MALNACIDO

Se dice que ante una tragedia o desastre natural, los guatemaltecos se unen y se apoyan entre todos, y es cierto en la mayoría de casos, pero aquí, como en otros países, también habitan los malnacidos. Esos que hacen de la pena ajena, su miserable oportunidad.

Cuando digo malnacidos, me estoy refiriendo a aquellas personas desalmadas, que carecen de algo en su interior que a los demás nos inspira a ayudarnos y apoyarnos entre nosotros, pero que al faltarles a estas personas, quedan incapacitados de tener respeto alguno por la vida, ni por el derecho de los otros.

Problemas todos tenemos, dolores todos llevamos, pero hay algo adentro que nos mueve a querer ser mejores, a hacer bien las cosas, a cuidar de los nuestros. Sentimos ese llamado a hacer el bien y no nos habituamos a la idea de ganar algo pisando al otro. Por eso no creo que tener una difícil experiencia de vida sea justificación para convertirse en gente mierda.

La mayoría de personas hemos hecho del sufrimiento propio un aprendizaje, un camino de crecimiento y de superación personal, no una justificación para abusar de otros.

Es obvio que en la política es donde más abundan los malnacidos, y ahora en este desgobierno parece que se reciclaron los malnacidos de anteriores administraciones, pero también los hay en otros círculos en los que se camuflan para pasar desapercibidos. Repiten las opiniones que escuchan de otros, actúan como lo hacen los demás, ríen y hasta lloran con tal de fingir que sienten algún tipo de empatía.

Y es ahí, cuando el resto ha bajado la guardia, que aún en medio de esta jodida situación de la pandemia, con personas desempleadas y empresas agonizando, los malnacidos siguen robando y estafando a otros porque no sienten respeto por nada. No les importa que después sean descubiertos, porque no son tan siquiera capaces de respetarse a sí mismos.

Me siento afortunado porque mis encuentros con malnacidos cada vez son más esporádicos, pero cada cierto tiempo aparece uno que nos viene a recordar que no todos merecen confianza ni la oportunidad de acercarse.

El fin de semana pasado, un malnacido llegó a recoger un pedido para llevar que al restaurante 7Caldos de Ciudad San Cristóbal. Yo estaba supervisando la calidad y agilidad en los pedidos cuando se me acerca el tipo y me saluda con tanta familiaridad que me hizo pensar que, por lo menos, podríamos tener un amigo en común con el que alguna vez compartimos mesa y, sobre todo, creí que era un apreciado cliente.

Prontamente se le entregó su pedido y al momento de pagar, me pidió que le aceptara dólares, lo cual no es usual pero tampoco cosa de otro mundo. Yo accedí.

Pero a este subnormal no le bastó, me suplicó que le cambiara 200 dólares más porque necesitaba quetzales para hacer otros pagos inmediatos . Con el único interés de apoyarle, le giré un cheque a su nombre. Como ya los amigos lectores han podido adelantar a estas alturas, los supuestos dólares eran completamente falsos, una buena imitación eso sí, seguro hecha por una banda experta falsificadora de dinero que debería estar siendo perseguida por el Ministerio Público.

Yo ya no acudí al MP, la última vez que lo hice, en lugar de recibir justicia y compensar la pérdida, terminé siendo extorsionado, recibiendo llamadas a media noche de supuestos trabajadores del MP que querían hablar conmigo a esa hora. Tampoco se puede confiar en el desgobierno actual que es incapaz de brindar seguridad.

Uno de los perfiles en Facebook, como muchos otros, que utiliza un malnacido

Sin MP y sin gobierno, lo que nos queda a los mortales es apelar al poder de las redes sociales, y así lo hice. Por las redes sociales es como nos enteramos de la fiesta ilegal en la mueblería O3, de las agresiones en contra de agentes de la PMT, así como de los abusos de los malos elementos de la PNC. En pocas palabras, las redes sociales son más eficientes para identificar y exponer a los malnacidos, que cualquier autoridad institucional que tenga la misión de combatir el crimen y proteger a los ciudadanos.

No hay que perderse, esto no es cuestión de la pérdida de dinero, lo material se repone. Lo más grave y reprochable en la conducta de los malnacidos es que al violentar la confianza de las personas y abusar de la buena voluntad, refuerzan la idea de que no debemos confiar en otros, y eso sí que es un daño casi irreparable a la sociedad, porque nos obliga a vivir dudando de otros y de nosotros mismos. «Si te pisan es por baboso», una idea tan pura mierda y tóxica, que hace que las personas se confundan y crean que todos son malnacidos cuando no es así.

El nombre del malnacido en este relato es Carlos Eduardo Gómez, alias «Cane» o «Kane». Mucho después recordé que ya me habían advertido de él años atrás. Al parecer, este tipo ha estafado a otros negocios que tienen miedo de denunciarlo públicamente porque no saben quién podría estar detrás, pero más temprano que tarde, lo alcanzará su sábado.

Quede este testimonio como un mensaje a los malnacidos, o malparidos si prefieren, en todo el mundo. Por ustedes no dejaremos de confiar en el ser humano, no abandonaremos la esperanza de que podemos evolucionar y superarnos como personas y como sociedad. Ustedes no representan a la humanidad, porque alguien que puede sentarse a comer lo que le ha quitado a otros, simplemente no es uno de nosotros.

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