¿QUIÉNES PAGAN LOS PLATOS ROTOS DE LA EDUCACIÓN? LA CRISIS DE NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO

No tengo ganas de jugar
Foto: Alejandro Sandoval

Han pasado 17 años desde la firma de los Acuerdos de Paz y los grandes problemas no han sido solucionados. Entre ellos, Guatemala sigue siendo un país atrasado en materia educativa. Los gobiernos se suceden unos a otros y las escuelas siguen en estado precario. ¿Cuántos futuros de niños se han truncado por la desatención del Estado y una sociedad que calla ante tal abandono?

 

Guatemala invierte el 2.8% de su Producto Interno Bruto en educación, cifra por debajo del 4.5% que invierten los países Latinoamericanos según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). En Centroamérica, según el Banco Mundial, Guatemala es el país que menos invierte en educación pese a que es el que más estudiantes tiene registrados. El resultado se traduce en falta de maestros, de libros de texto, de refacciones escolares y el abandono en que se encuentra el mobiliario y la infraestructura educativa.

 

Los gobiernos parecen no entender que invertir en educación es también apostar por el futuro económico de la nación. Según UNICEF por cada dólar que se invierte en un niño, el país puede recuperar siete dólares.

 

Las autoridades gubernamentales intentan maquillar la situación presentando cifras que, a simple vista, parecen no ser preocupantes. Sin embargo, pese a que han aumentado la cantidad de maestros se calcula que faltan otros 90 Mil para darle la debida atención a cada niño, mientras esto no se logra hay escuelas con maestros que atienden hasta tres grados con casi 20 niños por aula. En 2011 la Procuraduría de los Derechos Humanos estimaba que, sólo en la ciudad capital, el 90% de los escritorios estaban dañados.

 

El país cuenta con 18,936 escuelas sin embargo muchas presentan hacinamiento y, debido a los desastres naturales y a la falta de mantenimiento, se encuentran al borde del colapso. La UNICEF estima que el 26% de nuestros niños nunca ha ido a la escuela y el 12% la ha abandonado. De los niños que inician sus estudios apenas el 50% finaliza la secundaria.

Pero, ¿cómo retener a nuestros niños en las escuelas si no cuentan con las condiciones suficientes para el aprendizaje? ¿Cómo se pretende que el niño saque buenas calificaciones cuando, por las condiciones económicas de sus padres y por el incumplimiento del Estado de brindar refacción escolar, reciben clases con hambre?

 

Las demandas por educación han sido instrumentalizadas y acaparadas por grupos que se valen de ellas para afianzarse en el poder. La sociedad debe hacer suya la lucha por una educación gratuita y de calidad. Sólo así se les podrá devolver el futuro a nuestros niños y niñas. A continuación, compartimos las experiencias de algunos estudiantes que, pese a las carencias, aún asisten a la escuela con el deseo de superarse.

ENTRE LA ESCUELA  Y EL MONTE

ESCUELA 1 entre la escuela y el monte
Foto: Alejandro Sandoval

Marvin Yovani Texaj, 9 años. Escuela Oficial Urbana Mixta 25 de Junio, San Andrés Itzapa, Chimaltenango

 

Marvin, pese a su timidez, accede a hablar con nosotros atraído por la cámara. Tiene nueve años y cursa segundo primaria. No lleva uniforme, no porque no le guste sino porque no alcanza para comprarlo. Esconde sus manos en las bolsas del pantalón cuando le preguntamos qué quiere ser cuando sea grande, no tiene respuesta para eso.

 

Lo que más le gusta de la escuela es el enorme campo de tierra que tienen por patio a la hora de recreo. En ese campo sí caben bien todos los niños, pero adentro, en las clases, estamos todos apretujados, nos cuenta. En la pequeña escuela hay alrededor de 1200 niños. Cuando fue construida en los sesenta, la cantidad de estudiantes no superaba los 300. El edificio sólo recibió atención del gobierno luego del terremoto del 76 y desde entonces, maestros, padres de familia y algunas organizaciones luchan por mantenerla a flote.

 

Es poco expresivo cuando habla de la vida en el aula, quizá sea porque este año estudiará y el otro no. Marvin tiene otros dos hermanos. Con el que tiene su misma edad se turnaran para estudiar un año cada uno mientras el otro se va con su papá al monte. El pequeño explica que su hermana posiblemente no conocerá la escuela ya que le toca ayudar a mi mamá con las tortillas.

 

Mientras nos habla de la tortillería ve inquieto como los demás niños empiezan a hacer cola para recibir su refacción. La comida les llega no gracias al Estado sino a una ONG que brinda becas alimentarias a los alumnos de cuarto, quinto y sexto grado. Como no hay fondos para comprar una estufa de gas propano, cada padre de familia debe mandar dos leños para la preparación de los alimentos.

 

Marvin sale corriendo, patea una pelota y se integra a la fila.

 

FIADO PARA LOS ESCRITORIOS

ESCUELA 2 FIADO
Foto: Alejandro Sandoval

Herbert David Velázquez Fuentes, 11 años. Escuela Niño Victorioso J. V., Villa Nueva.

 

Interrumpimos el partido de fútbol de la hora de recreo. Del grupo, el más platicador resulta ser el que jugaba de portero, Herbert, que cursa sexto primaria.

 

Esta escuela, con sus vidrios rotos y sus paredes despintadas, dice que le parece normal pero habla un poco más cuando le preguntamos qué tan cómodos son los escritorios. Ni siquiera hay, exclama. El primer día de clases él y sus 36 compañeros de sexto primaria tuvieron que ir a buscar entre los escritorios rotos los menos peor. Todos los días algún alumno se queda sin escritorio porque no hay suficientes, así que para evitarse problemas, su maestra decidió pedir fiado en una ferretería dos botes de pintura, thiner y tres brochas. Los pintaron como pudieron, disimulando así su deterioro e identificándolos para que niños de otras clases no se los quitaran.

 

La escuela ubicada en la colonia Santa Isabel II no fue construía por iniciativa del Estado sino por presión de los vecinos que invadieron hace más de 15 años el área y dejaron un terreno disponible para una escuela. El centro educativo quedó allí, al lado del estacionamiento de los buses extraurbanos, en medio de una de las áreas más peligrosas de Villa Nueva. No hay clase que no tenga vidrios rotos y dos aulas están abandonadas pues los sismos quebraron la loseta de concreto que tienen como techo y hay riesgo de que un día se desplome. Los padres de familia quieren repararla pero por ahora, con los centavos que han juntado, sólo les ha alcanzado para construir una pequeña cocina.

 

Herbert quiere ser futbolista y salir algún día en televisión, aunque su padre, que se dedica a vender chatarra, sueña con que él sea doctor. Lo único que le gusta menos que no tener escritorio son los baños, aparte de pequeños, le dan nausea.

“POR AHORA NOSOTROS HACEMOS LA LIMPIEZA”

ESCUELA 3 POR AHORA NOSOTROS
Foto: Alejandro Sandoval

Abner Ariel Morales Cur, 11 años. Escuela Oficial Rural Mixta Lo de Ramírez  J.V , Bárcenas, Villa Nueva.

 

Fueron los niños los que se acercaron a nosotros para preguntarnos qué estábamos haciendo con eso, nuestra cámara. Les preguntamos quién quería hablar sobre la vida en la escuela e instantáneamente dijeron este, este, señalando a Abner.

 

Abner es un niño callado, pero según explica una voz del grupo es el abanderado. Quiere ser perito contador nos dice. De fondo tenemos un aula pintada de morado y azul, demasiado oscura. Nos cuenta que le gusta estudiar pero que no le gusta la escuela. Conoce bien las carencias: no hay maestros de música, inglés, física y computación y la persona encargada del mantenimiento no se da abasto. Por ahora nosotros hacemos la limpieza, nos dice, y para que les dé tiempo se turnan entre los alumnos los días que pueden salir a recreo.

 

Su vida se mueve entre su casa, en la que vive con 14 personas más, y la escuela en la que, dentro de clases de 3×4 metros, estudian 36 niños. Ni siquiera el patio se da abasto pues la escuela originalmente se construyó con sólo dos aulas y para albergar más niños se tuvo que improvisar la construcción de otras dos. Al momento de la ampliación no se tomó en cuenta la construcción de drenajes. En mayo aquí se hace un charco, cuenta mientras señala el corredor, y cuando llueve muy fuerte se nos mete hasta la clase.

 

Al igual que otros niños, para Abner lo peor de la escuela es el baño. Tres sanitarios para 900 niños parece ser un problema enorme. Si no salís rápido cuando tocan el timbre ya no agarrás buen lugar, nos explica, se te pasa todo el recreo y no llegás. Nos dice que prefiere esperarse a llegar a casa porque luego los baños se rebalsan. Otros niños, los que no se aguantan, utilizan la esquina que sirve de basurero.

“CORRENTADAS DE LODO”

ESCUELA 4 CORRENTADAS
Foto: Andre Casasola

Josselin Ivoy, 13 años. Escuela Oficial Rural Mixta Julio Víctor Ordóñez, San José Pinula.

 

Entre callejones, en un barranco, estaba construida la escuela primaria. Al atravesar el portón, una pendiente de tierra y piedras que lleva a las champas que hacen las veces de salones. No es hora de recreo pero todos los niños están afuera mientras las maestras se reúnen en una de las dos clases que sí están construidas con block.

 

Encontramos a Josselin y ella accede a hablarnos un poco de la escuela. Es más alta que sus compañeras, tiene 13 años pero está en quinto primaria, nos cuenta antes de explicarnos rápidamente que no es porque perdiera algún año sino porque sus papás la han tenido que sacar varias veces. ¿Por qué?, porque no hay dinero, dice con seriedad.

 

Es enero y Josselin se queja por el frío, su clase, improvisada con láminas no tiene ni puerta ni opción de ventanas. Lo que sí tiene son grandes agujeros en su techo. Cuando llueve tenemos que juntarnos en dónde no gotea, explica. Sin embargo el problema más grande que ocasionan las lluvias no es ese. La pendiente de la entrada se convierte en un lodazal. Ese niño de allá, dice mientras señala con el dedo, se abrió la cabeza el año pasado cuando fue a pegar contra esa piedra. Cuando es demasiado, el agua arrastra correntadas de lodo que los niños tiene que ayudar a sacar de la clase con cubetas y escobas.

 

La escuela no tiene luz y sólo cuenta con un chorro al que los niños van a acarrear agua para echar en el baño. En sexto primaria hay escritorios hechos para niños de preparatoria.

 

Le preguntamos qué quiere ser cuando sea grande. Piensa a corto plazo, quiere estar en primero básico para estudiar en el instituto que está al lado. Un edificio de dos niveles que se encuentra en mejores condiciones, no gracias al gobierno, sino a una cooperativa que lo administra.

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