LIBRES PENSADORES

COLUMNA

Por Alejandro Arroyave

Este espacio lo dedicamos en esta ocasión a esa juventud impetuosa, esa sangre joven que renueva el tejido social y que empieza a crecer lejos del terror del pasado; seres humanos jóvenes dispuestos a asumir su papel en la historia de nuestro país con audacia y valentía, convencidos de que es su deber deshacerse de cárceles mentales que por mucho tiempo nos han hundido en el letargo. Pensadores libres al fin.

Tengo que expresarlo, durante mi trayectoria como comunicador, he estado esperando este momento en el que la juventud tenga la posibilidad real y verdadera de tomar las riendas de este país. Durante demasiado tiempo la juventud había permanecido sumida en un proceso de constante enajenamiento; y es que el sistema político y social no está interesado en jóvenes críticos y generadores de cambios.

Por un lado, las organizaciones religiosas, aunque no todas, han sido muy efectivas en la instalación de un sistema de creencias que limitan el potencial creador y la capacidad crítica en los jóvenes. Claro que existen esfuerzos loables desde la perspectiva humanitaria, principalmente mediante el servicio voluntario, pero lamentablemente acompañados de dogmas que impiden ver más allá de las limitadas convenciones en torno a una espiritualidad plagada de miedos, culpas y condenas.

Una de las principales secuelas del conflicto armado fue el estancamiento del movimiento intelectual juvenil. Haber eliminado a dirigentes estudiantiles disidentes de los regímenes militares fue una estrategia muy eficiente que dejó sembrado el temor durante varias décadas de forma tal que hasta ahora empieza a elevarse la voz crítica entre los universitarios.

Además, el joven guatemalteco, como en muchos países del mundo, se encuentra saturado de ofertas para el consumo de todo tipo de productos que, en la mayoría de ocasiones, le alejan de la reflexión, del análisis y de la consciencia. Así, la juventud se aleja de su potencial de incidencia y termina relegada a constituirse en un mercado de consumo, sobre estimulado para hacer de sus anhelos, sus impulsos, y hasta su sexualidad, meras condiciones para la explotación comercial.

Ya no es tiempo de acomodarse a las costumbres, a los hábitos contraproducentes, ni a las ideas infértiles como el que ahora “le toca” ha determinado grupo político.

Es momento de un levantamiento ciudadano, no de armas sino de ideas, y es la juventud quien debe encender esa mecha. Es hora de salir del pantano intelectual para darle paso a un resurgimiento de las ideas creadoras que residen en la juventud.

La pólvora de la indignación, de la incomodidad, de la frustración, debe transformarse en una energía que proponga, que desafíe y rebata los paradigmas que infectan el debate nacional. Es necesario sacudir las corrientes de pensamiento de la sociedad y obligar a los líderes políticos, empresariales y religiosos, a debatir abiertamente con las consciencias juveniles.

Hace varias décadas el filósofo austríaco Rudolf Steiner (1861 -1925) declaraba en una entrevista que “la regeneración social se apoya en dos condiciones esenciales: la abolición del régimen de partidos políticos y la promoción de ideas elaboradas a partir de experiencias prácticas exentas de conformismos y de antiguas ideologías. Uno de los problemas candentes de nuestra época es el de encontrar las vías y los medios que permitan reemplazar las opiniones partidistas por una facultad de pensar independiente”.

En la actualidad los medios están disponibles para la juventud, insisto, las redes sociales son el nuevo mecanismo para la revolución ciudadana. Los jóvenes pueden transformar su realidad, no sólo a nivel país, pueden incidir en el curso de la humanidad si así se lo proponen.

Piensa libre hoy.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *