QUE EL MUNDO SE ENAMORE DEL SABOR DE GUATEMALA

MIRCINY RESPONDE A LAS PREGUNTAS DE PAPÁ

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Mirciny junto a su padre, nuestro amigo y columnista, Demetrio Moliviatis. Foto: Archivo

En Perro Bravo siempre estamos dispuestos a hacer cosas diferentes. En el mes de febrero dedicamos este espacio a un experimento fuera de lo común. Mirciny “Misha” Moliviatis, reconocida chef guatemalteca, Embajadora de la Cultura Gastronómica de Guatemala, que se ha ganado, a punta de talento y mucho trabajo, un prestigio nacional e internacional por su visión de la gastronomía guatemalteca; es para Demetrio, su entrevistador, antes que nada “mija”.

Aquí compartimos el extracto de una entrevista especial, de padre a hija, una de esas experiencias tan interesantes como deliciosas…

La primera pregunta es… ¿cómo te sentís de tener un padre como yo?

Depende la ocasión (risas). No podría tener un mejor padre que tú. En estos años “dorados” no cualquiera puede decir que tuvo a su papá en la política y tener la frente en alto; y yo contigo sí. El amor que siento por Guatemala lo tengo por ti, porque a pesar de ser griego, eres más guatemalteco que muchos que conozco. Tengo al mejor papá y al mejor amigo.

¿Qué recuerdos tenés de tu niñez?

Tuvimos una niñez muy bonita con mis hermanos. Una niñez muy sana, todavía era de salir a jugar tenta, chiviricuarta, ladrones y policías… ¡quebrarme el brazo patinando! Nos la gozamos. A pesar de que mis padres estaban separados, fuimos muy felices. Desde chiquita mis referentes como amigos han sido mis hermanos, son mis cómplices.

¿Crees que haber participado desde muy pequeña en un programa de televisión, dicho sea de paso ¡espantoso! (risas), Yini La Genio Feliz, te enseñó algo?

Todo es aprendizaje. Yo estudié cocina no para estar en televisión, sino porque me gusta la cocina. Pero sí aprendí lo que cuesta hacer algo guatemalteco. En Guatemala tenemos ese tabú de ver lo extranjero con buenos ojos y ver lo local con burla; muchas veces sin saber lo que cuesta llegar a realizarlo. No estuve mucho tiempo, pero creo que me ayudó a desarrollar la confianza.

¿Cómo nació tu gusto por la cocina?

Influyó mucho mi papá, mi abuelita, la Coni y mi hermano Bassylis. Yo nací entre ollas y cacerolas. Mi madre siempre fue muy trabajadora, un gran ejemplo, nos dejaba con mi abuela durante las vacaciones. Mi abuela siempre cantaba y cocinaba. Me acuerdo que yo iba corriendo a ayudarla a hacer los tamales, el turrón a mano. Desde pequeña asocié cocina con familia y felicidad, cuando estábamos cocinando era porque llegaba la familia, porque íbamos a almorzar juntos.

Yo empecé a ver mis primeros programas de cocina por mi hermano Bassylis, por que él se ponía a ver a Emeril y me llamaba, lo veíamos y luego lo íbamos a cocinar. Él cocinaba impresionantemente bien.

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Junto al gran Bassylis, su hermano y uno de sus maestros de cocina.

¿Quiénes han influenciado más en tu cocina?

Mi papá y mi abuelita más que todos, y la Coni después. Ella fue la primera en enseñarme a hacer un Subanik, yo tenía que ir a competir a Bolivia y prepararlo para un montón de personas. Pero ella me enseñaba contándome la historia, me encantaba. Con ella aprendí muchas recetas típicas, aprendí de la pepitoria, el chile guaque, el ajonjolí, el chile pasa; además era maestra y hacía todo muy fácil de entender.

El turismo entra por la comida, y tú has estado luchado por desarrollar una marca país a través de la gastronomía guatemalteca, como lo ha hecho México y Perú, por ejemplo. ¿Has encontrado eco en esa lucha?

No lo suficiente. Encuentro a gente con muchas ganas, pero por falta de visión o de tiempo se desaniman. La mejor expresión de la cultura de un país es a través de su gastronomía. En cuanto a cultura culinaria nosotros podríamos estar a la par de Perú si nos lo proponemos. Ellos tienen su cocina, nosotros la nuestra, pero no la tenemos mercadeada. México ha duplicado el volumen de turistas a través de su gastronomía. En Guatemala tenemos que creer en nuestra gastronomía y conocerla. El problema es que algunas veces las personas que toman las decisiones están detrás de un escritorio y no conocen su país. Duele a veces que la gente no quiera pagar bien por un pepián pero sí pague por una lasaña, cuando el pepián es un plato delicioso que lleva mucho trabajo.

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El domingo 14 de febrero se estrenó el primer episodio de Desafío Culinario, por Guatevisión. Foto: Archivo

¿Has encontrado apoyo en el INGUAT?

La verdad no. Hasta ahora con Alison Batres, que recién tuve la oportunidad de conocerla, me pareció una mujer con mucha visión y espero que pueda hacer lo que tiene en mente. Necesitamos de gente que crea en Guatemala.

Cuando vino Ferran Adriá a Guatemala, que fue mi maestro, se quedó impresionado del país, pero me preguntaba por qué no tenemos una marca gastronómica del país. Me decía, si te dicen pupusas piensas en El Salvador; si te dicen sushi piensas en Japón; si es ceviche piensas en Perú; pizza en Italia y así… ¿y Guatemala?

Aprovecho el espacio en esta revista que la leen todos los diputados, para pedirles que impulsen a corto plazo una ley de fomento a la gastronomía guatemalteca y de protección a sus ingredientes. Tenemos que proteger también al agricultor, por ejemplo a las personas que hacen las piedras de moler, un instrumento que tiene cinco mil años antes de Cristo y es tan nuestro, y se está perdiendo porque no tienen donde venderlas. Ellos debieran ser los embajadores de nuestra cultura culinaria en las exposiciones internacionales. Le hemos dado muchos regalos al mundo: diversidad de chiles, la domesticación del maíz, del cacao; la verdad es que nuestros antepasados eran unos genios.

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