“UNA PALABRA PUEDE CAMBIAR MIL VIDAS”

Editorial GRANDE PB15

La frase que titula este editorial nos recuerda el poder transformador de la palabra, y corresponde a la traducción exacta de la campaña de la Sociedad Interamericana de Prensa, en inglés, “one word can change a thousand lives”; aunque la versión lanzada en español es “una palabra puede hacer mil cambios en tu vida…”. Probablemente existen miles de posibles expresiones para el caso, pero la idea es la misma: hacernos conscientes del valor de la expresión.

Defender la Libertad de Expresión no es defender los intereses de algunos cuantos, significa defender el derecho de expresar libremente nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestra forma de aportar y compartir conocimientos, para el bien de la raza humana, del planeta y de todas las especies que lo habitan. De la misma forma que defender la Libertad de Prensa no es defender un privilegio de los periodistas, se trata de defender los derechos de todas las personas a ser informados en libertad. Es un derecho adquirido que ha costado muchas vidas y que vale la pena seguir defendiendo.

La tiranía, en cualquiera de sus grados y formas, siempre buscará la eliminación de las libertades. Es una constante en la historia de la humanidad la presencia de esa fuerza opresora que se levanta en contra de la libre expresión de ideas,  cuyos intereses riñen con una ciudadanía bien informada puesto que resulta más difícil de engañar; sus inconfesables objetivos suelen depender directamente de la ignorancia de la gente.

Ese principio, el del silencio ignorante o cómplice, se aplica en muchos aspectos de la vida humana, y es cuando nos atrevemos a romperlo, a despojarnos de la mordaza, que el cambio empieza. Cuando la víctima denuncia, cuando el agraviado señala, cuando el oprimido se atreve, cuando el inconforme se expresa, cuando el dormido despierta, cuando se debate lo prohibido, cuando se rompe el tabú; los engranajes de la transformación empiezan a moverse hacia la superación de nuestros miedos, de nuestras debilidades y de nuestras cárceles mentales. Pero sobre todo, nos hace mejores seres humanos.

La edición que tiene en sus manos lleva un aporte especial, buena parte de su contenido proviene del esfuerzo de ciudadanos y ciudadanas de este país que han dedicado considerable esfuerzo a la búsqueda de información de interés nacional, así como al acceso a medios de difusión para la misma. Para Revista Perro Bravo, la publicación de los llamados “documentos de la corrupción” es la confirmación de la idea de que las reporteras y los reporteros ciudadanos pueden llegar a lugares que la prensa tradicional no.

Nuestro eslogan “periodismo ciudadano en todas partes” promueve precisamente ese concepto, esa idea de que en cada ciudadano reside un potencial periodista cuya activación depende únicamente de su decisión.

Vemos con buenos ojos que cada vez más personas se atreven a participar del periodismo ciudadano, nos motiva y nos inspira porque estos valientes ciudadanos pueden trabajar desde el anonimato sin exponerse a represalias, pero esforzándose en transmitir información verídica, fidedigna y comprobable. La ciudadanía puede aportar con documentos, fotografías e información que pueda orientar la investigación periodística;  las posibilidades son infinitas y aun existen muchos caminos por explorar en la labor informativa.

Consideramos la creciente participación activa de la ciudadanía en el ejercicio periodístico como una muy buena noticia, puesto que implica una advertencia clara hacia quienes ocupan el poder: “cada vez somos más y te estamos vigilando”. Esa situación, en mayor o menor medida, le devuelve el poder a la ciudadanía, y esperamos genere el respeto y el temor suficiente a aquellos funcionarios chuecos para que actúen con vergüenza, conscientes de que en cualquier parte, incluso en las mismas vísceras de las instituciones públicas, puede encontrarse una reportera o un reportero infiltrado.

Para terminar, reciban estas palabras como un reconocimiento al esfuerzo de aquellas personas que se atreven a salir de su comodidad para incidir en su realidad, quienes deciden romper el silencio y asumir su papel como constructores de un mejor país, porque antes de ser periodistas ciudadanos se han asumido como legítimos defensores de la libertad de expresión, y de toda libertad.

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