Los regalos de Ottomoto

Portada Tercera Edición (FINAL)

Edición: DIC 2012
Autor: Redacción Revista Perro Bravo

Ha sido un año muy difícil. El comportamiento de los sectores predominantes en nuestra sociedad en este 2012 que finaliza, ha resultado sumamente complejo. Pero algo resulta innegable: existe una fuerza palpable que, haciendo gala de todos los recursos a su disposición, se opone a cualquier cambio que vaya en contra de sus intereses.

Para nadie es un secreto que el Partido Patriota llegó al poder con el respaldo del sector económico, y el compromiso de permitirle sacar adelante una mínima reforma fiscal. No obstante, como todo Presidente en este país, cualquier otro cambio substancial debería contar con el consenso de la cúpula empresarial o se encontraría con la pared del dinero en el Congreso.
Dicho y hecho. Durante este año el Congreso se ha vuelto una casa de apuestas entre el poder económico y el oficialismo, las bancadas aliadas están divididas por esas mismas dos corrientes, mientras que la oposición se dedica a bailar al son que más réditos le ofrezca. Y para colmo, la misma bancada del Partido Patriota se fragmentó entre los que responden a la cúpula de gobierno y los que responden a la cúpula empresarial, entre los que son afines a la Vicepresidenta y los que siguen al Ministro de Comunicaciones. Un enredo tan bochornoso como desgastante para el gobierno del PP.

Fuera del Congreso las cosas tampoco lucieron mejor: el debate en torno a la búsqueda de nuevas estrategias para afrontar una guerra perdida contra el Narcotráfico, fue criticado por los sectores más conservadores; el conflicto minero sube de tono y genera explosiones sociales cada vez más trágicas y lamentables; la reforma a la carrera magisterial fue recibida con sendas protestas en el país. Por otro lado, las fuerzas armadas sobrepasaron los límites del respeto a los Derechos Humanos en más de una ocasión y, a pesar de los esfuerzos del Ministro de Gobernación por resaltar los avances en materia de Seguridad, la población sigue siendo víctima de una violencia criminal que se proyecta como imparable.

Ottomoto, como algunos comunicadores le dieron por llamar al Presidente de la República de Guatemala cuando la tragedia del reciente terremoto en el país le abrió al Gobierno la puerta hacia donaciones y préstamos de la cooperación internacional; no ha obtenido el viento a favor suficiente para respaldar con acciones sus promesas de campaña. Sin embargo, no se puede negar que la pronta respuesta del gobierno de Pérez Molina ante el desastre, fue destacable y bien calificada por la comunidad internacional. Por un momento se respiró en el país un verdadero aire de unión, cooperación y solidaridad entre la población, las autoridades y los sectores más influyentes. Pero ese sentimiento no duró mucho.

Después del terremoto, las divisiones en el Congreso volvieron a surgir: el Presidente, después de haber gastado millones en publicidad para promover las iniciativas, tuvo que echarse para atrás en su proyecto de reformas constitucionales, y luego con la Ley de Desarrollo Rural, en medio de una atmósfera claramente hostil.

Siendo justos, los guatemaltecos tenemos que comprender que si bien las autoridades electas deben limitarse a lo que la ley les permite hacer, tampoco es edificante para el país que el poder económico haga y deshaga en el Congreso lo que se le dé la gana. Eso no es una democracia ni mucho menos una muestra de respeto al contrato social que concede a nuestros gobernantes, facultades que la cúpula del sector privado no deben manipular.

Lo terrible en ese círculo vicioso es que nuestros gobernantes continúan dando argumentos en su contra, y es que al parecer, dentro de sus mismas filas existen políticos que también se resisten a cambiar tradiciones vulgares y torcidas, como obsequiarle al Presidente de la República en su cumpleaños, sendos regalos que a un mandatario digno le parecerían inapropiados y hasta ofensivos. Aunque algunos personajes cercanos a Ottomoto afirman que su personalidad es humilde y sencilla, los diputados no dejan de aprovechar su gusto por las motos para seducirlo con ellas. Y ahora, después de casi un año en el poder, subieron de nivel y, entre diputados y altos funcionarios del Ejecutivo, hicieron coperacha para regalarle un Jaguar y un yate. ¡Por favor Presidente!, ¡¿qué mensaje implícito conlleva esos regalos?!… ¿es acaso un agradecimiento por los negocios obtenidos? Cuídese señor Presidente, nadie regala nada porque sí. No vaya a ser que quienes le obsequien esos espléndidos artículos lo hagan para meterle zancadilla.

Llegó el último mes del 2012 y con él, la celebración del B’aktun. No queda más que esperar que esta se lleve a cabo en medio de una atmósfera de armonía y paz entre la población, y que este nuevo comienzo venga acompañado de un verdadero cambio de conciencia que alcance no sólo a nuestros gobernantes sino también a aquellos que dirigen las potencias dominantes del mundo entero. Nos veremos en el 2013.

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