SUPERMERCADO DE PARTIDOS

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CUANDO LAS BASES SE VENDEN AL MEJOR POSTOR

Mientras se acorta el tiempo para el inicio de la campaña electoral, aumenta la transacción de organizaciones políticas entre aquellos que crean partidos más con fines comerciales y aquellos que a última hora están urgidos por comprar una base que los respalde.

 

Mucha bulla y pocas nueces

El último informe emitido por el Tribunal Supremo Electoral, el pasado 15 de enero, señala que existen 28 partidos políticos en el país, sin embargo la existencia de la mayoría de estos partidos pasa desapercibida para la población. Basta decir que, en encuestas preelectorales, apenas ocho o diez organizaciones son tomadas en cuenta.

 

Lo anterior se debe a que pocos partidos cuentan con una organización seria y estable. El estudio “Partidos Políticos Guatemaltecos: cobertura territorial y organización interna”, elaborado por la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES), señala que: En promedio, un municipio cuenta con 5 partidos organizados, de los 29 posibles. La demanda de los ciudadanos por participar dentro de las estructuras partidarias también es escasa. En promedio, en cada municipio, solo el 6.4 por ciento de los empadronados está afiliado a algún partido político.

 

Esta débil organización, según el citado estudio, se debe a que los partidos son creados sólo para competir en una elección. Algunos logran sobrevivir, mientras que otros desaparecen en su primera participación o bien, el grupo fundador del partido decide vender la ficha a nuevos interesados. A este tipo lamentable de partidos se les llama “partidos franquicia”.

 

La compra-venta de las bases

En estos tipos de partidos lo más común es que sean creados por un grupo que centraliza la toma de decisiones, dirige el partido desde la ciudad capital y, para no incurrir en mayores gastos, vende el nombre del partido a nivel local a políticos interesados en alcaldías o diputaciones. Otra mala práctica de estos partidos es que pagan a la población por afiliarse así que, cuando venden el partido, lo hacen sin el consentimiento de las bases.

 

Un caso reciente es el del Partido Libertador Progresista (PLP), cuyo secretario general, Miguel Valladares, invitó el pasado 16 de enero a Zury Ríos a ser su candidata presidencial, aunque hasta el día de hoy ella no ha aceptado el ofrecimiento. El partido fue recientemente denunciado por el TSE de haber falsificado  miles de firmas de supuesta afiliación.

 

Estas compra-ventas no se han logrado visibilizar, aunque los casos son bastantes, nunca se habla de cuánto costó la ficha de tal partido, apenas los candidatos aceptan haber negociado con la otra dirigencia.

De los partidos actuales se pueden mencionar casos de compraventa como los del partido TODOS (que compró la ficha de Los Verdes), la Gran Alianza Nacional (que surgió del Partido Solidaridad Nacional), Movimiento Mi País (que compró la ficha de Movimiento Integral de Oportunidades), Unión del Cambio Nacional (que refundó el partido Unión del Centro Nacional), Partido Republicano Institucional (que refundó el Frente Republicano Guatemalteco) y Alianza Nueva Nación (que prestará su ficha para que pueda competir la Convergencia por la Revolución Democrática)

 

Todas estas compra-ventas de partidos parecen poner en evidencia que la democracia en Guatemala funciona como si se tratara de un supermercado. No se trata de ideologías o programas de gobierno, sino de partidos que se colocan en el escaparate para irse con el mejor postor.

 

Debemos exigir al tribunal Supremo Electoral que tome cartas en el asunto, por lo menos, obligando a  los partidos a realizar formación cívica como es su harto deber.

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