PRESIDENCIA, CICIG Y CC

Guatemala ha venido experimentando distintos episodios que forman parte de una misma crisis de Estado, que tiene su origen no en la clase política, ni en los empresarios, sino en la falta de identificación de los ciudadanos con sus instituciones, mediante las cuales pueden esculpir el país que quieren.

Millones de guatemaltecos, sumidos en los problemas del diario vivir y muchas veces ahogados por la adversidad, tienen dificultad para entender porqué la política es un asunto que nos debe importar a todos, todo el tiempo, no solamente a algunos cuantos y de cuando en cuando.

La gran mayoría de nuestros problemas tiene su raíz en la podredumbre a la que hemos abandonado el sistema electoral y de partidos políticos. ¿Cuántos realmente están interesados en integrar una institución para la formación política y el ejercicio cívico? ¿Cuántas voluntades hay realmente involucradas en reformar la LEPP? Como pueblo aun no conectamos muy bien la causa y el efecto con la realidad que vivimos.

Vamos a seguir criticando y despotricando, hoy contra un bando y mañana contra el otro, o bien, si nos lo proponemos, podemos empezar a labrar ahora el sendero que lleve a los ciudadanos al poder público, para que desde ahí se puedan hacer los cambios que por mucho tiempo la clase política, no ha tenido la capacidad ni la voluntad para resolverlos.

Nadie va a solucionar nuestros problemas, nadie más va a vivir nuestra vida, ni va a experimentar nuestra historia. Guatemala es nuestra tanto como nosotros decidamos entregarnos a ella. Esta es la oportunidad que tenemos de participar en la construcción de una nación y se nos está yendo de las manos.

Hoy existe agitación y enfrentamiento por la decisión del presidente Jimmy Morales de no renovar la CICIG y de negarle el ingreso al comisionado Iván Velásquez, pero poco interés en buscar puntos de encuentro, en establecer mecanismos de consenso, para identificar lo que nos une, para construir lo que anhelamos.

La ineptitud en la Presidencia, el protagonismo de la Corte de Constitucionalidad, y la dependencia insana de la CICIG, todo se debe a la debilidad de las instituciones del país, porque los guatemaltecos se han resignado desde hace décadas, a la suciedad de la política, y han dejado de implicarse en la construcción del Estado que necesitan y quieren.

Lo que apenas queda de nuestras instituciones, debe servirnos para recordar que estas fueron forjadas con lucha, con arduas batallas y prolongado esfuerzo, por ciudadanos verdaderamente comprometidos con hacer país.

Dejemos de extender la mano y de esperar que alguien haga algo por nosotros. Si queremos una nación independiente, decidamos hoy, sostener con las manos de la determinación y del ahínco, las riendas de nuestra vidas, de nuestras comunidades y de nuestra Guatemala.

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