LUCHEMOS POR NO SER TRAMPOLÍN

EL MENSAJE ESTÁ CLARO, LA AGENDA ESTÁ HECHA, EL RESULTADO INCIERTO… PELIGROSAMENTE INCIERTO.

Los listos de hoy, serán juzgados con severidad mañana. No hay política eterna y la historia de nuestro país, es un claro ejemplo, de que no hay amigos ni enemigos permanentes, sólo intereses, coyunturales y geopolíticos en los cuales, nuestra mediocridad históricamente sostenida frente a esas realidades implacables y terminantes, nos han situado entre el entreguismo incondicional o la sindicación mutante. En el pasado, como comunistas, anticomunistas respondiendo a la política de confrontación en nuestro territorio de las dos megapotencias de la época EEUU y la Unión Soviética en la disputa y defensa de sus zonas de influencia. Y hoy, como narcotraficantes, corruptos o mafiosos; valga decir, que la mayoría de las veces de manera justificada y con el apoyo de la población. Los incondicionales de ese ayer, son los culpables de hoy, quizá ya no nos tocará ver a los socios de hoy, como los culpables de mañana.

Pero la verdad inocultable es que en cada una de esas etapas se pone en juego la realidad actual de las generaciones que les toca vivir el momento, que hoy es realidad, y mañana será historia.

Nuestra realidad de hoy y sus indicadores de desarrollo económico y humano, nos señalan clara y dolorosamente, que la suma de todos nuestros tiempos, con sus desencuentros ajenos, y que nos los hicieron propios, no han hecho de nuestros pueblos, el mejor ejemplo, ni siquiera por aproximación, de desarrollo y felicidad de sus sociedades.

Lo delgado de nuestra geografía frente a los dos continentes contiguos, en lugar de un puente próspero y estratégico para su desarrollo, nos transformó en una especie de trampolín con el cual sus ciudadanos y los emigrantes del mundo quisieran impulsarse para el territorio de la potencia más poderosa de la tierra.

Esa situación nos transformó en una zona estratégica, no por su ejemplaridad, sino por su peligrosidad para la seguridad de Los Estados Unidos de América.

Antes por el peligro de volvernos comunistas, hoy por el peligro de facilitarle el paso, a terroristas, narcotraficantes, y traficantes de seres humanos, que en larga fila esperan, unos para sobrevivir y otros para destruir al imperio, cada cual con sus sueños o drogas, o planes de terror, llegar a territorio estadunidense.

Siempre nosotros, en la picota de la duda, del riesgo, entre la sindicación de aliados o enemigos de quienes hoy, a partir de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, hicieron del gigante del norte, el autoproclamado y único imperio.

A estas alturas del siglo XXI, que todos soñamos como el de la luz, la paz y el desarrollo al servicio de la humanidad, transformado en el de las guerras regionales por la dominación del petróleo, guerras de baja y alta intensidad, como siempre destructivas, pseudo religiosas y pseudo étnicas, pero guerras al fin, que avanzan inexorablemente en dirección de la explosión de un nuevo conflicto mundial.

Rusia tratando de recuperar su antiguo imperio, China consolidando el avance impresionante de su mercado interno, programado por etapas para equilibrar en el espacio y en el tiempo la certeza de un consumo creciente, combinado con una agresiva exportación de capitales y asistencia técnica hacia países en desarrollo y desarrollados como los propios Estados Unidos de América, cuya deuda externa los hace socios inevitables, a unos para cobrar y a otros para poder pagar.

La Unión Europea en la crisis del retorno a los peligrosos nacionalismos populistas, que ponen en riesgo la integración permanente de todos sus socios, cuya señal más alarmante la representó la salida de Inglaterra de su seno.

Para los efectos de este trabajo, el análisis global y todas sus peligrosas e inciertas incidencias, sólo nos sirve para confirmar que la decisión de implementar toda una estrategia de control y el manejo de los temas que preocupan a los Estados Unidos de América, están íntimamente ligados, con la peligrosidad que representa para su seguridad nacional, las lacras instaladas en nuestro territorio: Crimen organizado, narcotráfico, terrorismo supra continental, infiltrado en las migraciones masivas, trata de seres humanos, y especialmente la corrupción, que viene a constituirse, por la debilidad institucional o ausencia de Estado, en el mejor aliado de todas esas actividades que nos retratan a los países del Triángulo Norte, El Salvador, Honduras y Guatemala, como altamente peligrosos.

Esa realidad nos obliga a definir una política nacional, que tome en cuenta esas preocupaciones del país del norte, sin degradar nuestro derecho a la decisión política y desde luego sin desmedro de esa soberanía, tan maltrecha históricamente que nos hizo perder Chiapas, allá por los 871, Belice, en esa interminable discusión sin mayor destino, y hoy por hoy por las disputas y reivindicaciones de los pueblos originarios que ponen en riesgo gran parte de nuestro territorio por las escisiones territoriales en las que puedan concluir nuestras diputas étnicas tan estimuladas por la insensatez de quienes destruyen nuestra identidad nacional como guatemaltecos.

El Triángulo Norte y su Plan para la Prosperidad, no es suficiente para combatir los temas que preocupan e impulsan las políticas extranjeras en curso.

El financiamiento de 700 millones de dólares es insuficiente en relación a la inversión que reclama Centro América, entiéndase bien Centro América y República Dominicana, para propiciar un desarrollo acelerado en el Istmo Centroamericano, que garantice la estabilización de las poblaciones que hoy no tienen más alternativa que buscar el sueño americano, y que encontrarían en la región la satisfacción de sus necesidades esenciales, de trabajo, educación, salud, vivienda y desarrollo al que tenemos derecho y los recursos viables para alcanzarlo.

El plan existe, el financiamiento necesario también y si a este planteamiento sumamos la comprensión que la solución está en Centro América y República Dominicana y la creación en nuestro país de la Zona Estratégica de Desarrollo Regional Centroamericano, que en el corto plazo garantice los indicadores en infraestructura, desarrollo humano y social que reclaman las poblaciones de Quetzaltenango, Huehuetenango, Quiché, San Marcos, Totonicapán y Sololá como zona adyacente al Gran Mercado del Norte, México, Estados Unidos y Canadá, y que llenaría los déficit de seguridad que tanto preocupan a los Estados Unidos y provocaría una explosión de desarrollo en toda la región y República Dominicana, país que ya participa de manera activa en la política regional.

Un proyecto de esta magnitud reclama una inversión básica de aproximadamente cien mil millones de dólares, que en la dimensión de nuestras minúsculas economías parecen interestelares, pero que en un mundo rebosante de capitales cuyos rendimientos en el mundo financiero alcanzan intereses ínfimos y reclaman proyectos de inversión redituables en alianzas público privadas, pueden en el corto plazo cambiar nuestra realidad política y económica.

Muy pronto, y ruego a Dios así sea, nuestros Presidentes debieran verse abocados a discutir este tipo de planteamientos. En sus manos y en las de otros estadistas de gran tradición e influencia integracionista, está el discutir estas soluciones radicales y definitivas.

En Guatemala, tenemos al personaje capaz de impulsar y coadyuvar a esos esfuerzos, y que lo sigue haciendo con gran acierto. Ya lo realizó con éxito pero con poco reconocimiento en el logro de la Paz Centroamericana, hace 30 años con Esquipulas I y II a finales de los años ochenta.

Yo confío que con la Voluntad de Dios y también la comprensión de los jerarcas de la nación del norte, podamos alcanzar el propósito de hacer de nuestra región un gran puente de esperanza, verdadero progreso y paz para sus propios habitantes como anfitriones del mundo, en lugar de seguir sirviendo de trampolín para saltar al norte.

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