¿QUÉ TRAMAN LOS TATASCANES DE CAYALÁ?

En lo posible, evito tratar temas que me afectan en lo personal, pero ahora la situación con el centro comercial Cayalá va mucho más allá del interés propio y dar alerta podría evitar que los dueños ejecuten una movida sucia y que perjudiquen a más empresas guatemaltecas. 

Como ya muchos saben, varias docenas de inquilinos del centro comercial Cayalá, principalmente restauranteros, que hemos tenido cerrados los locales al público, solicitamos a los arrendantes un descuento mayor al que ofrecían (50% de la renta estipulada), a lo que respondieron pidiendo que desocupáramos los locales en un plazo de 60 días, sin importarles un pepino lo que cada empresa ha invertido para montar el negocio y acreditarlo en esa ubicación. 

Claro que los administradores de Cayalá no son quienes tomaron esa decisión tan drástica y contra toda razón, mucho menos en tiempos del coronavirus. Esta es una medida que tiene que tener el aval de quienes están detrás de la sociedad propietaria del centro comercial, los meros tatascanes de Cayalá. Lo extraño es que prefieran sacrificar a la gallina de los huevos de oro, que son las empresas arrendatarias, antes que negociar. No tiene ningún sentido, los negocios de ese tamaño no se manejan con berrinches. 

Cualquier empresario honesto les puede confirmar que el panorama no es nada alentador, y lo que menos se quiere en un momento como este, es perder inquilinos, porque pasarán varios meses antes de que otros comerciantes o restaurantes se animen a alquilar esos locales. Ante una total incertidumbre de cuándo la gente volverá a circular como antes en los centros comerciales, casi nadie estaría dispuesto a alquilar locales de rentas tan altas, arriba de los Q80 mil, con la excepción, tal vez, de las lavanderías sin jabón. 

Por eso es importante ver más allá de los empleados que administran, ellos sólo hacen lo que de arriba les dictan, y eso es lo que verdaderamente preocupa. Porque si fuera un error de los administradores, por no tener la visión del empresario que, en este momento la lógica indica, no quiere perder clientes, el asunto ya estuviera corregido; pero no es así. Esa orden de desalojar los locales de Cayalá, viene de los socios propietarios, y eso, me temo, puede significar que dentro su plan esté el argumentar que ya no tienen ingresos suficientes para pagar sus compromisos. 

No es ningún secreto que dos miembros de la familia que controla la mayoría de acciones de Cayalá, son prófugos de la justicia guatemalteca, como también se sabe que les han negado varios préstamos en la banca nacional, probablemente por sus problemas judiciales. Hasta el ingenio han perdido.  

Sería lamentable que los dueños del centro comercial Cayalá, que ya han se encargado de mostrar de qué están hechos, terminaran ejecutando una jugada tipo la que otros hicieron con Bancafé. Para salvarse el pellejo y conservar el patrimonio de los socios, son capaces de dejar que la empresa propietaria del centro comercial se venga a pique para no tener que responder por las deudas multimillonarias que tienen acumuladas.

Claro, eso sería una total y absoluta cobardía, teniendo la opción de unir esfuerzos con quienes confiaron en ellos e invirtieron en sus inmuebles, en lugar de perder entre 150 y 200 inquilinos de locales y oficinas, agravando su crisis financiera. 

Nosotros seguiremos luchando con 7 Caldos hasta donde nos den las fuerzas, porque no vamos a perder lo que nos ha costado tanto, menos por una decisión que carece de sentido común. Pero si de algo estoy seguro es que aquí hay gato encerrado, algo apesta grueso en Cayalá.

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