TARACENA Y LA ESCUELITA

 

El Congreso de la República quizás es la institución que peor imagen tiene ante la población. Inasistencia, improductividad, secretismo, compraventa de voluntades, escándalos… cosas que le han dejado poco de “honorable” al Legislativo. Ahora, Mario Taracena, el diputado veterano más polémico, que ha protagonizado numerosos shows como poner apodos, tirar lapiceros, papeles y vasos con agua; afronta la tarea de redimir al organismo y de paso redimirse a sí mismo como Presidente del Congreso.

Su primera medida, destapar parcialmente el mayor secreto de los diputados, el de la nómina de trabajadores con sus respectivos salarios. Algo que ningún presidente legislativo quiso hacer con anterioridad pero que, asegura, era ya una tarea impostergable. Contratar gente no es delito, afirmó, el delito es esconderlo y aprovechar que esa información no es pública para hacer toda clase de negocios. Negocios que según se menciona pasa por cobrar con plazas el voto a favor de alguna ley o cobrarle comisiones al trabajador a cambio de mantenerle su plaza.

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La reacción era la de esperar. Berrinches que afirma Taracena, hubo hasta en su misma bancada pero que según él se calmaron cuando les explicó que era algo que tenía que hacer porque la ley así lo manda.

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La primera reunión de los nuevos jefes de bloque

Y berrinches sigue enfrentando como un maestro que intenta poner orden en un aula de adolescentes. En su primera sesión de jefes de bloque, con una autoridad que nunca se vio en la administración de Luis Rabbé, empezó explicando a los diputados que sólo tendrían derecho a una tarjeta de parqueo, que con suerte a los jefes de bloque se les podría dar una extra pero que así serían las cosas y tenían que conformarse. Luego les pidió que dejaran de comportarse como “viejas”, que “lavaran los trapos sucios en casa” e intentaran ponerse de acuerdo entre ellos por la distribución de las oficinas. Sin embargo todos los diputados seguían con sus quejas, cuales niños.

 

Es que nosotros pedimos la oficina pero le cambiaron la chapa…. Es que ya habíamos llegado a un acuerdo pero ahora dice que esos muebles son suyos…. Ahora tenemos más diputados pero no dónde trabajar. La respuesta de Taracena fue explicarles que por favor, si no llegaban a un acuerdo, mandaran un informe a su oficina y él, que por algo es Presidente, tomaría una decisión aunque no les gustara. Los berrinches y las quejas seguían.

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Señores, señaló ya molesto, creo que tenemos que atender cosas más importantes que seguir peleando por las oficinas. Tenemos que acordar la agenda legislativa y ustedes siguen con esto, así que si me disculpan voy a dar el tema por cerrado. Sé que algunos tienen oficinas feas, y les vamos a ayudar a ponerlas bonitas –pero sin lujos, porque algunos quieren tener una suite- pero por favor pasemos ya de este tema.

 

Anunciando que pronto les darían un celular de parte del Congreso, el diputado Linares Beltranena le pidió que le diera el número del que llaman usualmente para avisar que va a haber sesión o alguna otra información para así contestar. Taracena irritado, le respondió: con su disculpa, diputado, usted que es un profesional del derecho y un ex constituyente, a excepción de que le estén cobrando de un banco, haga favor y conteste.

 

Así, regañando y jalando orejas, logró consensuar una agenda y recordarles a los diputados que la agenda que quedó de la legislatura pasada continúa y que había una obligación por respeto a los diputados ponentes, de leer las 90 iniciativas de ley que se encuentran engavetadas. Por si no lo saben, diputados, ustedes tienen derecho a presentar iniciativas y el pleno la obligación de conocerlas, recordó.

IMG_9253La meta será leer 30 iniciativa de ley (lo que no implica votarlas) cada sesión para en el lapso de quince días ponerse al día. Además se pactó una agenda para las próximas dos semanas. Ayer, martes 19 de enero 2016, se arrancó con esa discusión, a la hora puntual, como no pasaba desde hace casi dos años y se logró aprobar el primer decreto de esta legislatura en su primera sesión. A Rabbé, dirigir el Congreso para lograr aprobar un decreto, le tardó 8 meses.

 

Así, apretando las riendas, con rigidez pero sin dejar por ello esas frases que lo caracterizan y un estilo de expresión “sin pelos en la lengua”, avanza la nueva legislatura. Estaremos vigilantes.

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