TANGO ENTRE EL PRESIDENTE Y LA SAT

Editorial G22

Una equivocación tras otra en lo relacionado al manejo de la recaudación tributaria ha llevado al Presidente a enemistarse con diversos sectores incluyendo al propio directorio de la SAT. Sus reacciones radicales, fuera de su ordinario desatino, dejaron en evidencia su especial interés porque se llevara a cabo el contrato con la empresa argentina Kolektor.

Poco se puede expresar de positivo en torno a la visión financiera del gobierno del Partido Patriota. Nada cambió, el desfinanciamiento del Estado es hoy una realidad palpable más que nunca, basta con ver los problemas y las carencias en los hospitales estatales para cerciorarse que operan en verdaderos trapos de cucaracha. La oportunidad de una reforma fiscal exitosa se les escurrió entre las manos y solo quedó la necedad para continuar endeudando al país y una serie de excusas para justificar el incumplimiento de las metas de recaudación.

La Vicepresidenta, que gusta del uso de falacias en sus declaraciones, asegura que no existe base para la destitución del Superintendente de la SAT puesto que no ha terminado su período y que, por lo tanto, no existe incumplimiento de las metas. El Gobierno a estas alturas sabe perfectamente que no alcanzarán las metas de recaudación tributaria porque la reforma fiscal, tal cual como fue planteada, fue un fracaso.

Es importante aprender de las abundantes lecciones que el fracaso nos deja. Pero ese aprendizaje se ve obstaculizado cuando el Gobierno y, en especial, el Presidente de la República, concentra sus esfuerzos y enérgicos mensajes en defender un opaco y cuestionable contrato hacia una empresa extranjera para que haga el trabajo de la SAT; en un intento por maquillar una incómoda verdad.

El directorio y el superintendente de la SAT han manejado con extremo desacierto el asunto de la recaudación y la conducción de la institución en general. Sus encargados de comunicación fallan en hacerles ver que un oneroso traslado de las oficinas centrales de la SAT a 6 pisos completos del edificio Dubai Center, cuyo alquiler le cuesta a los contribuyentes Q31.9 millones de quetzales, es definitivamente una mala broma para los ciudadanos cuando la SAT está siendo cuestionada por su incumplimiento y baja recaudación. Con esa falta de solvencia no es de extrañar que, ante las fuertes críticas, el directorio decidiera dar marcha atrás a un contrato que, para mayor agravio, nunca tuvieron la cortesía de consensuar con otros sectores de la sociedad. Seguro pensaron que no merecía la pena debatirlo.

Pero no debemos dejar de prestarle atención a las reacciones del Presidente Otto Pérez Molina, que resultan más elocuentes de lo que él cree. Ante la decisión de dar marcha atrás en el asunto, el Presidente hizo pública su intención de remover a miembros del directorio de la SAT. Después, aseguró que quienes se oponían al “fortalecimiento de la institución” eran los “evasores fiscales”, lo que puede interpretarse como una advertencia a los críticos del contrato de Kolektor.

La segunda reacción, igualmente delicada, el Presidente realizó llamadas de atención al director del matutino Prensa Libre, cuestionando el tratamiento informativo en torno al tema. Un acto que bien puede calificarse como una señal de desesperación.

Una postura muy cuestionable más si se toma en cuenta que el Ejecutivo decidió hace tiempo intervenir operativamente las aduanas y no ha logrado frenar el crecimiento del contrabando y la evasión. Dos grandes fugas de recursos para el Estado. Vaya promesa la del PP, ¿no le alcanzó la mano dura ni siquiera para tomar el control y limpiar las aduanas?… Dejemos el tango a un lado señor Presidente.

 

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