Por quién doblan las campanas

Mercedes del Pozo

Edición: FEB 2013
Autor: Mercedes del Pozo
Correo: tangara@gmail.com

“Ya no quiero escribir más sobre este tema, siempre es lo mismo” le decía yo al director de esta revista. Y él me respondió, “no Mer, no es lo mismo, son otras personas”. Y sí, lamentablemente, cada día, son otras más las personas que siguen muriendo bajo la misma marca de la violencia de género.

El día 4 de enero, llevábamos en Guatemala, de forma oficialmente reconocida, 4 mujeres muertas. La noticia aparecía en el diario a la par de la muerte de la joven india de 23 años violada por 6 hombres en un autobús. Agarro nuevamente la prensa, son dos niñas las aparecidas muertas, se liga el crimen con el narcotráfico. En mi último viaje a Guatemala, el taxista me contaba cómo uno de los miembros de la banda de los Pujujiles sacó el bebé de una de las mujeres asesinadas a golpe de motosierra. Hoy, ya llevamos más de 30 mujeres muertas en este sangriento primer mes de la nueva era.

Entre varias razones que explican esta sociedad enferma hay una muy clara: el machismo. El machismo se sustenta y se perpetúa sobre una cultura de violencia. Le guste a quien le guste, le duela a quien le duela, diría un muy querido amigo mío.

Y para que no nos perdamos aclaro en breves palabras qué es eso del machismo:

El machismo se basa en el ejercicio de una relación de poder sobre la mujer. Esto se materializa de varias formas: se considera a la mujer como una propiedad; como un ser al que hay que doblegar, por supuesto, inferior; un ser al servicio del macho y para satisfacer sus deseos. Es poco más que un objeto sexual, no un sujeto de derechos.

En un grito interior desesperado pienso: necesitamos hombres. Como sociedad, como personas, necesitamos hombres, no machos. Hombres que repudien la violencia, hombres que sean compañeros, amigos, hermanos, padres, hijos, esposos. Hombres que crezcan con nosotras. Hombres que eduquen a ser hombres.

Y necesitamos mujeres en puestos de poder que digan decididamente NO a la violencia de género en este país (recomiendo encarecidamente la lectura de “El país de las mujeres” de Gioconda Belli, toda una inspiración para la construcción de una sociedad sobre una cultura de vida) y se unan a la lucha de tantas mujeres que con su ejemplo evitan que nos olvidemos de la matanza de la que somos testigos todos los días.

Necesitamos, en definitiva, hombres y mujeres que no sean indiferentes a esta nuestra realidad terrible que se basa en un culto a la muerte. Y parafraseando al poeta John Donn dejemos de preguntarnos por quién doblan las campanas, porque con cada muerte de cada mujer, doblan por ti.

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