YA SABEMOS QUIÉNES SON

 

Editorial GRANDE 17

Escalofríos, mareos, náuseas y otras desagradables sensaciones genera la oferta política actual en el país. Como si nada, ya se han posicionado en el colectivo imaginario cinco presidenciables que dejan mucho que desear y las encuestas de doble filo contribuyen a generar una intención de voto artificial, pero que puede terminar influyendo en las tendencias. El mayor peligro está en la proyección de un ganador anunciado.

Más allá del debate que gira en torno a la utilidad, precisión y legitimidad de las encuestas, lo cierto es que aunque exista margen de error, es poco probable que surja otro liderazgo con probabilidades reales de ganar que no esté ubicado ya entre los cinco punteros.

El aspecto más triste y desolador del próximo proceso electoral, es que presenta aspirantes a la Presidencia de conocida cola y cuyas gestiones públicas, en la mayoría de los casos, han sido ampliamente cuestionadas. Es decir que sabemos que su conducta es de todo menos intachable, que se han registrado serias anomalías en iniciativas bajo su dirección, que se les vincula a hechos de corrupción; y aun así, estas figuras políticas se ubican en la preferencia del electorado por lo que casi inevitablemente nuestro próximo presidente saldrá electo entre ese grupo. Una posición que sin duda les facilita cierta ventaja en el nefasto juego de la impunidad.

¡Y vuelve la burra a trigo!, como quien no recuerda lo ocurrido durante el gobierno de la UNE. A pesar de los señalamientos de clientelismo y politización en el Consejo de Cohesión Social, y los constantes escándalos de corrupción que se registraron bajo esa administración, lideran la carrera electoral tres personas que coincidieron en las filas de la UNE: Manuel Baldizón, Sandra Torres y Roberto Alejos.

De Baldizón se sabe de sus anómalas adquisiciones en Petén y que de su paso por la presidencia de la Comisión de Finanzas del Congreso creció considerablemente su caudal económico y político. De Sandra, más allá de lo cuestionable de su divorcio por conveniencia para evadir una prohibición constitucional, se le señala de haber coordinado la ejecución de fondos bajo la sombrilla del Consejo de Cohesión Social, sin ocupar un cargo que la facultara para ello y que la obligara a ser cuentadante de los movimientos que ordenara; además de haber utilizado ese enorme aparato como plataforma electoral para la UNE. De Roberto Alejos, quien ocupó la presidencia del Congreso en repetidas ocasiones durante el gobierno uneísta, su mayor señalamiento es su papel como facilitador de contratos estatales al tiempo que se le vincula con grandes proveedores del Estado. La bancada TODOS, liderada por Alejos, ha mostrado una inclinación a manejar sus votos en el Congreso negociados con el mejor postor.

Respecto a Alejandro Sinibaldi se conocen unos cuantos detalles también. Es conocida su relación con empresas dedicadas a la venta de bienes intangibles en el sector turístico que han generado serias demandas por parte de personas sorprendidas en su buena fe y quienes han visto su economía afectada por ardides de compañías propiedad de Sinibaldi. En el ámbito público, su paso por el Congreso se caracterizó por buscar la confrontación y el desgaste de sus adversarios. La millonaria inversión que realizó para su fallida campaña como aspirante a la alcaldía capitalina en las pasadas elecciones también generó fuertes sospechas sobre el origen del dinero, las cuales no fueron despejadas del todo.

En torno a la figura de Roberto González “Canela”, también rondan algunos nubarrones relacionados a su paso por el Ministerio de Energía y Minas y, principalmente, algunos dedos apuntan a la corrupción que se dio en la multimillonaria reconstrucción del país después de la tormenta Stan, la cual estuvo a cargo de González durante el gobierno de Berger, una de las administraciones que, por razones que no comprendemos, ha sido una de las menos criticadas.

Así las cosas, el horizonte de la política nacional no ofrece nada nuevo bajo el sol de la democracia y algunos ciudadanos se resignan a esperar que resulte electo el menos peor. No obstante el deprimente panorama electoral, el deber de la ciudadanía es exigir propuestas y candidatos honorables, con consistencia y preparación, de modo que si en esta ocasión no alcanzan el poder al menos queden políticamente fortalecidos para las siguientes elecciones generales.

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