La invasión de los tortrix

Por: José Pérez Carbonero

Las chucherías, las aguas, las “bolsitas”, las cajitas de jugos procesados y todos sus secuaces nos han invadido. Detrás, o delante de esto un negocio con gran poder encabezado por las transnacionales iconos del sector, Pepsi, Coca-cola, Bimbo, Lays…nos empujan a un cambio de los hábitos de alimentación tradicionales.

Una invasión silenciosa y  dolorosa  que se  ha  extendido con alarmante rapidez llegando a cada rincón del país. Una incursión que está dejando cantidad de víctimas principalmente en los sectores más vulnerables  nuestra sociedad.

Sus armas, atractivos colores, sabores, imágenes que nos trasmiten un estilo de vida diferente y atrayente. Toman a personajes célebres como anzuelo,  sobre todo del deporte, futbolistas la mayoría, para asociar el producto con un éxito irreal. Una estrategia normalizada en las campañas marketing pero que en este caso provoca más daño de lo habitual.

Entre sus consecuencias, el  impacto en el  medioambiente que el uso de plásticos, latas y envases de todo tipo provocan al  acabar regados por todo el país. En una sociedad que aún no está preparada para un adecuado tratamiento de estos residuos, ni educacional ni institucionalmente, se acumulan sin aparentes indicios de solución al problema.

Pero se puede considerar este como un daño menor si atendemos a otros que afectan más directamente a la salud de la población, y en especial a la niñez. Las chucherías y la comida basura son considerados como un factor determinante en enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión o la malnutrición, enfermedades que provocan la mayor parte de las urgencias e ingresos hospitalarios. Muchos niños obesos, encuentran en la comida basura  y en las golosinas su principal fuente de calorías y son empujados a una vida en la que estas enfermedades les acechan de forma implacable.

Pero la Desnutrición Crónica (DC) infantil,  puede ser  considerado el problema más dramático. Las chucherías no son la única causa de la DC, pero en un país con una tasa de DC global del 46,5% y del 53% en el área rural, en niños menores de 5 años, esta invasión, estos “nuevos hábitos” extendidos como la pólvora están contribuyendo de manera determinante a perpetuar la angustiosa situación.

Las chucherías tienen una elevada carga calórica y un escaso valor nutricional. La DC se produce por la ingesta o la absorción deficiente de nutrientes, que son la parte de los alimentos que aprovecha nuestro cuerpo. Los motivos hasta ahora  más señalados de DC son la falta de alimentos, seguridad alimentaria, la falta de cuidados adecuados, y por último déficit en salud, agua y saneamiento. A estos factores hay que  añadir la incursión de las chucherías que cambian o reemplazan los hábitos tradicionales de comida.

Conocemos que se están perdiendo gran parte de las batallas en la guerra contra la Desnutrición. Los esfuerzos del Gobierno, de las Agencias Internacionales y otras instituciones,  con todos sus programas y grandes sumas de dinero invertidos apenas consiguen concienciar a la sociedad. Frente a la  imperiosa necesidad de acabar con una lacra que condena a cientos de miles de niños de Guatemala a una privación de su pleno desarrollo físico e intelectual, de forma aparentemente inofensiva llegan refuerzos del bando contrario. La Desnutrición Crónica, es crónica, y no es una obviedad, es una tragedia, sus efectos perduran toda la vida de la persona.

Pudiera ser que tiempo atrás, una madre, cuando su hijo de dos años le pedía comida, ella le daba una tortilla, porque no tenía otra cosa para darle, pero ahora esa madre posiblemente le de una bolsita de 50 centavos, o un agua gaseosa. Muchos niños desayunan una vaso de Big Cola y una bolsa de Tortrix, si nos damos una vuelta por las escuelas, vemos a la mayoría de los niños refaccionando esta comida chatarra,  ocurre lo mismo al salir de la escuela. Estos hábitos no son inofensivos, las chucherías ya están dentro de la alimentación cotidiana de una parte importante de las familias, y lo grave es que en muchas de estas familias hay niños con DC. Los niños con desnutrición necesitan una especial atención nutricional, es necesario un sobreesfuerzo de los padres para que los niños reciban la comida, debido a su falta de apetito, ¿y qué reciben? un quetzal para comprar una bolsita, el aliado perfecto a su condena.

 

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