¿QUÉ SIGUE?

Editorial 37

Cumplimos otro año más y el Perro Bravo continúa creciendo en el ánimo y en el verbo de los lectores, en el espíritu valiente de la gente que, desde sus teléfonos y computadoras, acciona, denuncia, informa, comparte, critica, protesta, opina, señala, patalea y hace berrinche también, cuando se desespera ante la injusticia.

Desde la fundación de Revista Perro Bravo hace poco más de tres años, asumimos la misión de crear conciencia en torno al poder verdadero y real del pueblo. Elegimos la promoción del periodismo ciudadano como la herramienta idónea para que la gente se empodere, como medio para contagiar ese espíritu de linterna para alumbrar lo que se encuentra oculto, para utilizar la tecnología en nuestro papel de vigilantes del funcionario público, para conectarnos y volvernos músculo, pero sobre todo, para informar sin censura.

Qué privilegio más grande ha sido vivir y servir a este despertar ciudadano que apenas comienza. Es justo reconocer que el periodismo ciudadano jugó un papel fundamental, expresado a través de las redes sociales, los ciudadanos se constituyeron en un verdadero balance informativo frente a la manipulación de los gigantes mediáticos. Con fotos, textos, incluso filtraciones de documentos por parte de empleados públicos hartos de ser testigos del abuso de sus superiores; la presión de la gente hizo la diferencia en la lucha contra la corrupción. Porque hasta una CICIG sin respaldo y colaboración de la ciudadanía, tendría escasa probabilidad de éxito.

Continuaremos poniendo este Perro Bravo a disposición de quienes se atreven a pensar diferente, a la orden de aquellos que han perdido el miedo. Porque lo cierto es que esta bravura, nació para contagiar un mensaje clave, que más que un enunciado es una actitud: el ciudadano es el que manda, no al revés.

En este recorrido nos hemos enfrentado, de la mano de los agraviados, a una cultura enraizada en las instituciones públicas, que protege al alto funcionario y desampara al ciudadano. Esa cultura del error que considera que los poderosos, los grandes jefes, son los que ocupan los despachos lujosos, los que viajan en camionetas blindadas y se acompañan de achichincles y guaruras, los de los maletines gordos; se cree que es a ellos a quienes se les debe obediencia y reverencia.

Al nuevo gobierno, no importa quien resulte electo, les advertimos que continuaremos ladrando a todo pulmón, para que en ningún momento olvide quien ocupe la Presidencia, ni su gabinete de ministros, ni las flamantes juntas directivas de las instituciones estatales, que están ahí para servirle a sus únicos y exclusivos patrones: los ciudadanos guatemaltecos. Que mientras exista un niño hambriento en este país, una escuela en mal estado, un hospital sin medicinas, un enfermo sin atención, una familia amedrentada por el crimen; no se sientan dignos de la silla en la que se sientan. Que los nuevos gobernantes sientan pena y vergüenza de gozar de privilegios y recursos, mientras el pueblo es humillado en las mismas narices de las instancias de gobierno que fueron creadas para servirle.

Perro Bravo somos todas las personas que perdimos el miedo, los guatemaltecos decididos a denunciar, a llevarle la rienda corta a los servidores públicos. Somos los hombres y mujeres que hemos desarrollado la voluntad y el instinto de olfatear aquello que amenaza la libertad de la ciudadanía, que estamos dispuestos a alertar del peligro inmediatamente, vigilando al poder público de forma constante y cercana para que no se pase de la raya, para resguardar todos los días los derechos de los ciudadanos.

Por eso decimos que tenemos la Redacción más grande del mundo, porque verdaderamente los reporteros ciudadanos, están en todas partes.

Si bien es cierto que la época del silencio ha terminado, entre tanta bulla es importante preguntarnos ¿qué sigue?, ¿cuál es el siguiente paso en este despertar a la conciencia ciudadana?, ¿qué sigue después de haber elegido en las urnas?, ¿qué hacer después de haber destronado a los gobernantes corruptos?

Preguntas que tienen una misma respuesta: involucrarnos. Debemos participar de forma activa en la fiscalización de la administración pública, hacer nuestras las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, exigir la apertura a las candidaturas ciudadanas, entre muchas otras legítimas. Como jefes nos corresponde dirigir a los empleados que recién hemos contratado, para que cumplan con la voluntad del pueblo. En palabras de Tomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Eso es lo que sigue.

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