Sillas musicales en el Seguro Social

Y que pues 18

En río vuelto, ganancia de pescadores

La administración del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social es un tema sensible para toda la ciudadanía. Primero, por lo que representa en la vida de los cientos de miles de familias que dependen de él para afrontar sus necesidades de salud y de previsión social; y segundo, porque es una institución pública que maneja un altísimo presupuesto que proviene de nuestros impuestos y de los descuentos a los trabajadores. Y tercero, porque el IGSS ha sido tradicionalmente utilizado como un botín, económico y político, por los funcionarios de cada gobierno de turno.

Las torpes declaraciones del Ministro de Trabajo, Carlos Contreras, de su intención de reformar la ley orgánica del IGSS fue recibida con sorpresa por algunos diputados de la bancada patriota, por los miembros de la junta directiva de la institución y por dirigentes de los sindicados de trabajadores. Las declaraciones parecían un retiro de la confianza de Otto Pérez Molina hacia la persona que él impuso en el Seguro Social: Juan de Dios Rodríguez, conocido por ser el hombre de confianza del Presidente. También causó extrañeza que la iniciativa fuera acuerpada por miembros del CACIF en una conferencia de prensa en la cual las autoridades del IGSS no fueron convocadas.

Fuentes allegadas a la cúpula del Partido Patriota, afirman que la iniciativa de Contreras, que incluía aumentar afiliados al IGSS desde la economía informal estableciendo un nuevo tipo de aporte, forma parte de la estrategia fallida de Roxana Baldetti de promover un impuesto de Q150 a vendedores ambulantes, el cual fue rechazado en una manifestación en la que los inconformes bloquearon calles de la zona 1. Posteriormente, Baldetti descartó la aplicación de un nuevo impuesto.

Si bien es cierto que el presidente del IGSS ya había manifestado su interés por llevar la cobertura hacia las personas que trabajan en la economía informal, resulta contraproducente extender los servicios cuando se tiene una atención tan deficiente y los usuarios se quejan constantemente de desabastecimiento de medicamentos. También es cierto que las nuevas autoridades no han sido lo suficientemente claras y transparentes respecto a los hallazgos en la administración anterior, y aunque ha habido capturas, los resultados de las auditorías siguen siendo ocultadas a la población bajo el argumento que son parte de un proceso judicial, cuando desde el inicio las auditorías debieron hacerse públicas.

Lo cierto es que desde el cambio de mando en el IGSS la institución no se ha estabilizado y ahora se escuchan pasos apresurados en los corredores del Seguro Social, y funcionarios claves empiezan a moverse para ver si logra quedarse en un puesto en este juego de sillas musicales, en la que la danza de los millones marca el ritmo. En este caos provocado, los intereses de los proveedores, en especial las farmacéuticas, también buscan su reacomodo a través del fortalecimiento de sus peones.

Se observa el movimiento y se escucha la música pero, por ahora, no son visibles quienes llevan la orquesta. Los hilos que mueven la boca de Carlos Contreras aún no se logran identificar porque no parecen corresponder a los intereses del partido oficial. Aunque tampoco sería el primer “patriota” que se vende al mejor postor.

A simple vista las contradicciones entre el MINTRAB y el IGSS pueden resultar confusas, como cuando el Ministro de Energía y Minas súbitamente presentó su propuesta de reformas a la Ley de Minería, pasando por alto e ignorando por completo a la Comisión de Energía y Minas que estaba bajo el control del PP. Pero si se examina detenidamente, queda en evidencia que lo que mueve este tipo de jugadas y malas pasadas, no es el compromiso con el bienestar común ni mucho menos un asomo de sentido de nación, se trata de simples y llanos “business” y, lo más delicado es que, como temen los sindicatos, podrían estar orientados a una privatización del Seguro Social. Veremos, cuando la música se detenga, a quien le toca la silla.

 

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