RETRATO DE UN GENIO INCRÉDULO

MARIOSXS

Pocas figuras quedan en el país de la talla de Mario Alberto Carrera. Nacido en pleno periodo revolucionario, en 1945, es hijo de la primavera guatemalteca. Su necesidad de cuestionarse y plantearse los problemas de nuestra realidad lo han llevado a trabajar desde distintos campos.

Ha sido columnista de varios de los diarios más importantes del país, dirigiendo los suplementos culturales que fueron un punto clave en la vida artística nacional. Es profesor en Lengua y Literatura y su excelencia académica lo llevó a ser miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua. También fue embajador en Italia, Grecia y Colombia pero su plano más destacado está en la literatura.

Allí ha corrido por todos los géneros, desde el teatro con su obra La Cólera (1975), pasando por la poesía (Buscando el Sendero, 1967), el cuento, el ensayo y la novela. Un total de más de veinte obras le han valido reconocimientos tan destacados como la Orden Isabel La Católica entregado en 1997 por el Rey de España y el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” en 1999.

En septiembre pasado se presentó su más reciente obra “En el Ataúd del Incrédulo” publicada por Editorial Cultura. La misma es un viaje a un mundo dispuesto por el autor como escenario para hacer jugar a su personaje, probar a través de él varias estrategias para vivir y entender el mundo. Nos pinta un retrato crudo de la realidad con sus locuras, sus sinsentidos, sus finales no correspondidos.

¿Qué lo ha llevado a ser un hombre tan polifacético? Ha sido una cuestión puramente interior, algo que emerge como una necesidad de expresarse en varias vías. Por eso busqué el periodismo que me permitió trabajar para diarios importantes de la época como El Gráfico o la revista Crónica en su primera época. Hay un público al que no podía acércame desde allí y lo hice a través de la enseñanza, misma necesidad fue la que me llevó al campo de la literatura. Siempre he buscado un camino que me lleve a la pluralidad.

Cuarenta y cinco años de carrera en el periodismo le permiten tener un panorama amplio de la situación de libertad de prensa. ¿Cómo analiza este escenario? Yo creo que la libertad de prensa en Guatemala es y ha sido un verdadero sueño, nunca ha habido libertad de prensa. Algunos medios como Perro Bravo me parece que están en una línea de más apertura, pero la mayoría siempre se cierran por el miedo al poder económico, a quien pone los anuncios. La libre emisión del pensamiento en Guatemala, la disponen las grandes empresas.

¿La Firma de la Paz cambió algo en el plano cultural? Es una falsedad creer que la Firma de la Paz cambió algo. Fue una mentira, un show condicionado para que el país pudiera recibir financiamiento y esos préstamos de los que hasta la fecha sigue viviendo. Ningún acuerdo tuvo una verdadera realización y ejemplo de ello es la Ley de Desarrollo Rural que sigue estancada.

¿Y en el plano cultural, seguimos con el mismo desinterés de parte del Estado? Lo que pasa es que en Guatemala abrir las puertas a la cultura es abrirle los ojos a la gente y nadie quiere hacer eso, porque nadie quiere que vean las atrocidades y los horrores que nos agobian. Por eso mismo, no existe una verdadera política de alfabetización.

¿Qué lo mueve a escribir en un país de pocos lectores? Esta respuesta no le va a gustar a la gente romántica: hacer literatura en Guatemala es estar en las nubes. Los escritores lo hacemos porque tenemos esa necesidad interna de expresión. Es un trabajo casi vano, un trabajo que no trasciende. Es una quijotada entre las quijotadas.

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