NARCOPODER Y LAS EMPRESAS PANAMEÑAS DE CARTÓN

Editorial 43

Desde que se empezó a publicar parte de la gigantesca investigación en la que participaron más de 400 periodistas de más de 100 distintos medios informativos de diversos países, bautizada como “Panama Papers”, se ha iniciado una ola de indignación ciudadana a nivel mundial que apenas empieza, pero que promete proveer del combustible que necesitan los ciudadanos para unirse y cambiar las cosas.

La filtración inicial que desencadenó la investigación, contenida en más de dos terabytes, incluye un total de 11.5 millones de archivos que registran los negocios a lo largo de los años del bufete Mossack Fonseca en Panamá, dedicado a proveer de sociedades para esconder la identidad de los propietarios de fortunas de cuestionable origen y para evadir el pago de impuestos en sus respectivos países.

Entre los documentos y actas de alrededor de 214 mil sociedades, destacan empresas ligadas a políticos y empresarios de todo el mundo. De acuerdo a un análisis del periódico Le Monde, de lo revelado hasta ahora se puede concluir que entre los usuarios de las sociedades off shore que figuran en los Documentos Panamá, destacan 12 jefes de Estado o de Gobierno, 6 de ellos en ejercicio, 128 políticos y altos funcionarios, y 29 de las 500 personas más ricas del mundo.

Pero claro que ni Mossack Fonseca es la única firma de abogados dedicada a crear empresas de cartón, ni sus clientes se limitan a empresarios y políticos corruptos; las fortunas del narcotráfico también encuentran sus puertas en estos esquemas para poder bancarizar su dinero y darle apariencia de legítimo.

Como estará de podrido el sistema, que un “prestigioso” bufete de abogados, representante de esta firma en nuestro país, pudo chanflear en el MP un proceso, a todas luces ilegal, para poder tener acceso a una curul en el Congreso, y desde ahí, manosear las leyes de toda la nación.

Por otro lado, en Guatemala recientemente se dio a conocer un caso en el que dinero venezolano de dudosa procedencia, vinculado a estructuras criminales de ese país, trianguló fondos desde una empresa panameña de maletín hacia cuentas estadounidenses; y desde ahí, realizó inversiones en un banco guatemalteco, con la autorización de la Superintendencia de Bancos.

Los ciudadanos deben despertar a la consciencia del peligro que implica recibir dinero proveniente del narcotráfico o de la corrupción, y presionar a las autoridades para que cumplan con su trabajo. Debemos cerrar filas todos los sectores para impedir el ingreso de fortunas sucias que empobrecen a los pueblos, porque devoran el presupuesto de países urgidos de inversión social y porque simplemente corroen todo cuanto tocan.

Vemos con mucha pena, como esta influencia oscura penetra incluso al sector informativo. Que otrora destacados, incisivos y sagaces periodistas, se pongan de bruces para hacerle las preguntas más cómodas a personajes que han dejado un rastro de negocios turbios en sus países, sin el mínimo esfuerzo de contrastar con la información que medios y agencias de noticias internacionales han divulgado; ya ni siquiera viajan a buscar las fuentes, sino éstas convenientemente los buscan a ellos para darles su versión de las cosas. Pero entendemos su situación, al fin de cuentas, sabemos de lo que es capaz el narcopoder.

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