Señora (In)Justicia ¿Ciega o más bien cegatona?

Por: Alejandro Arroyave
Correo: aarroyave@revistaperrobravo.com

 

Con el riesgo de hacerme acreedor del enfado de don Iván y doña Thelma, no me puedo hacer el loco con la inexplicable ruta que ha tomado el combate contra la impunidad en Guatemala, como tampoco podemos regresar al silencio por miedo a decir las cosas.

Se me hace muy peligroso que se perciba una atmósfera tan densa, enrarecida, un ambiente en el que solamente son bienvenidas las opiniones que aplauden y celebran la cacería, que alaban a las cazadores y profieren insultos y ofensas a los cazados. Eso es lo políticamente correcto en estos días. Cualquier otra cosa es arriesgarse a ser considerados enemigos de la lucha contra la corrupción y la impunidad. Grave y delicada situación para quienes mantenemos un pensamiento libre, un criterio independiente para evaluar las cosas desde diferentes ángulos y no nos resignamos a aceptar las realidades fabricadas que nos pretenden imponer.

Cuando sacrificamos nuestra capacidad de cuestionamiento, crítica, razonamiento, estamos dejando que otros nos dicten la realidad que tenemos que vivir como individuos y como sociedad. Ningún régimen es bueno si nos priva de nuestro derecho a formar nuestro propio criterio o nos castiga, directa o indirectamente, por nuestra libre emisión del pensamiento.

Sin lugar a dudas, son urgentes las reformas al sector Justicia, no se puede concluir de otra forma ante casos tan obscenos como el de Blanca Stalling, una Señora Injusticia pinta y parada que ha venido comerciando desde hace mucho tiempo con su influencia en los diferentes cargos que ha desempeñado. Desde cuando ocupaba una fiscalía especial en el MP, en tiempos de Carlos De León, fue señalada de negociar con el llamado “Gato” Herrera para que cesara la persecución penal en su contra por el desfalco al IGSS. El rastro que ha dejado en su paso por el Instituto de la Defensa Pública Penal y por las más altas cortes del país es, por mucho, más fatídico y nefasto que su burdo intento por proteger a su brillante patojo.

Lo que pasa con Stalling y con otros actores opacos que trafican con sus influencias dentro del Organismo de Justicia es bastante más sencillo de interpretar, es decir, el escenario está claro, la manzana está shuca y podrida y no solo debe ser retirada, sino deben cerrarse los espacios que propician la proliferación de estos contaminantes. No hay pierde.

Pero hay otra deformación que promete el mismo potencial dañino, porque se mimetiza con la batalla contra la corrupción y la corrupción, es más, se la apropia y se apoya en la sed de venganza y en el resentimiento acumulado en la gente, imponiéndose en la conducción de las reformas que el país necesita. Abramos los ojos, lo que menos hay hoy es una conducción ciudadana, un liderazgo hacia una participación real de las personas, que se traduzca en fiscalización social, organización y propuesta; que vaya más allá de corear las melodías que nos cantan con cada conferencia a la prensa.

Basta con que se anuncie que hay un nuevo pescuezo en la guillotina y son miles los que corren a sus teclados a lanzarle improperios, escupitajos y cuanta deshonra le puedan causar. Renunciando a su capacidad de incidencia, de transformar las cosas, por la comodidad de vivir entre la catarsis y la anestesia.

Cuando los casos que presenta el MP y la CICIG en conjunto, no obedecen a las prioridades que demanda la realidad nacional y no resuelven la raíz de los problemas que continúan aquejando a la ciudadanía, sino se ponderan según el momento político o el beneficio estratégico, el combate contra la impunidad empieza a pelar el cobre y comienza a vislumbrarse una agenda no confesada.

Cuando se dieron a conocer las primeras capturas del caso Botín Registro de la Propiedad, me incliné a pensar que por fin se desbaratarían las mafias que han facilitado el robo de propiedades, que finalmente se alcanzaría a esas organizaciones criminales que desde hace tiempo les han quitado por la fuerza las fincas a guatemaltecos honestos. Es tan grueso y pesado lo que se oculta en el Registro General de la Propiedad, que me pareció de risa cuando resulta que la investigación gira en torno a un esquema de corrupción que simulaba la compra de desayunos y canastas navideñas, adquisiciones que en total no llegan ni a Q300 mil quetzales. Pero claro, el caso pone al hijo y al hermano del Presidente en sus manos, por lo tanto, el corazón mismo de la Presidencia… ¡Cómo no va a ser una prioridad!

Los recursos de los que disponen son tan abundantes que sin importar lo complejo y aparatoso de casos tan grandes como La Línea o Cooptación del Estado, con gran cantidad de sindicados y personas involucradas, numerosos hechos que requieren cuantiosas evidencias para probarse, aun pueden asignar el personal y recursos necesarios para llevar a cabo la investigación de las canastas navideñas, hasta entrevistar a un centenar de trabajadores para determinar los costos de los productos que contenían. Nada menos que una admirable dedicación.

Mientras tanto, y a pesar de las numerosas denuncias, la corrupción y extorsión en las aduanas continua campante; la colaboración de la PNC con el crimen organizado sigue funcionando con normalidad; siguen impunes los narcodiputados y los narcoalcaldes; los mismos grupos señalados de corrupción continúan proveyendo al Estado, incluso aquellos responsables de las mochilas indignas de la DIGEF siguen vendiéndole al Mineduc. Por donde se vea, el Estado sigue esquilmándonos y quedándonos a deber. Y para colmo, no se ha alcanzado ninguna sentencia cuando ya se van a ajustar, en pocos meses, dos años desde de que empezó la supuesta guerra declarada contra la impunidad y la corrupción.

Tratar de justificar esta difícil situación de selectividad como la solución a nuestro problema de (in)justicia, es como tratar de apagar una fogata echándole gasolina. Habrá reacciones, ruidos, gritos y explosiones, hasta podrá parecer que es un cambio en las condiciones, pero sigue siendo fuego y como tal, quema… y como tal, duele.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *