LOS MENTIROSOS

Es muy difícil que alguien acepte frente a los demás que está mintiendo.

Pero si todos afirman que dicen la verdad. ¿Quién está mintiendo?

Podría ser, que quien afirma o piensa que está haciendo lo correcto, afirme absolutamente convencido, que dice la verdad…pero no acepta que dice…su verdad.

Quién lo contradice afirma que miente, sin aceptar que afirma, lo que sostiene, porque según él, el otro,  no dice la que piensa como  su propia verdad.

Esa contradicción no tendría ninguna trascendencia, porque pertenece al mundo de la política y lo político, que en esencia anima el progreso social, siempre que sea en democracia, en razón de que en esa contradicción radica una verdad, que sin ser absoluta, se aproxima a la de la mayoría, porque tiene una dosis aceptable para todos, de la verdad de cada uno.

En nuestra realidad republicana, esa discusión parte de la auténtica participación de la sociedad, que organizada en Partidos Políticos, trasmite sus aspiraciones a los órganos de decisión institucional concebidos como el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que instrumentalizan en su orden: El Ejecutivo, la administración de los recursos para la realización del bien común. El Legislativo, la discusión parcializada de las posiciones ideológicas o partidistas en el seno del Congreso de la República, para orientar las corrientes dominantes en la conciencia social y transformarlas en leyes de observancia obligatoria para todos, y de alguna manera hecha por todos, ya que su elección refleja las tendencias existentes en el  grupo social que les transfiere el poder de transformarlas en leyes. Y  el Judicial, que basándose en la evolución normativa, cuya esencia, analizada por los siglos de los siglos, finalmente se tradujo en conductas regladas, concesionando derechos y fijando obligaciones, que una vez en conflicto las dirimen con sentido y formación profesional las personas investidas de esa facultad  para impartir justicia.

La organización de la sociedad, no ha partido de las ocurrencias, mucho menos del ejercicio abusivo de una autoridad única e infalible. Esa etapa de la historia de la humanidad, fue superada hace muchos siglos.

Lo hizo el Jefe de la Tribu, en los orígenes de la convivencia en grupos, con la autoridad del varón o la mujer, como fue en el Matriarcado, continuaron, la estructuración de las relaciones de fuerza entre grupos diferentes que obligaron a la convención de formas de relación surgidas de la confrontación y las guerras, que hicieron de la Composición, así llamada esa forma de arreglos entre tribus diferentes, para evitar el exterminio mutuo, dando lugar de milenio en milenio a nuevas formas de desarrollar la autoridad y ejercer el poder.

Caciques, Jefes, Emperadores, Reyes o Monarcas, que sujetaban a todos a una sola voz de mando, inapelable y para justificarla…aún más, frente a la ignorancia o temor, se la atribuían, a una delegación divina.

No pretendo hacer el larguísimo recorrido de la humanidad para llegar a formas civilizadas de estructuración social, que finalmente han costado millones de millones de muertes, guerras, sacrificios, odios, la eterna pugna entre la guerra y la paz y aún hoy, si vemos al mundo de hoy, podemos constatar con profunda tristeza, que el adelanto de las comunicaciones en esta aldea global, nos demuestra en una fotografía instantánea, lo poco que hemos evolucionado en la búsqueda de ese bienestar universal

Guerras religiosas, guerras económicas, luchas étnicas, que nos retornan a esa primigenia lucha por el poder, que comenzó tratando de tener el monopolio de la caza del mamut para saciar el hambre, y controlar las cuevas como recinto  de protección y reproducción,  guareciéndose del ambiente hostil y salvaje como una  primigenia forma de cobijarse en familia.

Por toda esa elemental razón evolutiva, que sigue siendo, por ignorancia, tan lejana a la formación básica de los nuevos habitantes de la tierra, que aún hoy, creen que el mundo se inició con ellos, y con un pensamiento primitivo, se creen, en insolencia retrógrada, con la autoridad que les da sus cortas e insignificantes realidades existenciales, con el derecho y capacidad de omitir, lo que le ha costado a la humanidad lograr llegar a la formulación del Estado, el Gobierno, y no digamos la concepción contemporánea del Estado de Derecho y a base de ocurrencias casi siempre disociadoras, atentar, de manera festinada, en hacer un mundo de normas de acuerdo a la necedad de su visión particular.

Cuando ese tipo de planteamientos, surgen de la discusión política en la base de la sociedad, el proceso democrático le da cauces para su desarrollo y consolidación institucional. Sería parte de la discusión democrática de facciones políticas sectarias en la lógica pretensión de imponer su ideología.

Pero cuando parte del poder, deja de ser auténtica y legítima discusión democrática para transformarse en una imposición ilegítima y espuria, por la mentira que entraña la pretensión de legitimarlas, afirmando que son producto de una decisión consensuada y consentida por la sociedad que se verá afectada con esas disposiciones, cuando no es así.

Todos entendemos la naturaleza de una intervención, que nosotros mismos permitimos, por haber consentido la corrupción del sistema y haber confesado en instrumentos internacionales nuestra triste condición de incompetentes e incapaces de enfrentar nuestras miserias.

Recurrimos al saneamiento foráneo, que una vez instalado, en ejercicio de un poder desmesurado y desconocido para la mayoría, decidió fundar su propia república y se instaló en el miedo.

No el miedo para denunciar al lobo y confundir las necesidades sentidas de la población con un sistema de injusticia social que debe revisarse.

No el miedo para evitar el disfrute de derechos iguales para toda la población.

No… No es ese miedo.

Es el miedo a tolerar la mentira de una verdad, supuestamente surgida de la mayoría, que no ha sido consultada, mucho menos instruida y debidamente informada de la  verdadera naturaleza jurídica -si es que tienen algo de jurídico –  y política, y  las verdaderas consecuencias, de los cambios propuestos a nuestra legislación fundamental.

Mentir en cuanto al origen de las propuestas y la legitimidad de la propuesta y no aceptar, que es una iniciativa parcial, con visiones y propósitos  altamente ideologizados, es lo que provoca el innecesario enfrentamiento que se ha instalado en la población y de continuar derivará en confrontación y desasosiego ciudadano.

Decir esto, no es apelar al miedo, es anticipar las consecuencias de una guerra que nos dejó profundas huellas de confrontación y muerte. Nosotros sabemos de qué se trata, y no queremos retornar a tan lamentable y dolorosa situación.

Nosotros sabemos las huellas que aún persisten en nuestras memorias, porque no hay familia guatemalteca, de ninguna etnia, que no haya sido golpeada por aquella guerra que tampoco era nuestra.

Nosotros sabemos, lo que ha significado también la corrupción en las esferas gubernamentales y políticas de la nación. Y sabemos que como consecuencia de aquella guerra, se marginó a la clase política de derechas o de izquierdas, capacitada en su formación y aspiraciones ideológicas, y que dio paso a la falsificación de esa conducción,  por una casta desclasada y descalificada, que fue creda por los dueños del capital, después de la caída del muro de Berlín. Y que al rebelarse posteriormente de sus originales patronos, crearon sus propios clanes de poder y financiamiento de fuentes delincuenciales y de la apropiación de los fondos públicos cuyo destino mafioso,  devastó la educación, la seguridad, la salud y los servicios de todos los guatemaltecos.

Pero es necesario afirmar que esas consecuencias las sufrimos todos y por esa misma razón su solución nos la deben consultar a todos.

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