¡OH! …Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS, SI HASTA CHESPIRITO SE MURIÓ

Danilo Roca

 

Finalmente llegamos al 2015, año reservado para el más grande acontecimiento político de la nación. Las Elecciones Generales, que marcará el rumbo a partir del 14 de enero del año 2016.

 

Uno racionalmente no se explica la velocidad del tiempo en nuestros días, sólo te das cuenta, que cuando comienzas a olvidar la última navidad, las exigencias del efímero calendario te reclaman  armar el arbolito de nuevo.

Y del ambivalente  recuerdo de alegría y pena por las carencias que destapa diciembre, pasar a la angustia que plantea el mes de enero con toda su parafernalia de exigencias y costosos requerimientos.

 

Pagar las deudas acumuladas de diciembre, prepararse para enfrentar frontalmente al enemigo encubierto en las inocentes listas de útiles escolares, el pago de todos los gastos y la incertidumbre de enfrentar un nuevo reto de supervivencia, frente a  los doce meses que se plantan frente a uno y lo retan a derrotarlos nuevamente, uno por uno, hasta noquear a diciembre y empezar de nuevo la incierta ruleta de la vida

 

Pero remarcar esas circunstancias, en los albores del reto de los próximos doce meses, sería un acto sadomasoquista, impropio de los deseos que fraternalmente debiéramos de compartir, que nos induce a protegernos en grupo, evitando en lo posible, sucumbir frente a la marea revuelta que como premio adicional a nuestra desesperanza nos trae el 2015.

 

Me refiero a esa parodia inclemente y brutal, que nos azotará el próximo año, arreciando la lluvia de promesas electorales, arrasando los recursos del erario público, que transforma los servicios sustraídos a la población, en un cínico reciclaje, casi siempre repetitivo, por incumplido, de aquellas promesas con las que nos apabullaron hace cuatro años.

 

Los de la concertada oposición, haciendo acopio de todas las maniobras lícitas o ilícitas, terminarán de ofrecer en el mercado de las tranzas, ministerios y entidades a cambio de una voluntaria donación, transformable en poder y prioridad en la lista de nuevos contratistas.

 

En la caja chica de la campaña se acumularán las contribuciones de los candidatos menos importantes, que pujaron y salieron favorecidos con la adjudicación de diputaciones y alcaldías. Concesión que les garantiza poder poner también en su mini mercado de valores, ennegrecido por la corrupción.

 

La sacrosanta Democracia transformada en un enorme mercado, cuyos cimientos fueron construidos con  sangre de mártires y que se ha convertido en una plaza similar a la que encontró el mesías cuando expulsó a los mercaderes del templo.

 

Muchos han apostado y otros siguen apostando a que alguien vendrá a buscar en los escombros del idealizado monumento democrático, algún signo de dignidad y amor patrio sobreviviente a las tormentas de los últimos veinte años. Yo mismo he confiado en que esa luz vengadora aparezca oportunamente para desplazar tanta y maligna obscuridad.

 

Pero no es fácil administrar el desastre. Levantar muros de civismo y organización, sobre los que se pueda edificar nuevamente ese monumento a la esperanza ciudadana.

 

El reto luce desproporcionado, se me imagina como el ejercicio de encontrar en dos cuadros que parecen iguales, las cinco diferencias. Pero esa tarea, frente a la de discernir en qué se diferencian las ofertas electorales que presenta  esta tormenta, resulta fácil y casi infantil.

 

En el caso electoral, si son verdaderamente iguales, y por más esfuerzos que se realicen para anotar las diferencias entre y uno y otro ventarrón de la tormenta, resulta casi imposible. Iguales en todo, veamos:

 

  1. Ausentes del escenario de la realidad nacional.
  2. Desconsiderados en su instinto de acabar con todo.
  3. Irresponsables usurpadores de la esperanza y crueles ejecutores de su despiadada ambición.
  4. Recaudadores desvergonzados e insaciables de recursos que transformarán en bonos al portador, realizables en granjerías y negocios en los próximos cuatro años.
  5. Desafiantes incitadores a la revuelta popular  que acabe con ellos mismos.
  6. Cínicos estafadores de la buena voluntad de un pueblo, con necesidades ingentes, que cada cuatro años la transforma en votos, como única forma de ofrecer a cambio, su defraudada gratitud.
  7. Avorazados esquiladores de una lana cada vez más escaza que trasunta sangre porque ya no tiene, ni siquiera piel.
  8. Traficantes de lo que no se puede vender en la plaza pública, por ser bienes preciados, que protegen, La Paz, La Felicidad, El Trabajo, La Salud, Seguridad y Educación del Pueblo.

 

De ese tamaño la sorpresa que nos tiene deparado el 2015. Una mezcla de todos los fenómenos meteorológicos juntos, que hacen que muchos ciudadanos piensen en  Portillo en proceso de liberación, para que venga a deshacer el hechizo. Ciudadanos que le asignan a la hija del General, no sólo la magia de su arrebatadora mirada,  sino que esperan que sus ojos disparen rayos y centellas que alejen también el maleficio, y  otros alientan a Serrano que abandone el canal y el ostracismo y venga a levantar sus ejércitos escondidos, para sacar del palacio abandonado antes de tiempo, a todos los demonios que lo habitaron después de él.

 

Es tan delicada la situación, que con la tormenta encima, todos afirman que cualquier milagro es bueno con tal de terminar con la maldición que durmió a nuestra Democracia, en ese profundo y aletargado sueño, del que ya no despertó, mientras destruyen su reino.

 

Este mes, la tormenta entró por fin a tierra firme, las lluvias que anunciaron su llegada y que no han parado estos tres años, no son nada, ante su fuerza brutal y devastadora.

 

Chespirito se murió, el mismo que hizo la última película de James Bond, vuelve a la pantalla y ya le conocemos los trucos, Súperman perdió fuerza frente a Godzilla, Batman y Robin finalmente salieron del closet y al parecer se casaron en la nueva era de la tolerancia, El Fantasma murió hace mucho tiempo y lo enterraron atrás de la catarata de la Calavera, Harry Potter creció y perdió todos sus poderes, El Señor de los Anillos murió un poco antes. Y nuestro Perro Bravo está tan furioso, que lo tenemos amarrado por temor a que le de Rabia.

 

En fin ni los reales ni los ficticios aparecen ahora que se les necesita,  como en una corrida de toros en proceso de suspenderse, hay un montón de toros, una plaza llena, pero ni un solo torero que enfrente al animal.

 

Las playas ya han sido tomadas por la tormenta, necesitamos un muro ciudadano que la frene y disminuya su maligna potencia. Y ciudadanos sí hay, pero cómo convocarlos a que integren el muro es lo que se reclama de urgencia. Así como las montañas sirven para aplacar las tormentas y partir el huracán, un muro ciudadano puede llenar la impostergable misión de enfrentar esta tormenta.

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