La fábula del Pollo y el Conejo

Y QUE PUES 19

La política nacional también se cuenta a través de animales

Es parte de nuestra cultura, sea por rechazo o simpatía, solemos asignarle un nombre de animal a las figuras más visibles de la política nacional. Como un elemento de nuestro folclore, a una serie de presidentes del país les hemos asignado un apodo animal para integrarse a nuestra popular narrativa de la política guatemalteca.

Álvaro Arzú fue bautizado como “mono de oro”; a Alfonso Portillo le plantamos “Pollo Ronco”; a Oscar Berger le quedó el mote del “Conejo”; e hizo lo suyo Álvaro Colom como el “Gavilán”. Al  parecer, a Pérez Molina no le hemos encontrado aún, una bestia que se asemeje.

Así, el pueblo escucha los relatos de la política a través de una serie de animales asemejándose, en cierto grado, a una fábula; con la abismal diferencia de que en esta clase de historias las moralejas se escurren entre las intrigas, el engaño y la doble moral.

Bien que mal, la historia continúa, y ante la reciente noticia de que el ex presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, después de llegar a un acuerdo con el Fiscal del Distrito Sur de Nueva York, Preet Bharara, se ha declarado culpable del delito de conspiración para el lavado de dinero en los Estados Unidos; las ocurrencias y opiniones empiezan a encenderse.

Resulta curioso, pero cuando se ofrece una apreciación no favorable hacia el Pollo, la referencia inmediata hacia a la impunidad que ha gozado el Conejo es notoriamente recurrente. Así me lo recordó hace algunas semanas un respetable lector, refiriéndose a una columna anterior en el que abordé la posibilidad de que Portillo quedara en libertad y en la cual mostraba mi preocupación, tanto por la amnesia de la población respecto a sus desmanes, como a el respaldo que podría representar para organizaciones políticas que pueden calificarse no menos que peligrosas.  Solamente como un ejemplo de las pasiones que mueven estos personajes, les comparto un extracto de su mensaje: “Comentar del ex presidente Portillo en las circunstancias que está, es fácil, claro, no se puede defender… pero cuando esté libre y en el goce de sus derechos y opte por un puesto político en Guatemala y se posicione, entonces… te vas a zurrar… ¿por qué no comentás del ladrón de Berger?”.

La verdad es que su mensaje sí me confrontó desde el punto de vista que la amnesia de la población y, peor aún, del Organismo de Justicia, favorece no sólo a los políticos populistas, sino también a los políticos que responden a grupos cuyo tráfico de influencias también va en contra del interés de la nación, operando mediante ilícitos formatos de “cuello blanco”, y cuyos representantes son menos señalados, de forma hipócrita e inconsecuente, por los medios de comunicación y por los órganos de justicia.

Pues bien, en esa búsqueda reflexiva en torno a lo que nos dejó el gobierno de la GANA, encontré en youtube un vídeo en el que el ex presidente Oscar “el Conejo” Berger respalda la toma de Pavón y afirma: “también fue mi gobierno el que promovió la toma del centro de detención de Pavón por un grupo de fuerzas conjuntas del Estado…”.

Más allá de la justa y necesaria investigación que debe abrirse en torno a graves casos de corrupción como lo son la remodelación del Aeropuerto La Aurora y la reconstrucción después de la tormenta Stan, que constituyen una defraudación por cientos, sino miles, de millones de quetzales al Estado de Guatemala; el Caso Pavón es tal vez el que mejor ejemplifique esta atmósfera de encantamiento en el que se desarrolla nuestro espejismo de democracia.

El Caso Pavón es algo así como lo que sucede con Portillo cuando confiesa su pecado y el pueblo lo perdona. Dado el hartazgo de la ciudadanía por la injusticia, la inseguridad, la delincuencia y el crimen, poco le importa a la población si en esa casi “heroica” toma del centro de detención se haya violado los derechos humanos de los reos y se haya cometido ejecuciones extrajudiciales. Nuestro estado mental como nación es tan desequilibrado que, en medio de la selva, aceptamos cualquier salvajada.

A estas alturas de la historia, que está muy lejos de terminar, el hecho de que el Pollo se declare culpable exige repensar algunas versiones y hacerse otra clase de incómodas preguntas. Por ejemplo, es necesario cuestionar el por qué si la CICIG, que actuó tan beligerante contra Portillo, solicitó la captura de Carlos Vielmann en España, no ha promovido ningún proceso en contra del ex presidente Oscar Berger. Si el Conejo era el jefe de jefes, y el entonces ministro de Gobernación era su subordinado, ¿de quién creen que vino la orden?

¿O es que acaso las confesiones del Pollo no tienen el mismo valor que las del Conejo en esta fábula sin sentido? Estas y otras preguntas sin respuesta continuarán en el aire mientras el espectador aplauda las aventuras de estos populares animales.

 

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