EL DEBATE POR LA IMBECILIDAD

Con la certeza que da el paso de los años, puedo asegurarles sin el mínimo temor a equivocarme, que el nivel del debate político en Guatemala ha alcanzado su punto más bajo hasta ahora.

Pareciera que el liderazgo nacional ya no se renovó, y sólo quedaron las voces diarreicas, divorciadas del sentido común y del significado, que son incapaces de formular una propuesta. Quedaron los bobos que se dedican al vilipendio, a la sacada de madre, a generar desprestigio, a destruir todo lo que no son aptos para construir y, el colmo de la estupidez, es que con ello pretenden hacernos creer que están sirviendo al país.

Así, la tierra en donde en algún momento existieron políticos de altura y con capacidad de diálogo racional – como atinadamente recordó Parrinello en su columna habitual – que propiciaban debates con argumentación y claridad, hoy nos enseña un panorama en el que no es posible alcanzar un consenso político y social, porque todos están tirándose lodo y gritándose lo mucho que se odian, amenazándose con la condena social y judicial.

En Guatemala, hoy se habla de política como si fuera el equivalente a echarle porras a un equipo de fut, con el mismo nivel de argumentación con el que se suele insultar al árbitro o a un jugador rival. Desde esa óptica, ¡todos son unos hijos de la gran puta!… «¡huecos todos!» diría Pirulo.

No faltarán los ilustres que me diga que todo ha sido culpa de los políticos, y claro que la ambidiestra corrupción ha hecho mierda toda credibilidad de quienes hacen política, pero es muy torpe simplificarlo de esa manera desde las gradas del espectador, que lo hace en el pleno uso de sus derechos y libertades; esos mismos derechos y libertades que defendieron quienes hicieron política antes que ellos apenas se enteraran.

Además de la corrupción, que sería tonto de mi parte atribuirla a una ideología en especial, porque los que viven pegados a la teta del Estado, aunque mamen diferente, están en los dos lados de la extrema política; si algún reclamo me queda en contra de las anteriores generaciones de políticos, es que ayudaron a que se acentuaran en Guatemala dos ideologías importadas que son ajenas a la realidad guatemalteca. Por eso fracasan como opciones de proyectos políticos, y se empantanan en una relación viciosa en donde la explotación de la derecha fortalece a la izquierda, y la falsedad de la última hace lo mismo por la primera.

Lo novedoso ahora es que con las redes sociales, los malos dirigentes políticos tienen mayor facilidad para intoxicar el diálogo y, el resultado es que la conversación nacional se reduce a una saturación de señalamientos y comentarios ofensivos. Pero no ofensivos por su lenguaje, soy el primero en soltar una palabrota, sino que ofenden la inteligencia por el grado de imbecilidad al que se ha llegado en sustitución del debate.

Autor: Miguel Gane, Libro: Ahora que ya bailas.

Mejor me da risa cuando me dicen que en las redes social alguien menciona mi militancia y dirigencia en la DC, como si fuera algo que me debiera avergonzar. Todo lo contrario, me satisface que hoy el que quiera pueda expresarse, aunque su uso de la libertad sea patético, porque antes de la instalación de la democracia en Guatemala, no se podían decir las cosas con esa libertad… ¿o es que ya no se acuerdan?

Pero es muy triste pensar que por el abuso en las redes sociales, porque algunos inescrupulosos han vendido su libertad al mejor postor y ahora se dediquen, como parte de esta nueva forma de mara a la que le llaman «netcenters», a destruir personas y negocios a cambio de un salario, vaya a ser la tendencia en un futuro nada lejano, la regulación de los espacios de expresión en la internet. Eso, sí que sería un retroceso de mierda.

No nos dejemos arrebatar la razón por quienes hacen uso de los imbéciles para envenenar el diálogo y dividir. Ya es momento de dejar un lado esas falsas etiquetas de izquierda y de derecha, que sólo dividen y no dan respuesta a la problemática, y enfoquémonos en la única ideología que puede funcionar: la ideología del bien común, que no se puede desviar ni distorsionar.

Los que viven de la teta del Estado, aunque mamen diferente, están en ambos lados de la extrema política»

– Demetrio Moliviatis

Mientras no surja un proyecto así, ya no traten de jalarme para un lado o para el otro, pa que me entiendan: ¡me la pela la izquierda tanto como la derecha! y, de momento, sólo pido que el Presidente corrija su plana porque no podemos seguir así.

Yo no repito consignas de fuentes que siento ajenas, y que han pretendido adueñarse de la indignación, pero sí me sumo a quienes exigen el respeto a la libertad y al derecho de las personas, sin ninguna otra agenda que no sea el bienestar común.

Demetrio Moliviatis – demetriomoliviatis@gmail.com

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