Tanto en la plaza como en las urnas

Editorial 55

Durante las manifestaciones ciudadanas del 2015, un pueblo indignado y decidido, con expresiones multitudinarias en la capital, en el interior y en el extranjero, los demandó hasta lograrlo la renuncia del Presidente y de la Vicepresidente de un gobierno que además de defraudarnos, mantenía en la clandestinidad una red de defraudación aduanera que untaba las manos de la cúpula del PP.

Hoy es bueno volver a ver a ciudadanos ejercer su poder, su libertad de expresión y de manifestación pacífica, pero es necesario consensuar los objetivos para que no sea un grupo de poder el que aproveche la indignación y la firme determinación de combatir la corrupción, para fortalecerse y defender sus particulares intereses.

Ya sabemos qué es lo que no queremos y qué diferencias existen entre nosotros, pero las preguntas importantes son: ¿cómo definimos y construimos lo que sí queremos? ¿cómo desarrollamos la unidad entre la gente? Cuando los ciudadanos no se organizan y queda solamente la indignación en la protesta, se corre el peligro de ser usados y orientados hacia una agenda particular alejada del interés común.

¿Cómo saberlo? ¿cómo reconocerlo? Si usted está protestando en las calles pero no es parte de ningún movimiento ciudadano organizado, que se reúna, que dialogue para encontrar propósitos en común y un camino para desarrollarlos. Si eso no está pasando, lo más probable es que usted podría estar siendo utilizado, que pueda estar siendo explotado en su indignación y solo esté sirviendo de combustible y, lo más peligroso, podría servir para terminar de prenderle fuego a la Constitución en la Plaza misma.

De contemplar esa escena, la de la Carta Magna en llamas, que está dos pasos después de manchar nuestra bandera, la multitud igual rugiría porque abundan los corazones enardecidos y hartos de la corrupción, del abuso de los partidos políticos y del fracaso gubernamental.

No podemos ignorar que en estos dos años los guatemaltecos que participamos en el albor del despertar ciudadano del 2015, nos hemos dormido en nuestros los laureles. No podemos darle la espalda al proceso democrático establecido en la Constitución, el poder ciudadano no se ejerce solamente en las calles, se ejerce en las urnas. Lo cierto es que la mayor parte de la ciudadanía sigue sin organizarse para participar políticamente.

Exigir la renuncia de los gobernantes es un último recurso, que redescubrimos en esta era después del abuso sucesivo de todos los gobiernos electos democráticamente. Se logró por el libre y abundante flujo de información que es posible gracias a la tecnología, pero que está garantizado por nuestra Constitución.

Es nuestra ley la que indica el camino para lograr los cambios desde el Estado. Es vía elecciones libres que se alcanza el poder público, por lo que es urgente reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos, para que exista una verdadera representatividad en el Congreso y las organizaciones políticas puedan competir en igualdad de condiciones. La dura verdad es que si los guatemaltecos que manifestamos en el 2015 nos hubiéramos podido encontrar y organizar un partido, seríamos la fuerza política más importante del país.

Pero no es demasiado tarde,  aunque no fueran los más de 200 mil manifestantes que el PDH asegura protestaron en el 20S, aún si fueran apenas 25 mil, son suficientes para fundar primero un comité cívico, con apenas 500, y luego un partido político con esa cantidad de personas. Con tanto liderazgo y respaldo social, no sería difícil por lo menos lograr una bancada poderosa que genere los cambios que se buscan… ¿por qué no?

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