ES NUESTRO DEBER

Editorial 19

Pagar el precio de informar con la verdad es nuestro deber. Porque sobre la libertad de expresión recae la defensa de todas las libertades, defenderla es nuestro deber.

Cuando grupos poderosos intentan ahogar la libertad de informar, es nuestro deber no claudicar. Fácil sería limitarse a publicar babosadas y pendejadas que en nada estimulan la capacidad crítica de quienes vivimos la ciudadanía desde las calles.

Tan fácil como abandonar nuestros valores y callar. Tan simple como ceder nuestros derechos en lugar de luchar por ellos. Pero fácil no es el camino de los inconformes. Invitar a cuestionarnos todo, a no dejarnos enajenar, también es nuestro deber.

No permitir que desdibujen la democracia, darle significado a esa prostituida palabra, y promover el debate en torno a lo que buscamos de una vida democrática, forman parte de nuestro deber.

Como también lo es impedir, mediante la denuncia pública, que las estructuras de negocios disfrazadas de partidos políticos continúen alcanzando el poder. Investigar y dar a conocer documentos e imágenes relacionados a quienes ocupan o buscan alcanzar el poder político, es nuestro ineludible deber. Mas si se trata de personajes que aspiran alcanzar la Presidencia, es más urgente ese deber.

Debemos seguirles la huella y olfatear el rastro de quienes, ocupando un cargo público, se benefician personalmente de él o venden sus servicios a grupos de poder; mantenernos vigilantes es nuestro deber.

Contribuir con perspectivas que, aunque incómodas para algunos, contribuyen a formar una versión más completa de los sucesos de interés social y de la problemática nacional; se lo debemos a quienes nos leen. Es nuestro deber hacer esto aunque nos margine de la inversión publicitaria de las corporaciones que coluden con los políticos para ejecutar prácticas corruptas que van en contra del interés de la nación.

Así como también es nuestro deber no recibir anuncios de partidos políticos que incluyan la imagen y nombre de candidatos y, como tales, se constituyen en una falta a la ley y en una burla a la democracia. Es también deber nuestro resistirnos a la seducción de una publicidad gubernamental que, pagada con los impuestos de los contribuyentes, intente imponer un premio o un castigo a los medios independientes según sus contenidos.

No ser espectadores y despertar la indignación cuando la situación lo exige, también es nuestro deber. Promover la participación ciudadana bien informada y fomentar la activación de reporteras y reporteros ciudadanos, son dos de nuestros más valorados deberes. Brindar un espacio de expresión a las mentes abiertas y conscientes de su capacidad de incidencia como ciudadanía, es también nuestro deber.

Porque la búsqueda del bienestar común es más fructífera que el sometimiento al interés particular y  porque el sentido del deber es más fuerte que la tentación del beneficio propio egoísta que resulta de una miopía social que pretende hacernos creer que el individuo puede alcanzar la prosperidad y la paz, mientras el resto vive miserablemente.

Debemos entonces recordarles a los enemigos de la libertad, de la justicia y de la igualdad, que una chispa es capaz de incendiar un bosque y que, si de defender nuestra condición de seres humanos libres se trata, ningún esfuerzo será en vano, y ni la tinta ni el sudor, ni la sangre que cueste será demasiado, porque este es nuestro deber.

 

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