LAGO DE AMATITLÁN: EL PILOTO COMPARATIVO QUE AMSA EVADE

LAS ANTERIORES ADMINISTRACIONES DE AMSA HAN PREFERIDO IMPROVISAR PROYECTOS ANTES QUE REALIZAR UN ESTUDIO CIENTÍFICO QUE DETERMINE CUÁL ES LA TECNOLOGÍA MÁS EFICIENTE EN COSTOS PARA REDUCIR LA CONTAMINACIÓN DEL LAGO. ¿LA RAZÓN? SE VA EL PROBLEMA Y TAMBIÉN LA CORRUPCIÓN… 

Recientemente la activista ambiental y de Derechos Humanos, Daniela Álvarez, publicó un vídeo que ha generado miles de reacciones y comentarios en las redes sociales, que describe cómo ella y un grupo de ciudadanos extranjeros que intentaban realizar un piloto para aplicar una tecnología de origen estadounidense en el lago de Amatitlán fueron intimidados por guardias armados que trabajaban para la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Amatitlán (AMSA), al intentar retirar sus equipos tras ver bloqueado el piloto que podría haber ofrecido un punto de comparación científica con otras tecnologías disponibles para limpiar el agua.

La respuesta que ha circulado en redes por parte de Amed Juárez Sosa, el entonces director de AMSA, removido hace algunos meses de su cargo, es que el señalamiento es “completamente falso”, que los equipos ofrecidos eran basados en un proceso de cavitación y que las “investigaciones por parte de biólogos con experiencia de la institución se determinó que no existía tal proceso de cavitación, constatando que los aparatos denominados por ellos cavitadores eran simples “aireadores”. Juárez agrega que se “generó un informe técnico institucional por parte del Biólogo Manuel Cano, encargado del laboratorio de AMSA, donde se demostraba tal extremo”.

“Son tiempos de política electoral y muchos se quieren agarrar de cualquier cosa. Si tienen pruebas de lo que me acusan que me denuncien al Ministerio Público, solo sé que hice lo correcto.”

Amed Juárez, ex director de AMSA

Lo que Juárez Sosa olvida mencionar es el oneroso nuevo plan para salvar el lago que dejó autorizado en contubernio con el vicepresidente Jafeth Cabrera, sin contar con ningún punto de comparación con otros proyectos y tecnologías, en términos de costo y eficiencia y, más importante aún, que el biólogo al que refiere como encargado del laboratorio, Manuel Cano, se desempeñaba en esa misma institución cuando se autorizó la implementación de la popularmente conocida “agüita mágica” con la que Roxana Baldetti y sus allegados pretendían obtener ilícitamente varios millones del presupuesto de AMSA, engañando descaradamente a la población. ¿En dónde estuvo el rigor profesional de Cano y el laboratorio de AMSA en aquel entonces?

La denuncia de Álvarez en pocas horas superó las 60 mil reproducciones y más de 2,600 veces compartido.https://www.facebook.com/danialdizz/videos/2337306116492057/

Obstruyen plan piloto

El empresario estadounidense Douglas Lewis, propietario de la compañía Wastewater Alchemy Inc., se instaló años atrás en Guatemala, para estudiar la problemática de la contaminación del agua, llamando su interés la grave situación del lago de Amatitlán.

Tras el cambio de gobierno, después de las manifestaciones ciudadanas del 2015, con la esperanza de que la corrupción retrocediera, Lewis decide acercarse a la nueva administración de AMSA, para presentarles una tecnología innovadora que, mediante la creación de un ecosistema que privilegie el crecimiento de un organismo denominado arquea, permite eliminar la contaminación en el agua y los lodos en el fondo del lago.

El plan propuesto por Lewis, sugería utilizar un sistema de lagunas naturales que se encuentran conectadas, justo donde desemboca el río Villalobos, uno de los principales factores contaminantes del lago, lo que permitía prescindir de la construcción de enormes plantas de tratamiento, las cuales han demostrado a lo largo de los años que sus resultados son insuficientes para resolver el problema y que generan altos costos operativos.

No obstante, el abordaje de Lewis, con el apoyo del colectivo “Ciudadanos por el Agua”, no era la contratación de los equipos de Wastewater Alchemy Inc., sino la realización de pruebas científicas que permitieran realizar la comparación entre ésta y otras tecnologías, con el objetivo de establecer la relación entre eficiencia y costos. “La forma más práctica para comparar la eficiencia de las tecnologías disponibles, es la medición de la reducción de la Demanda Química de Oxígeno (DQO), que es la cantidad necesaria de oxígeno que se requiere para oxidar la materia orgánica y oxidable presente en aguas residuales”, explica Lewis, “por eso nosotros propusimos que, antes de invertir cualquier cantidad de dinero público, se demostrara mediante un plan piloto, cuál es la mejor solución para limpiar el lago de Amatitlán”.

El Ing. Amed Juárez, director ejecutivo de AMSA, y Douglas Lewis, representante de Wastewater Alchemy Inc., firmaron un acuerdo de entendimiento para la realización de pruebas gratuitas con esta tecnología moderna, para la reducción de contaminación, algas y lodos, así como para transparentar el monitoreo de los resultados, de forma que se pudiera realizar una comparación objetiva entre los rendimientos de los diferentes tratamientos que se ofrecen para limpiar las aguas del lago.

En noviembre 2016, sin utilizar dinero público, Douglas Lewis junto a un grupo de voluntarios, instalaron dos máquinas de cavitación para iniciar el piloto en las aguas del lago, en el área conocida como Playa Oro, a pocos metros de donde ingresan las aguas negras del río Villalobos.

Revista Perro Bravo fue invitada a documentar la prueba piloto, por lo que 1 semana después de que el equipo empezó a funcionar, este medio realizó la gestión para que Laboratorios Labind, de la iniciativa privada, realizara una toma de muestras y su posterior análisis, con el propósito de obtener de forma independiente, datos sobre la Demanda Química de Oxígeno (DQO), así como análisis DBO5, microbiología y Oxígeno Disuelto, en el área objeto de estudio.

Según consta en el historial de AMSA, el registro más bajo de DQO en la misma zona, para ese entonces, había sido de 20.5 mg/L, y el más alto era de 73 mg/L. Los resultados de las primeras pruebas de laboratorio fueron contundentes: los niveles de DQO se redujeron a 4.5 mg/L, a tan sólo una semana de funcionar las máquinas.

A pesar de que en el convenio firmado entre la institución y Lewis, se establece que “AMSA acepta tomar muestras de DQO de tres a cuatro veces por semana, y a hacer el mapeo de la profundidad de los lodos y estimar la densidad del lodo al menos 1 vez a la semana”, y que “AMSA acepta que los resultados de estos análisis y mediciones se harán públicos en su totalidad y al momento en que los resultados estén disponibles”; en la práctica, AMSA hizo lo posible para evadir ese compromiso.

Solamente ante la insistencia del empresario norteamericano, y ante la solicitud de los datos por parte de este medio, AMSA realizó los primeros análisis de forma unilateral y sin acompañamiento público. No se realizaron los análisis semanales de DQO, ni el mapeo constante de lodos por parte de la institución.

Por el contrario, la relación entre Douglas Lewis y las autoridades de AMSA se fue deteriorando. La corriente eléctrica que alimentaba los equipos empezó a ser cortada recurrentemente, impidiendo que transcurriera una semana completa funcionando interrumpidamente para la respectiva toma de muestras por terceras partes, tales como universidades o laboratorios independientes. Al informar de la situación, así como de actos vandálicos en contra de los equipos, las autoridades de AMSA se limitaban a atribuirlos a problemas del servicio de energía eléctrica y de seguridad, fuera de su alcance.

Otro aspecto importante a evaluar, era el consumo de energía que representaba esta tecnología, por lo que en el convenio también se incluyó una cláusula que establecía que “de forma constante, AMSA acepta medir, registrar y hacer público los Kwh consumidos por cada kilogramo de DQO reducido y por Kg. de lodo eliminado, y tomar decisiones de potenciales adquisiciones futuras, basadas en estas dos métricas”, lo cual tampoco fue cumplido por las autoridades de la institución, evidenciando su falta de voluntad para realizar comparaciones científicas que respaldaran cualquier plan de saneamiento del lago de Amatitlán.

Revista Perro Bravo publicó en su momento los evidentes cambios que se mostraban en las primeras semanas del piloto de Douglas Lewis.
A la semana de que el piloto estuviera en marcha, este medio informativo, a través de su director Alejandro Arroyave, solicitó al laboratorio privado LABIND la toma de muestras de agua y análisis, que evidenciaron una Demanda Química de Oxígeno mucho menor al promedio de la zona registrado por AMSA. Estos resultados fueron divulgados en las redes sociales de Revive Amatitlán.
Más allá del evidente cambio en las aguas dentro del piloto, este permitía tener un punto de comparación con otras tecnologías, pero AMSA debía cumplir con una toma de muestras y análisis de agua y lodos, que no realizó a cabalidad. Imagen: Revive Amatitlán

El nuevo negocio empieza con el terreno

Con el mismo furor con el que Baldetti defendía la contratación de la fórmula “mágica”, el actual Vicepresidente, Jafeth Cabrera, promueve el nuevo plan para limpiar el lago de Amatitlán. “Se tiene planeado un gran proyecto, el costo más elevado es la compra del terreno, con una cantidad de hectáreas que permita desviar todos los ríos que llegan contaminados… se estima que se podrían gastar 150 millones de quetzales para comprar ese terreno, ahí se haría una planta de tratamiento, que es una obligación de los alcaldes pero que nunca se ha hecho…”, explicó Cabrera ante la prensa nacional en octubre pasado.

Según las autoridades de AMSA, el plan denominado “Construcción de Sistema de Lagunaje y Humedal Artificial para Tratamiento Terciario”, que sería construido en la desembocadura del río Villalobos, es un megaproyecto que “ya cuenta con el visto bueno del presidente Jimmy Morales”, para el cuál se requieren alrededor de Q750 millones, iniciando con la compra del terreno de aproximadamente 100 hectáreas.

Sin ningún respaldo científico, ni evidencia que compruebe su efectividad, ya que si existen no han sido compartidos públicamente como aval del proyecto, los ciudadanos han de conformarse con un vídeo promocional que presenta imágenes ficticias de cómo se vería el proyecto, el cual incluiría: un canal de conducción para la captación del río Villalobos hacia el lagunaje, una rejilla de captación de desechos sólidos, un desarenador, lagunas anaerobias con cubierta para captar gas metano (biogás), generadoras de energía con biogás, lagunas facultativas, tuberías para el desfogue de agua, lagunas de oxidación, aireadores para oxigenación del agua, humedal artificial para fitodepuración, una plantación de bambú, un iguanario, patio de secado de lodos, invernaderos, viveros forestales, área de reciclaje de desechos sólidos, un helipuerto, área de capacitaciones y un parqueo extenso.

Por supuesto que todo lo descrito anteriormente, no podrá ejecutarse en la actual administración, por lo que la negociación del terreno es el principal objetivo de la actual gestión de AMSA.

Vecinos de Amatitlán informaron a Revista Perro Bravo, que desde septiembre pasado, personeros de la Oficina de Control de Áreas de Reservas Territoriales del Estado (OCRET), han estado presionando a quienes poseen los títulos de derecho de varios terrenos alrededor del lago, para que los negocien con “terceras partes interesadas”. Así mismo, fuentes allegadas a la Vicepresidencia, confirman que Cabrera ha mantenido reuniones con el director de la OCRET en relación al proyecto de AMSA. Cabe recordar que el director de OCRET es Juan Carlos Ovalle, hijo de uno de los fundadores de FCN-Nación, diputado y actualmente prófugo de la justicia por el caso Creompaz, Edgar Ovalle.

AMSA, sin presentar a la ciudadanía ningún cuadro comparativo, asegura que “el sistema de lagunaje es el más barato del mercado”, y que “con ello se asegura que funcione por gravedad sin necesidad de energía eléctrica o combustible para bombear el agua”. La institución afirma que alrededor de “120 manzanas serán necesarias para la construcción”, que se realizará por fases y “podríamos empezar en el 2019”.

En Septiembre 2018, Amed Juárez, director de AMSA, presentó a la Vicepresidencia el proyecto final del nuevo plan para limpiar el lago. El contenido del legajo no ha sido hecho público hasta la fecha. Foto: Archivo PB/AMSA

Apuesta por un nuevo proyecto sin credibilidad

Como respuesta al anuncio del nuevo plan y su vídeo promocional, las redes sociales han mostrado rechazo y escepticismo, haciendo la comparación con el fraude perpetrado por Roxana Baldetti y las autoridades de AMSA en ese entonces.

La usuaria Victoria Bárbara opina que “años después, resulta que la obra fue sobrevalorada y además quedó inconclusa, los contratistas de pura casualidad resultaron ser familiares del político que lo autorizó, y años después los meten presos. No sin antes pasar por un juicio larguísimo, al final la plata se la robaron y es casi imposible recuperarla… En fin, el mismo cuento de siempre.”

El ciudadano Kevin Luna también comentó el vídeo: “parece que este será el caso Agua Mágica #2, bien se sabe que la corrupción en Guatemala continúa y se me hace que hasta Baldetti contribuyó para que este administración pueda nuevamente robar a gran escala. Espero que quienes que vean este vídeo no se dejen engañar…”.

Una de las razones por las que se manifiesta el rechazo de la ciudadanía al proyecto es que, otra vez, las autoridades pretenden justificar una inversión multimillonaria, sin antes demostrar fehacientemente, a través de un piloto, que las medidas propuestas funcionan, que la evidencia científica establece que estas son las opciones con mejores resultados y mayor eficiencia en costos. No se conoce la participación de ninguna universidad en la planeación del proyecto.

Para el norteamericano que propuso el modelo de comprobación previa, es evidente que los directivos de AMSA prefirieron hacer una campaña, en lugar de privilegiar la ciencia en la toma de decisiones. “Nosotros les planteamos el cultivo de bambú y la captación de metano para generar energía. Siguen sin entender, no funcionará como lo están presentando. El grado de contaminación en el flujo de los ríos es insuficiente para producir metano abundante, la mayor concentración se encuentra en las décadas de lodos acumulados en el fondo del lago, pero ellos no pueden o no quieren comprenderlo”, afirma Douglas Lewis.

Antes de seguir invirtiendo millones, es el deber de las autoridades de Guatemala demostrar científicamente cuál es la tecnología que puede eliminar cada kilo de contaminación a un menor costo.”

Douglas Lewis, empresario estadounidense
Al final del spot de AMSA presentando el nuevo proyecto, muestra una vista área resaltando que su diseño es en forma de mojarra, una simbología que nos recuerda el engaño de Baldetti. Foto: Archivo PB/AMSA

Se buscó más información con Erick Barcárcel, vocero de AMSA, pero no se comunicó de regreso, y en el sitio oficial de AMSA no se encuentran publicados más detalles del proyecto, mucho menos los estudios base.

Después de cientos de millones invertidos en el rescate del lago a través de AMSA, sin que rinda resultados positivos en sus 22 años de existencia, los gobernantes continúan con la necedad de presentar proyectos, sin antes demostrarle a la población que es esa la inversión correcta.

A los políticos no les interesa que se resuelva el problema, porque se termina la fuente de ingresos. Les vale más perpetuar la enfermedad, que permitir que la ciencia la sane. Fallan en comprender el mensaje del 2015, que fue precisamente la descarada artimaña de Baldetti para defender el corrupto negocio en el lago, la que encendió la indignación de los ciudadanos. Corre y va de nuevo…

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