todos los embajadores, coincidentemente, pero predeciblemente, murieron a manos de facciones guerrilleras, en ataques asesinos y cobardes.

El caso del Embajador Stevens en Libia, es particularmente irónico porque los guerrilleros protestaban por una película filmada por un director israelita en California, Estados Unidos y, ridículamente, hicieron responsable al Embajador y funcionarios americanos del Consulado, por la proyección. Por cierto, la película está en “you tube” y tuve oportunidad de echarle un vistazo. Es una sátira, semipornografica, burlándose de varios personajes, hecha con actores estadunidenses blancos y negros, y ridiculizan a Mahoma. La película es una comedia, de humor craso y vulgar, hecha para adolecentes, o adultos con esa edad mental. Es un sufrimiento intentar verla toda, ¡por lo mala que es!. Con el asesinato del Embajador, lo que hubiera pasado como otra mala película ni siquiera de Hollywood, se convirtió en un ícono de la libertad de expresión y tendrá sus inmerecidos quince minutos de fama. Igualmente, podrían haber ridiculizado a Cristo o al Papa, temas populares en sátiras cinematográficas en el pasado y que, aunque no le gusten al Vaticano, saben que el remedio de reclamar es peor que la enfermedad.

La respuesta de Obama fue identificarse con los Musulmanes, justificar las protestas contra las películas y disculparse por la misma, como si estuviera legitimado para representar a un cineasta californiano. Si los guerrilleros libios fueran mas civilizados, a travez de su Embajada en Washington demandarían al cineasta, exigiéndole al Juez el embargo de la película, como un remedio judicial civilizado. Sin embargo, la turba nunca es civilizada y el Presidente Obama hizo mal en identificarse con ella. La respuesta de un presidente republicado hubiera sido más firme, como lo será la represalia militar que debe seguir.

En cuanto a la seguridad del Embajador, ésta fallo. Lo mismo nunca hubiera pasado con un Embajador Israelí.

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