ENCASCADOS

 

LA VULNERABILIDAD DE ECO Y MONZÓN ANTE EL PODER DE PÉREZ MOLINA Y LA MAFIA ADUANERA

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El que podría considerarse como el caso más trascendental en la política guatemalteca de los últimos años ha arrancado, con el ex binomio presidencial de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti como principales acusados. Por ahora, gran parte del sustento del caso descansa en la información que puedan brindar Salvador González y Juan Carlos Monzón, dos vidas que siguen corriendo peligro.

¿Quién no quiere que hablen?

La defensa de Pérez Molina y Baldetti ya han puesto en evidencia que agotarán todos los recursos judiciales posibles para frenar o invalidar las declaraciones, en calidad de testigos protegidos, de ambos personajes. Recurriendo incluso a estrategias como las del abogado Mario Sanler, que argumentó problemas de salud para suspender la primera audiencia.

No es para menos, Eco, administraba gran parte de los negocios del ex binomio y Juan Carlos Monzón, era un hombre de confianza de la ex vicepresidenta. Así que sus declaraciones incluso podrían abrir más rutas de investigación que las relacionadas con el caso La Línea. Pero no sólo los dos principales acusados tienen interés en que ambos personajes no hablen. Como se demostró en el segundo día de la audiencia, Eco guarda información de una gran cantidad de empresas que se beneficiaron con la red de corrupción en las aduanas. Ya han salido a relucir, por ejemplo, las empresas de venta de ropa Bulock´s de Javier Hernández, ex candidato a diputado; entre otras. Así que también hay empresarios con miedo a que los nombres de sus compañías se vean manchados por el juicio y luego se abra una investigación en contra de ellos.

Tantos intereses en peligro son los que explican esa imagen del proceso penal en la que Juan Carlos Monzón y Salvador González, aparecen con chalecos antibalas y casco.

La amenaza

Eco declaró ante los medios que “en su momento sufrí amenazas para que no fuera a decir nada. Las amenazas provinieron del señor Otto Pérez Molina”. Ya en la audiencia señaló que la persona que intentó callarlo fue Ricardo Grijalva Rodríguez. Investigaciones señalan que Grijalva, abogado de profesión, es propietario de la empresa Construcciones de Centroamérica S.A. con la que ganó más de Q.94 Millones del Ministerio de Comunicaciones.

Según Eco, Grijalava “llegó ahí y me dijo que el Ejecutivo te está pagando, vos tranquilo, la única condición es que no hablés ni digás nada de Otto Pérez”. Al rechazar al abogado pagado por el Ejecutivo, Grijalva le dijo a su familia que “estaba mal hecho eso, porque si yo hablaba del señor Otto Pérez Molina mi familia estaba en riesgo” Aclarando que “esa fue la forma en que mi esposa recibió la amenaza”.

El lunes 28 de marzo, después de que el juez Gálvez suspendiera la audiencia en la que decidiría si la acusados por el caso La Línea irían a juicio o no, Otto Pérez Molina ofreció declaraciones a la prensa en las cuales hizo referencia a la supuesta amenaza:
«Ese señor Salvador González, viene a decir aquí que por medio del señor Grijalva, porque si lo he visto una o dos veces es mucho, que se le fue a amenazar siendo yo presidente. El mismo reconoce que no puso la denuncia en ese mismo momento. Por qué no en ese mismo momento que él recibió la amenaza no fue a poner la denuncia de amenaza de muerte por parte del presidente?, que fue a él y a su familia según lo que vino a decir aquí. Pero lo vino a decir nueves meses después, y él mismo sale diciendo de que no presentaron la denuncia! Todo lo que hacen es parte de un circo, de un show», expresó el ex mandatario.

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La vulnerabilidad

No sólo la familia de Eco corre peligro sino él mismo aunque se encuentre resguardado en una prisión. Ya el Sistema Penitenciario tiene una larga tradición de casos en los que piezas claves de un proceso son asesinadas dentro de una prisión. Tal el caso del militar Obdulio Villanueva, clave en el proceso por el asesinato de Monseñor Juan Gerardi.

Ahora esta vulnerabilidad es aún mayor tomando en cuenta que Otto Pérez Molina está recluido en una base militar, la base Mariscal Zabala, donde incluso un estrado lleva su nombre. Allí, entre los suyos, es difícil de creer que reciba la vigilancia estricta y un control total que lo mantenga aislado de sus contactos. Allí, Pérez Molina sigue mandando.

Otro caso que vale la pena traer a colación, fue el que motivó investigaciones contra el ex Ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, por haber permitido que el presunto narcotraficante Haroldo Mendoza fuera llevado a la celda de Jairo Orellana, en Matamoros, donde recibió una golpiza antes de ser retirado. Otra prueba más de que desde adentro de las prisiones militares todo puede suceder.

 

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