SOMOS EL ESLABÓN PERDIDO

Sección: Danilo Roca Opina, Por: Danilo Roca  Edición: 52

Pareciera que la dinámica del mundo contemporáneo es más veloz que nuestra capacidad de asimilarla.

La profusa información a la que estamos sometidos las veinticuatro horas del día, encogió el mundo de tal manera, que recién nos estamos dando cuenta que los llamados seres humanos, pareciéramos propensos por nuestra propia naturaleza, a buscar el conflicto permanente y en la dominación de unos sobre los otros la razón de nuestra existencia.

A nivel individual, unas personas sometiendo a otras a cualquier costo. Y reflejado a las naciones poca o ninguna es la diferencia en ese mismo sentido.

Me permito referirme a los llamados seres humanos, porque la palabra humanidad, encierra más allá del conjunto de los homo-sapiens, una dimensión racional y de conciencia que nos debiera invitar a una relación sustentada en otros valores, diferentes a los que parecieran inscritos en nuestro subconsciente genético.

Esta situación, nos acerca más a la teoría de Charles Darwin que privilegió la evolución, partiendo de especies inferiores, que fueron sucumbiendo las primitivas y floreciendo las que mejor se adaptaron a las condiciones de la tierra.

Frente a esta teoría, la creacionista, que nos hace pensar que como seres únicos, fuimos hechos a imagen y semejanza de nuestro creador, que nos proveyó del libre albedrío para razonar y diferenciarnos del resto de los habitantes de la tierra cuya precariedad formativa les privó de razonar y sobrevivir más que por su propio instinto.

No va a ser motivo de análisis en este artículo hacer énfasis en una de las dos propuestas. Pero nos llama a la reflexión, la contradicción que implica descender del mono, no obstante la existencia de estos todavía con sus características particulares como especie.

Aunque el análisis de los antecedentes arqueológicos y antropológicos sean convincentes, en el desarrollo de ese homo-sapiens partiendo de criaturas anteriores a la existencia del cromañón y otras formas pre-humanas o parecidas a los que hoy existimos, como amos del planeta.

Una de las contradicciones que plantea esta teoría, es que no ha sido posible encontrar el antecedente más próximo a nuestra condición actual y que se ha denominado el Eslabón Perdido.

Esa mítica forma humanoide con las características más cercanas a nuestra realidad actual, que a la del gorila o el orangután tan parecido por imitar las conductas de quienes en esa escala, seríamos los superiores de esa misma evolución.

Pero la realidad es que existimos hoy por hoy de manera simultánea y no hemos podido encontrar ese eslabón definitivo, más allá de una similitud genética que nos permita confirmar la tesis de que somos gorilas inteligentes.

Pero además la estructura orgánica que afirman los entendidos que más se asemeja a la nuestra, es la del cerdo, utilizado para trasplantar órganos y especialmente su piel, en casos de pérdida de la nuestra por accidente o quemaduras.

Y díganme ustedes a quién se quisieran parecer más, al mono o al marrano. Estoy seguro que prefieren pensar que estamos aquí, tal y cual somos, por decisión de un ser supremo que reconocemos como Dios.

Pero no es el caso provocar una polémica en torno a nuestro propio origen. Esa tarea por un lado es trabajo de los teólogos y por el otro de los científicos que han avanzado tanto en el conocimiento, como nos permite el desarrollo del cerebro humano.

Quizá el planteamiento en relación a la realización de ese ser superior en la escala de los que habitamos el planeta, surgiría de la duda, que por lo menos me surge a mí, si realmente podemos llamarnos seres humanos, en el sentido que acepta tanto la teoría evolucionista como también la teoría creacionista.

O acaso seremos desde el punto de vista evolucionista, proto-humanos, es decir que seamos nosotros ese ser, aún no descubierto, al que se le ha llamado El Eslabón Perdido.

Esta posibilidad, que hoy planteo, se fortalece al pensar, cómo cerebros evolucionados al nivel actual, puedan incubar contradicciones internas que hacen convivir, un cerebro racional con una actitud salvaje, sanguinaria y confrontativa.

Lo humano, como apellido todavía no lo hemos podido honrar, a través de los siglos que conocemos de nuestra existencia tal como somos en la actualidad.

La proximidad de este mundo encogido, nos permite dar testimonio cotidiano, de comportamientos, que por contradicción, no son los de la mayoría de esos seres inferiores que habitan también nuestro planeta y que son víctimas de un exterminio salvaje y desde luego racional, frente a su necesidad de sobrevivencia instintiva.

Decapitaciones masivas por razones étnicas o religiosas, en regiones del mundo cuya antigüedad llama a la reflexión de qué pasó con las civilizaciones heredadas.

O será que esas civilizaciones también sobrevivieron por las mismas razones que las actuales. Someter y destruir al menos afortunado o al más débil.

Somos tan destructivos y lo reconocemos con no poco cinismo que entre los estudiosos ante la magnificencia de estructuras milenarias, hay quienes piensan y estudian la posibilidad que los monumentos majestuosos enclavados alrededor del mundo, fueran hechos por seres extraterrestres y no por los salvajes que tenemos la fortuna de admirarlos.

Y no es para menos enterarnos que ahora mismo, hordas fanáticas y sanguinarias se han encargado de destruirlos, sin importándoles que sean patrimonio de la humanidad.

Resulta difícil desestimar, sin ser científico o religioso, lo interesante de este planteamiento. Afirmar que somos el Eslabón Perdido, condición que nos permite intuir lo humano, sin ser totalmente humanos.

Dese el punto de vista de la tesis creacionista, es decir, que sostiene que fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza, tendríamos derecho a pensar que por su propia voluntad, en una especie de tránsito hacia la reflexión y meditación en la búsqueda profunda de su maravillosa existencia, nos provee del libre albedrío para que por decisión personal podamos aquilatar la diferencia entre el bien y el mal y podamos trasladarnos a un plano espiritual superior que nos permita ser dignos de vivir bajo su tutela definitiva y eterna.

Me atrae esta posibilidad, de poder hacer una selección natural de corte Darwiniano, sólo que no desde el punto de vista de la evolución del aspecto físico. Si no desde la perspectiva del crecimiento espiritual que nos permita entender y vivir la diferencia entre el bien y el mal.

Desde luego, convivimos con seres superiores, que nos acercan al conocimiento de la tecnología más depurada para poder realizar la máxima: Que todo los seres humanos que sean capaces de pensar, serán capaces de realizar.

Y en tanto ellos en los laboratorios se preparan para llevarnos a nuevos mundos. Los religiosos buscan la forma de elevar los niveles espirituales de las multitudes para aceptar que somos seres humanos, pero que nos comportamos como gorilas.

Nos somatamos los pechos para demostrar nuestro poder, Avanzamos sobre los demás de la especie para atemorizarlos y si no lo logramos, los aniquilamos.

Los científicos metidos en sus laboratorios haciendo realidad el conocimiento que viene de nuestra naturaleza divina, que posee el conocimiento universal, que sólo domina el Uno. Allí donde se juntan el alfa y el omega, el principio y el fin. Donde no existe nada, porque nos pertenece todo…y el todo.

Y en tanto nos preparamos a partir a esos mundos ignotos, se quedarán en el plano terrenal quienes se disputaran para siempre los países y los bienes.

Quienes nunca quisieron alentar al humano que llevaban adentro, escondido y lo volvieron violento por su propia decisión.

Esos pueblos que se quedarán aquí, haciendo la guerra, y destruyéndose unos a otros sin tener conciencia de que desde el punto de vista de la evolución, no pasaron de ser cromañones y se quedaron conviviendo y matando dinosaurios.

Y viéndolo desde la teoría creacionista, pues son aquellos que no se dieron cuenta que Dios les dio libertad para escoger entre el bien y el mal y no se dieron cuenta y prefirieron ser esos Eslabones Perdidos, que nunca encontrarán, porque somos nosotros mismos.

Los verdaderos seres humanos, podrán vernos en el futuro, como un mal ejemplo, vistos a la distancia, con el testimonio de todas esas noticias que nos inundan la mente todos los días y que resumen la conducta oprobiosa y sanguinaria de los actuales habitantes de nuestro encogido globo y sus guerras eternas y desgarradoras.

Yo quisiera ser de los que demos testimonio en el futuro de que realmente lo encontramos porque existía el Eslabón Perdido. Que éramos nosotros mismos, que sin vernos al espejo y sin escudriñar nuestra alma, buscábamos en los huesos de los monos nuestro propio esqueleto.

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