EN EL ESPEJO DE PORTILLO

Los políticos no llenan los requisitos mínimos

Por Alejandro Arroyave

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Hace poco se dio a conocer que el TSE entró a estudiar el caso de Alfonso Portillo a la luz del Artículo 113 de la Constitución, “Derecho de optar a empleos o cargos públicos”, que establece que “para su otorgamiento no se atenderá más que a razones fundadas en méritos de CAPACIDAD, IDONEIDAD y HONRADEZ”. La vara con la que debemos medir a todos los candidatos.

Es cierto que los calificativos de “capaz”, “idóneo” y “honrado”, pueden depender de la subjetividad y pueden intentar ser falseados. Pero la carencia de esas virtudes sí se puede demostrar a través de la conducta y acciones comprobables de los candidatos.

¿Que las personas pueden cambiar? Claro que sí, pero sería más conveniente si esa transformación la llevan a cabo en otro ámbito que no sea la administración pública, en donde el precio de la ausencia de esas condiciones lo pagan los ciudadanos.

Estas tres virtudes que procuran garantizar que el Estado sea conducido por personas que cuenten con preparación y experiencia que acrediten su capacidad, que su hoja de vida corresponda al perfil ideal para el puesto, que el cumplimiento de su palabra y su forma de conducirse reflejen sus principios. Tristemente, la gran mayoría que se postula para cargos púbicos carece de estas virtudes. Por el contrario, participan personas movidas por el ego, por su sed de poder o de dinero, que no responden a estos valores.

No tengo nada personal en contra de Portillo, ante mis ojos lo que el Pollo ha pasado es más que suficiente. Sin embargo, no podemos negar que existen serias dudas en torno a su idoneidad y honradez. Aceptar culpabilidad de un hecho negado mil veces antes, no garantiza que sea una persona honrada.

Su camarada en TODOS, Roberto Alejos, asegura que se trata de un ataque que ya habían previsto. Pero más allá de la figura de Alfonso Portillo, hace todo el sentido del mundo que los ciudadanos exijan al Tribunal Supremo Electoral que no inscriban a candidatos, sea para alcalde, diputado o presidente, que tengan señalamientos que demuestren que no es capaz, idóneo ni honesto.

Por supuesto que la clase política va a patalear, dirá que no es justo ni legal, tratará de apelar y usar cuánto recurso esté a su alcance. Esto porque les ha costado entender que estamos viviendo una nueva era, la era de la conciencia ciudadana, en la que los políticos deberán adaptarse a nuevos conceptos y valores.

La relación de poder entre gobernantes y ciudadanos está cambiando. La ciudadanía busca reducir los privilegios y discrecionalidad del político, en la administración pública y en las reglas electorales; la consigna es tener a los políticos a raya.

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