NACER, CULTURA, ORDEN SOCIAL, DOMINACIÓN, ESTRUCTURA DE VIOLENCIA…

Por Unite Global / contacto@uniteglobal.org

El gran acontecimiento de una nueva personita en la familia, desde el embarazo hasta el momento del nacimiento, no es sólo un hecho biológico que ocurre en el cuerpo de la mujer, es un evento cultural. Se crean, o construyen simbologías y comportamientos que nos ayudan a dar significado al evento, el cual es propio de la época, el contexto y la cultura. Es decir, que este acontecimiento tan increíble, el nacimiento de un nuevo ser, no sólo es fisiológico, sino que existe “la ambigüedad de la interacción entre lo biológico y lo cultural; lo individual y lo social” como decía Gianfranca Ranisio, en “Venire al mondo. Credenze, pratiche, ritual del parto (1998:8)”.

En Europa, hasta el siglo XVII, tanto el embarazo como el parto era “un tema de mujeres”. Con la profesionalización del oficio, los hombres vieron la oportunidad de ganar dinero en una nueva área de la medicina, entraron de forma masiva dejando a las mujeres fuera del “negocio”. Empezaron a retratar a la mujer de ignorante en lo relativo al embarazo y parto. Las mismas mujeres se lo creyeron, dejando de confiar en si mismas y en su instinto, buscando al doctor para cualquier tipo de duda. Este evento hasta entonces privado, se convirtió en un acontecimiento público y de importancia para el Estado. Las comadronas fueron excluidas, tratadas de ignorantes al no poder acceder a la tecnología, usada solamente por los hombres; las mujeres no tuvieron acceso a la educación Estatal hasta el siglo XIX. Estos hombres profesionales trabajaban en las ciudades, trataban a la clase media que eran los que podían permitirse esta nueva forma de parir. El resto de la población siguió utilizando a las comadronas, pues era su única opción. Así nació una nueva cultura del embarazo y parto, que al ser una actividad que ocurría entre las clases dominantes, se proclamó la correcta y única posible, convirtiéndose así en una estructura de dominación. Quizás podamos reconocer la situación actual de Guatemala en estas palabras.

El análisis de Max Weber sobre el poder y las estructuras de dominación, nos ayuda, en este caso, a entender la relación existente entre diferentes creencias, estructuras, o formas de percibir y experimentar el embarazo, y parto. Weber expuso, que los individuos en una sociedad asignan representaciones subjetivas a las situaciones y actúan según esa percepción. Poder, es la aptitud de imponer y cambiar esas representaciones subjetivas, es decir, cambiar la percepción del otro; la dominación es una forma de poder, el que obedece evidencia en su acción que el contenido de la orden o precepto es considerado un imperativo categórico, o máxima kantiana. Siguiendo el análisis de Weber, podríamos decir, que existe claramente un intento de imposición de la medicina obstétrica a todas las demás, considerada como la única válida, la mejor sin duda alguna. Da lo mismo con qué medicina la comparemos, china, asiática, tradicional, cualquier ‘otra’ es considera inferior automáticamente, aún cuando ni siquiera se conoce.

Da igual si el Observatorio de Violencia Obstétrica y la Organización Mundial de la Salud nos advierten sobre el grave problema global de la violencia que produce la medicina obstétrica en la salud pública. Claro, es la estructura dominante, cualquier problema que tenga esta estructura siempre será considerada menor. Aunque no tengamos ni idea sobre el tema, hemos interiorizado, hemos asumido que “la medicina obstétrica es la mejor y punto”, no hace falta mayor análisis.

La idea de que una madre no sabe nada de embarazos y partos, es simplemente absurda. Este intento de dominación absoluta, es contraria a lo que la ciencia proclama y promueve; una mente abierta, curiosa e integrante. En vez de eso, no deja espacio a la mejora, por lo que tampoco es auto-crítica, ni busca un conocimiento mayor, ya es poseedora de la verdad absoluta ¿a quién sirve esta forma de proceder? ¿quién gana ignorando la sabiduría de las mujeres sobre temas que sólo ellas experimentan y viven? ¿quién gana haciéndonos creer que las mujeres son ignorantes y no saben lo que les pasa? Necesitamos a ‘otro’ que nos lo explique. Si pudiéramos unir lo mejor de los dos mundos, abiertos de mente, sin imposición, quizás conseguiríamos una medicina sin violencia, sin imprevistos fatales. Quizás sea necesaria una mayor auto-crítica, una mente más abierta para dejar siempre espacio al crecimiento, a la mejora, pues como decíamos al principio, estamos atados a nuestra época, contexto y cultura. Todo está en constante cambio, nada es absoluto.

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