HACER EL AMOR, NO LA GUERRA

RESCATAR LA ESPERANZA, RESCATARNOS LOS UNOS A LOS OTROS

PARA WEB

Ningún individuo nació para estar solo, el hombre es un ser de sociedad y cuando se aísla, los problemas empiezan a aparecer. Se dice que vivimos en una sociedad conectada pero a los dispositivos electrónicos más que a las personas. Puede que la solución a las adicciones y la violencia que enfrenta el país radiquen en nosotros mismos, en disponernos a amar en vez de castigar, a hacer el amor y no la guerra.

La prisa de la vida moderna, la obsesión por el trabajo y la necesidad de estar siempre conectados a la vida digital, ha hecho que cada vez estemos más aislados. Un hombre promedio que trabaja ocho horas diarias, pasa cuatro horas en el tráfico y duerme las ocho horas necesarias, apenas tendrá cuatro horas para compartir con su familia. Eso, sí es que sus horarios coinciden.

En la época del sálvese quien pueda quizás debamos empezar a pensar en cómo rescatarnos los unos a los otros. Esa solución pasa por volver a restablecer nuestra conexión con el mundo y la sociedad.

Amor contra la adicción

Se cumplen casi 30 años de que Latinoamérica empezó a lidiar con el problema de las drogas. Desde entonces la solución por parte del gobierno ha sido prohibirlas y enviar a prisión tanto a traficantes como a los consumidores. Esas estrategias han dado pocos o casi ningún resultado en la reducción del consumo y el tráfico, en cambio aumenta los casos de violencia que la lucha contra las drogas genera.

Para luchar contra las drogas hay que empezar por preguntarnos por qué la gente se vuelve adicta tanto a estas substancias como al alcohol, el tabaco o el juego. Uno de los primeros experimentos para explicar las adicciones mostraba a una rata metida en una jaula en la que no había nada más que dos bebederos: uno con agua y otro con agua y heroína. Conforme pasaban los días la rata consumía más y más la droga.

Se ha creído que son las substancias las que generan la adicción pero desde los años setenta el psicólogo Bruce Alexander propuso otra interpretación del experimento. Desde su perspectiva, la rata no era adicta por la substancia en sí sino porque estaba sola y encerrada. Al sentirse apartada y no tener nada que hacer, no le quedaba nada más en su vida que hacerse adicta.

 

Alexander hizo unos cambios en el experimento. Colocó a las ratas en un parque suficientemente amplio para que no se sintieran encerradas, las dejó relacionarse entre sí, les dio mejor alimentación y encontró que en poco tiempo las ratas habían vuelto a preferir el agua pura antes que la droga.

Como sociedad solemos afrontar la adicción de un familiar o un amigo creyendo que es un problema del que sólo él puede salir porque fue él quien se metió en ese abismo. El caso extremo es internar a los adictos en una clínica o encerrarlos en una prisión. Sin embargo, como mostró Bruce Alexander y otros estudios posteriores, la solución a la adicción es volver a unir al adicto con la sociedad, hacerlo parte de algo, prestarle atención, brindarle amor.

Portugal es uno de los países que más éxito han tenido en la lucha contra la adicción. Para ello empezaron por despenalizar las drogas y utilizar el dinero que invertían en castigar a los adictos en darles una mejor vida. Así el Estado los ayuda a conseguir un empleo y un hogar; algunos incluso reciben préstamos para colocar su propia empresa. El resultado: una reducción del 50% en el uso de drogas inyectables.

Apoyar y amar a un adicto es una tarea difícil pero no por eso debemos abandonarlo en manos de desconocidos. Hacerlo sentir en familia, darle el amor suficiente para que se mantenga dentro de nuestro mundo es una de las mejores curas contra la adicción.

Amor y no castigo

El crecimiento de los hechos de violencia en el país y la falta de capacidad del Gobierno para frenarla, han hecho que la población caiga en la desesperación. Una desesperación que hace que ya no creamos en la justicia y mucho menos en que es posible rehabilitar a los delincuentes. Por eso, ha tomado tanto auge la petición de que se aplique la pena de muerte y los casos de linchamientos.

Sin embargo la pena de muerte ha mostrado no ser un disuasivo para los criminales. Según Amnistía Internacional, en Canadá la tasa de homicidios descendió en un 40% después de que le pena de muerte se aboliera. Un estudio elaborado en Los Ángeles encontró que tras la ejecución del primer reo, los asesinatos aumentaron en los ocho meses siguientes. Hay estudios que van más allá y que consideran que el verdadero problema de nuestros países son las prisiones.

El ex supervisor de cárceles de Río de Janeiro, Brasil, Augusto Thompson, publicó un libro llamado: “La Cuestión Penitenciaria”. En base a su experiencia afirma que las cárceles en Latinoamérica han dejado de cumplir con su mayor deber: rehabilitar a los reclusos para que vuelvan a la sociedad. En cambio, el hacinamiento, la falta de una alimentación adecuada y la excesiva violencia aplicada por las autoridades hacen que adentro de las prisiones los condenados se vuelvan más violentos. ¿Cómo se espera que se readapte a la sociedad una persona que pasó diez años tras las rejas?

Es por ello que en algunos países ya se experimenta con un nuevo tipo de sistema penitenciario, uno en el que se considera que sólo el hecho de estar privado de libertad es suficiente castigo y en el que, para readaptar al recluso, se procura que encuentre todas las comodidades posibles. Una de las cárceles más famosas es Bastoy, en Noruega.

Alberga a 100 reclusos rodeados por medidas mínimas de seguridad. No se trata de una construcción de grandes muros sino de algo más parecido a una granja que permite el contacto directo con el bosque, los animales e incluso un lago. Los reclusos pueden interactuar libremente entre ellos yendo a pescar, caminando o haciendo cabalgatas. La idea: que el castigado en vez de sentirse oprimido tenga las condiciones necesarias para sanar psicológicamente y recapacitar sobre su vida.

Amor contra la represión

Frecuentemente se critica la frialdad de elementos de la Policía Nacional Civil o del Ejército al momento de atender al ciudadano. De igual manera se les critica a ambas instituciones su uso excesivo de la fuerza durante protestas o desalojos. Pero se ha puesto a pensar ¿cómo es trabajar en estaciones con precarios servicios sanitarios, durmiendo en catres, apenas ajustando para la comida, en largas jornadas de pie bajo el sol en la calle y todo esto, pasando semanas lejos de su familia?

Pero ¿qué hacer cuando usted quiere ejercer su derecho a protestar y la policía se lo impide?. El policía es un ciudadano como nosotros, nunca nuestro enemigo. Insultarlo o agredirlo es sólo desencadenar más violencia y desacreditar la causa por la que se está luchando.

En diversas protestas alrededor del mundo se ha demostrado que la mejor manera de vencer la represión del Estado es desconcertar a las fuerzas de seguridad con gestos de cariño y solidaridad, recordarles que son tan ciudadanos como nosotros.

¿Qué tal si empezamos por saludar a los policías, por sonreírles cuando pasamos frente a ellos, pro regalarles una botella con agua o estrecharles la mano cuando vemos que hacen bien su labor?

Mucho amor por entregar

Los que acá se abordaron son apenas tres ejemplos de cómo la sociedad puede influir en ir solucionando sus problemas. No se trata de dejar todo en manos del Gobierno, de crear más prisiones o más reclusorios para adictos, se trata de crear redes de solidaridad, de que las comunidades creen lazos de apoyo para las personas más vulnerables. Es momento de volver a recobrar la esperanza, una sociedad que cree que sus delincuentes y sus adictos son imposibles de rescatar es una sociedad que ha perdido la fe en sí misma.

 

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *