Tejedoras de la cultura

Los pueblos mayas, antes durante y después de las conquista han resistido a todo tipo de presiones para anular su cosmovisión, su historia y su identidad. La mujer ha sido fundamental en la conservación de la cultura y tradiciones, siendo los tejidos una de sus mejores herramientas.

La vestimenta es un medio de comunicación cultural con una amplia combinación de mensajes que para decodificarlos es necesario un bagaje cultural, por lo que cada traje es único.  Actualmente, con la globalización, las migraciones de población, la industrialización de los textiles, entre otros,  son factores que influyen en la desaparición el este arte ancestral.

La Asociación Femenina para el Desarrollo de Santiago Sacatepéquez (AFEDES) es una organización fundada en 1980, quienes a partir del 2005 decidieron trabajar por la autonomía económica y política. Nos recibieron en su sede en Santiago Sacatepéquez, Angelina Aspuac, Milvian Aspuac y Josefina Con, como representantes de dicha asociación, e impulsoras de la iniciativa que está abriendo la brecha para regular y proteger la propiedad intelectual colectiva de los textiles y la indumentaria maya.  “trabajamos nuestros proyectos basándonos en lo que llamamos el “buen vivir” desde nuestra cosmovisión maya. Producir nuestra propia ropa y alimento es parte de la autonomía que pretendemos.”.

“Para nosotras tiene todo un contenido ideológico y filosófico, representan un bagaje cultural, son símbolo de resistencia a las diferentes colonizaciones enfrentadas y no se puede cuantificar su valor.” Argumenta Angelina.

En los últimos años ha habido un repunte en el interés de los textiles indígenas y los de Guatemala no han sido la excepción. Algunos diseñadores de modas famosos, nacionales e internacionales, se han inspirado en las creaciones mayas por lo fino, colorido y “exótico”.

El aumento de la demanda podría ser visto como algo positivo, pero no de la manera en que está sucediendo, porque no se está contratando las manos de las mujeres para fabricar estos productos, se utiliza ropa usada, según datos recogidos por AFEDES, están comprando güipiles entre 50 centavos y 200 quetzales, dependiendo de la técnica y el estado en el que se encuentra. “Vendiéndolo nuevo no es rentable, menos uno usado”, “…los diseños antiguos son los preferidos porque “se ven más originales” que los nuevos, pero un güipil que vale mil quetzales, con dos lavadas pagan Q.50”, comentaron.

Aunque hay gente que sí conserva su ropa, muchos de los güipiles antiguos se están perdiendo debido a la demanda en el mercado y el abandono de la mujer indígena en general, lo que las obliga a vender sus prendas a precios irrisorios comparados con su valor en los mercados internacionales. “Se aprovechan de las mujeres que venden su güipil por Q.50, o su morga por Q.10, porque se ven en la necesidad de priorizar entre el pan o las tortillas de sus hijos, o conservar su prenda que toma meses manufacturar.”

Las empresas están extrayendo la ropa usada más antigua, con diseños antiguos que ya no existen.”

Explican que “Por una faja que la tejedora le toma 8 horas diarias durante una semana para fabricarlo, en el mercado no le pagan más de Q.150, gana más alguien que trabaja vendiendo tortillas, que una artista de los hilos.”

“El mercado asigna valores a los productos, nuestra ropa no se vende porque ya esté usado, no es como en las pacas, ni pasan las modas. La mayoría los utiliza hasta que se acaba, se valora que sean gruesos porque duran más, se remendaban con manta, se le daba vuelta, hasta que se terminaba. Ahora ya no es así.”

Aseguran que los fabricantes de hilos no les venden menos de 40 mil dólares.

Hay mucha producción actualmente, pero las niñas ya no están aprendiendo el arte, porque el mundo está cambiando y el dinero se ha vuelto demasiado importante, las horas tejiendo un güipil se las pagan mejor trabajando en una fábrica o en una casa. Las familias necesitan que los hijos trabajen, pero tampoco el Estado incentiva a los pueblos indígenas y las mujeres que producen. “Parte de lo que estamos solicitando es que el Estado incentive escuelas de tejidos.”

Con una simple búsqueda en ebay.com podemos encontrar güipiles a la venta entre cien y mil dólares.

El Estado se ha olvidado de la población. Se utiliza la imagen de la mujer maya con sus trajes para promover al país como un destino turístico, aunque internamente no se protege ni se valora a la mujer indígena más allá de su vistosidad folklórica.

Las tejedoras esperan que se prohíba la inscripción de patentes a nombre de particulares o empresas con fines de lucro, aunque aseguran que no se oponen a la comercialización porque la necesitan, pero desean un pago justo para las tejedoras, no para los intermediarios que se llevan la mejor parte. 

“Existe la idea que los indígenas somos inferiores, por lo tanto lo que producen nuestras manos no es valorado. Se valora cuando pasa a manos de terceros, cuando se lo ponen otras personas…”La discriminación, el racismo y la explotación con fines capitalistas, propicia un pago injusto a las artistas y tejedoras en el mercado. Alguien está ganando y las mujeres indígenas están subsidiando esas ganancias en este momento.

Antropólogos han afirmado que los trajes tienen un origen prehispánico y no colonial como se dice. “Nuestros tejidos se han venido modificando, han cambiado, se han transformado, nuevos colores, etcétera, pero guardan cierta información que, ahora investigado nos damos cuenta que no las hemos dejado de utilizar en nuestras obras. Estamos recuperando poco a poco todo el significado cosmogónico. Hay figuras que aparecen en las estelas y continúan en nuestros güipiles, es información guardada. Los huipiles son los libros que la colonia no pudo quemar.”

La pobreza es estructural y las mujeres tenemos como patrimonio nuestros trajes, que los elaboramos poco a poco y por eso las tenemos. Pero la necesidad obliga.”

La elaboración de los tejidos cumple con muchas funciones como refuerzo de identidad cultural. Recopilación de las figuras ancestrales ligadas a la tierra y la vida. Como terapia ocupacional a través del arte porque se desconectan de todo lo que les aqueja. Y generación de empleo si pudieran vivir de este arte.

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