POR LA GRAN TRABAJADORA DEL SEXO

 Fernando Linares Beltranena

Ahora que tengo su atención por la palabrita mágica del título, me permito hacer referencia a una campaña de publicidad  sobre minorías de la sociedad, tradicionalmente repudiadas como las prostitutas, los homosexuales y los enfermos del sida.  La razón de esta campaña es «sensibilizarnos» para que no discriminemos a las  minorías, producto de la «conflictividad social» y víctimas de la «exclusión» como se expresa en el lenguaje de moda.
Estamos tan sensibilizados por estos mupis y vallas, que nos permitimos ampliar los términos del lenguaje vulgar y común, para no herir las susceptibilidades de la primera de estas minorías porque todos los guatemaltecos que hemos usado la palabra «p….» en todas sus expresiones, debemos acostumbrarnos a usar un lenguaje más suave y respetuoso, y no molestarnos porque se nos ha quitado el gusto ancestral de usar esta palabra en exclamaciones, exabruptos y hasta en cóleras, y de muchos modos.  Sólo es cuestión de costumbre y, cuando antes usábamos la palabrota «p…», intercalemos la expresión políticamente correcta, así:
En una muestra de sorpresa: A la gran…..trabajadora del sexo!
Para insultar a alguien en un semáforo: Mire, hijo de la gran…. trabajadora del sexo!

Para mostrar molestia: Por la gran…trabajadora del sexo!
En caso de referirnos a una colectividad: Son unos perfectos hijos de la gran….trabajadora del sexo!
Muchos ingratos y puristas del lenguaje coloquial clásico, dirán que se le quita al gusto al usar estas expresiones porque la frase de «trabajadora del sexo» es tan larga que no encaja en una expresión impulsiva, y hasta explosiva.  En parte, esta demora en decir en una frase lo que antes se decía en una palabra, cumple una meta social de lograr la paz porque, en lo que se tarda en articular  la frase, ha bajado el enojo.  Sin embargo, para los puristas obstinados en usar el sinónimo de hetaira,  les diríamos  que tienen algo de razón por lo cual sugerimos abreviar la frase a la siguiente:
Para mostrar admiración o sorpresa: Por la gran….sexoservidora!
Con este cambio hemos reducido la frase desde el uso de tres palabras a sólo una, y de diecisiete letras a solamente trece.  Esta adaptación es igualmente políticamente correcta pero austera en su empleo morfológico y, con un poquito de énfasis en las sílabas apropiadas, puede sonar expresiva, llena de enojo, propia de un energumeno pero siempre denotando que el autor es una persona de cultura cotidiana  y versada en el lenguaje ahora aceptado y hasta admirado.
A las personas sensibles en quien encuesté este ensayo, me respondieron que mi esfuerzo es admirable pero aún sienten un poco engorroso el esfuerzo de la pronunciación de esta expresión aún larga, en comparación con la palabrota tradicional o, incluso, clásica que comienza con «p».

Decidí, entonces, usar de la connotada abreviatura con las primeras letras de las palabras en cuestión. «Trabajadora del sexo», la frase más aceptada por nuestros socio-filólogos, puede reducirse a dos letras, así:
En una modificación del típico y vulgar insulto de Hijo de la gran…trabajadora del sexo»! , lo redujimos a «Hijo de la gran T.S.»!  Admito que la pronunciación, cuando se quiere decir con énfasis y enojo, resulta un poco torpe, cuando se le compara con la vieja y desusada palabrota tradicional pero, en comparación, ganamos aceptación política universal por lo que esperamos haber satisfecho al conjunto social reclamante.

 

Apenas había circulado el borrador de esta columna cuando una colectividad que se sintió aludida me increpó mi osadía y me texteó:  «tonto, cómo puede usar una frase insultante con NUESTRA DESIGNACION ABREVIADA, «T.S.» que,  originalmente, significa «trabajadora SOCIAL»!

Traté del cambiar el tema de esta columna pero el Director de la Revista me dijo que no había tiempo.

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