NASTY POLITICS & NARX

DIRÍA JOE BIDEN DESPUÉS DE HABLAR DE LA CICIG

por Alejandro Arroyave

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No puedo dejar de comentar la foto de Joe Biden, publicada en Prensa Libre para ilustrar la noticia de la respuesta del presidente Otto Pérez Molina en torno a que no aceptará imposiciones, en referencia a las declaraciones que hiciera el vicepresidente estadounidense respecto a la necesidad de que la CICIG permanezca en el país si se espera que el Congreso de EE.UU. apruebe la inversión por más de US $1,000 millones para el Plan Alianza para la Prosperidad en el Triángulo Norte.

El fotógrafo Esbin García, agudo como siempre, logró retratar la forma en cómo el vicemandatario se relaciona con los presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador. Si bien Joe Biden ya se ha caracterizado por su desenfado en este tipo de eventos, pareciera más bien que se resiste a tomar en serio a los mandatarios centroamericanos.

EE.UU. ha tomado como una amenaza a su seguridad interna, la migración constante de centroamericanos hacia su territorio. La oleada de migrantes menores los puso el año pasado en medio de una crisis humanitaria. Ahora, Washington envía un mensaje claro a través de Biden: invertiremos para reducir la pobreza y la violencia, pero necesitamos garantías que no se perderá en corrupción y en el fortalecimiento de las operaciones del crimen organizado.

Se trata de un principio muy claro: “el que paga manda”. Pero más allá de la condicionante gringa, de su legitimidad y su sentido de lo justo, lo cierto es que la reacción de Otto Pérez Molina deja un amargo sabor de boca. Diferente fuera que expresara su resistencia a aceptar imposiciones un mandatario probo que no tenga cola que la CICIG le machuque.

No es que opine muy bien de la política gringa, mucho menos con sus políticas internacionales, pero al menos han desarrollado cierto recato y altura en su práctica, que hace lucir muy mal los berrinchitos de mandatarios como el nuestro, que no puede esconder su apuro porque deje la CICIG deje el país y su tormento desaparezca.

Claro que al gobierno del Partido Patriota no le conviene que un organismo internacional que anunció investigaría el financiamiento de los partidos políticos permanezca en el país; ni al gobierno central ni a la red de alcaldes corruptos que se les alinean. Saben bien que la CICIG encontrará si contara con el tiempo para seguir investigando, dos fuentes recurrentes de financiamiento: la corrupción y el narco.

¿Mi opinión de la CICIG? Su tiempo ha terminado, reinventemos un organismo internacional que fortalezca las instituciones pero que respete nuestra soberanía y el Derecho constitucional, y que brinde las garantías apropiadas que el gran hermano del Norte demanda para “echarnos la mano”. Por eso, la pataleta de Otto más bien huele a miedo.

 

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